
Hoy es el Día del Periodista ecuatoriano. Un recordatorio diferente, porque estamos bajo fuego del poder, como nunca antes. Y me despierto y encuentro mensajes de apoyo, de ánimo entre los colegas.
Uno, de Francisco Garcés, periodista de Expreso, dice lo siguiente: "Buen día bestias salvajes. A recordar a Espejo en el día del periodismo ecuatoriano. Vamos a demostrar que hacemos bien nuestro trabajo".
"Bestias salvajes" -asumiendo así una crítica hecha por Tony Blair a la prensa- es uno de los tantos apodos con los que ha calificado a los que ejercemos el periodismo el Presidente de Ecuador, Rafael Correa (mafiosos, corruptos, perversos, ignorantes, enanos, son algunos más). Y lo de
(Eugenio) Espejo, por el recuerdo del patriota, que durante la colonia española fue pensador pionero de las libertades y precursor de lo que hoy es el periodismo ecuatoriano.
Concuerdo con Garcés. Lo que necesitamos en este momento, nuestra única arma, es buen periodismo. Nuestro único escudo, ahora, en medio de esta andanada de amenazas, en esta temporada de advertencias legislativas, y siempre, será buen periodismo. Uno serio, ético, riguroso, comprometido. De vocación, con fuego, apasionado, sencillo. Pensado en la gente, no en el poder. Ese que salga más a las calles, que observe más, que cuente mejor, que interprete con calidad (porque para eso estamos, no para abrir y cerrar comillas como quieren reducir algunos al oficio); que contextualice. Que medie. Que entienda que el futuro es el presente.
Lo que necesitamos es "periodismo caviar", como dice Juan Antonio Giner, en su excelente
blog. Intentarlo, pese a todas las limitaciones que haya. Pelear por él. Cargando con autocrítica nuestros errores, como los hay en toda profesión, pero demostrando también esa calidad con nuestros aciertos, que son los más.
Lo que necesitamos es pelear "pulgada a pulgada", como dice el filósofo Al Pacino en su maravilloso monólogo de la película Any Given Sunday (
véanlo acá, no se arrepentirán). En este caso nuestra pelea, en la cancha, es "párrafo a párrafo". Es una pelea con nosotros mismos, con nuestras historias, con nuestros fantasmas, con el legado que vamos a dejarle a nuestros hijos.
Y sí, Gisella (Ronquillo, mi querida colega de Vistazo), como dijiste esta mañana: Yo tampoco soy corrupto. Yo no soy mafioso. Yo no soy mala fe. Soy periodista. A secas. Con orgullo.