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miércoles, enero 14

Periodismo sin compasión

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Tomado de www.ikhwanweb.com

No hay posibilidad de piedad. No hay opción a sentir pena ni compasión. Es el enemigo. Ni los casi mil muertos -la mayoría abrumadora de ellos civiles, entre esos 300 niños-, ni la desigualdad en armamento. No. En el análisis no debe haber medias tintas. El periodismo israelí no puede mostrar debilidad ante la invasión al pueblo palestino.
Eso lo ha vivido con fiereza estos días la periodista israelí Yonit Levi. ¿Su pecado? ¿El pecado de la principal anchor del noticiero estelar de Israel? Mostrar compasión, decir ante las cámaras que es difícil convencer al mundo que la guerra es justificada cuando Israel tiene un muerto y la nación palestina 350 (en ese momento de su declaración).
No voy a entrar a decir quién tiene la razón. El problema judío-palestino es tan intrincado que asegurar que uno de los dos está en lo cierto es, a estas alturas, absurdo. Ya, cuando la guerra y el odio alcanzan esos niveles, no hay razones. Hay solo errores. Dolores mutuos. Destrozos conjuntos.
No es ese el análisis. Lo de fondo, en lo que tiene que ver con el periodismo, es lo perverso que pueden llegar a convertirse los mensajes en una sociedad que no disfruta de un periodismo mínimamente equilibrado.
Porque la "debilidad" de Levi al "debilitar la moral nacional" con entrevistas "empáticas" con árabes de Gaza, como se lo reprochan miles de israelíes, ha generado una oleada de críticas que provocaron que la presentadora llore en su noticiero.

Yonit Levi. Tomado de onejerusalem.com

No se le pudo tolerar estas entrevistas a palestinos en Gaza y que les pregunte sobre las víctimas civiles. Su trabajo normal de periodista -ese de entrevistar a parte y parte de un hecho con dos aristas enfrentadas- causó un movimiento en la red al lanzarse una campaña para recoger 10 mil firmas que exigían su renuncia al canal. Diez mil que se quedaron cortas. En cuestión de días la lista llegó a las 34 mil adhesiones.
Sí, en el periodismo israelí no hay cabida para la compasión estos días. Su visión es de una sola línea, como lo dice este interesante análisis de la AFP titulado En tiempos de guerra, luna de miel entre la prensa y la sociedad israelíes. Y el patriotismo de su audiencia llega a límites increíbles que se analizan en reportes especializados en que se detalla que la expresión facial de algunos presentadores de televisión, como por ejemplo Dana Weiss, exudan "claro dolor y pena" al hacer entrevistas.
Las cartas han llegado al Ombusdman del canal 2 (donde trabajan Levi y Weiss). Una, de un molesto televidente, dice lo siguiente: "Como padre de un soldado en combate de los Cuerpos Armados, ¿cómo puedo suponer que deba enviarlo a la batalla cuando escucho tales sentencias de la mencionada señorita (Levi) y concluyo, por su contenido, que esta guerra es injustificada? ¿Cómo puedo enviar a mi hijo a la batalla cuando la televisión de la nación de Israel anuncia con pompa que estudiantes llevan a cabo una protesta contra la guerra?
Yo hago más preguntas: ¿En tiempos de guerra se aplica otra ética al periodismo? ¿En tiempos de guerra, cómo puedo lidiar con mi nacionalidad, con mi pasado y mis raíces? ¿En tiempos de guerra hay que esconder información para alimentar ese malévolo deseo del poder de que lo que no se publica no existe? (Esta última pregunta me recuerda tanto a la crítica oficial a la prensa por publicar los delitos en Guayaquil porque "se eleva" la percepción de inseguridad).

Tomado de u2r2h-documents.blogspot.com

Tal vez el mejor ejemplo de una evolución en esa conciencia ética de periodismo en guerra fue el de Vietnam en los Estados Unidos. Vietnam le abrió los ojos a la sociedad americana, tal como lo recuerda ese ícono del periodismo norteamericano, el ex editor de The Washington Post, Ben Bradlee, en una reciente entrevista con diario El País. Fue la prensa la que desenmascaró y dijo que la guerra se estaba perdiendo, que no era cierto lo que se decía que era cierto a miles de kilómetros de distancia. Fue la prensa la que ya no le hizo el juego al poder y de una vez por todas entendió que hacer periodismo no era hacer patrioterismo. Fue, esa prensa también, la que luego se consolidó en el entendimiento del contrapoder con Watergate, la que le demostró a una nación -con sus errores incluidos- que una sociedad está mejor servida con una prensa independiente que fiscalice al poder, que con una complaciente que busque la asepsia que debe encontrarse en los hospitales.