viernes, abril 24

La penosa ausencia del contrapoder

Carlos Vera, periodista ecuatoriano.

Foto tomada de www.miplumamivoz.com

Horacio Verbitsky, el polémico periodista argentino, ya dejó una frase clásica para la profesión: "Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa, de la neutralidad los suizos, del justo medio los filósofos y de la justicia los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?".
Carlos Vera, el principal entrevistador televisivo del Ecuador, y hasta la semana pasada director del programa de opinión Contacto Directo de la cadena Ecuavisa, echó harta sal en las heridas. La restregó, cuando la untaba en algunas podredumbres que hemos vivido los ecuatorianos en los últimos treinta años. Fastidió a muchísimos poderosos. Los hizo tener rabietas cada mañana. Les eliminó, con sus denuncias, con su periodismo mordaz (sí, a veces vanidoso, muchas veces pretensioso), esas sonrisas eternas para transmutarlas en cascadas de bilis mezcladas con el croissant de las siete de la mañana. Los hizo atragantarse ese desayuno.
Por eso la frase de Verbitsky se me aparece hoy como ráfaga. Y me hace acuerdo de que su salida (la partida de Carlos Vera de Ecuavisa por presiones político-empresariales) es una pérdida para el periodismo.
Pierde el periodismo. Pierde la sociedad que necesita un periodismo de contrapoder, ese que si se lo ejerce con ética y responsabilidad es un sano equilibrio mediador entre los que tienen la potestad de gastar o invertir el dinero de los ciudadanos, sus tributos o aquellos que administran las instituciones que nos deben servir con eficiencia desde el nacimiento hasta la muerte.
Pierde el periodismo. Se afecta la capacidad de ofrecer ese espacio para contar, de manera crítica, lo que los ministros, los burócratas de turno, aseguran que está perfecto, caminando maravillosamente en un sendero de eficiencia fenomenal, que cambia 179 años de vida republicana ineficiente de un solo plumazo. Porque cada gobierno es eso, un desfile de proclamas -cada vez más elaboradas a medida que se modernizan y goebbelizan más los instrumentos de propaganda- de que todo marcha de una manera revolucionaria. Como nunca antes.
Pierde, también, el poder de la palabra rebelde. Ryszard Kapuscinski -ese maestro polaco y universal que decía que el verdadero periodismo es intencional (es decir, se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio)- recordaba en El Sha esa necesidad vital de las palabras, de aquellas que "circulan libremente, palabras clandestinas, rebeldes, palabras que no van vestidas de uniforme de gala, desprovistas del sello oficial".
Sí, pierde el periodismo. Porque triunfa el silencio acrítico, esclavo de la sonrisa del poder.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante su punto de vista. Como periodista debe sentir que su libertad está amenazada. Y no es para menos, con un gobierno que cada palabra que dice es un insulto a los que entendemos algo de cifras, política, trabajo responsable, y sobre todo tenemos memoria, pero esas mismas palabras son las que aceptan el 60% de ciudadanos que el domingo próximo irán a las urnas a decidir - también - el futuro de los que nos sentimos insultados a nuestra inteligencia. Debe sentir impotencia en su diario ejercicio de la profesión. Y es comprensible, las palabras de los periodistas concientes no llegan a las masas. Si llega el grito, el insulto, la mofa, la ofensa, la demagogia. Estimado, creo que si Carlos Vera se fue, si el gobierno tiene todo el poder - entiendase en toda su magnitud -, si nuestro país a vivido inmerso en la pobreza y la ignorancia es porque lo hemos querido asi. Porque no hacemos nada y nos conformamos, y eso es más grave que un gobierno autoritario, el periodismo intimidado o la ausencia del contrapoder.

Gisella Ronquillo dijo...

Chévere el artículo... Esa reflexión del argentino con la que empiezas es genial. Al poder le encanta que alabemos sus "logros", pero por qué hacerlo si ese es su trabajo? Para eso se los elige: para que hagan las cosas bien. A nosotros nos toca hacerles notar lo que está errado para que rectifiquen!! Pero así es esto... Los periodistas somos unos incomprendidos

Anónimo dijo...

Comparto en muchas cosas la opinion del argentino, aunque difiero un poco. Esta profesión no solo debe ver lo invisible, ni sacar los cueros al sol, hay muchas cosas buenas o maravillosa que tambien son noticia, x que no se le da la misma importacia en caracter noticioso?, x que a la gente le gusta el morbo, es asi de simple.
Le gusta atragantarse con su crissant de la mañana oyendo a vera como arrincona a sus entrevistados..asi somos de cavernicolas.
Por eso Vera gusta tanto en nuestra sociedad.
Esoy de acuerdo, que a veces el periodismo es intencional, para ver alguna reaccion, noes mi profesion, pero los compadesco, tienen tanto poder en nosotros, y lo peor es que no hacemos nada, somosun rebaño, nos conformamos....pero por algo son el cuarto poder del Estado...utilicen bien ese poder.
AA

Ricardo Tello Carrión dijo...

¿Es Carlos Vera el contrapoder de Jaime Nebot?
¿Son los medios guayaquileños contrapoder del poder establecido en Guayaquil?