Mostrando entradas con la etiqueta Ryszard Kapuscinski. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ryszard Kapuscinski. Mostrar todas las entradas

sábado, abril 10

Medios para transformar

4 comentarios. Añade el tuyo


Transformar es la palabra clave. Promover cambios de vida, demostrar que se pueden edificar historias de esperanza cuando transmitimos algo en un medio de comunicación.
Ese concepto se profundiza en Guayaquil, uno de los tres lugares escogidos en el mundo como parte de un proyecto piloto mundial de la comunidad Bahá’í.
La fe Bahá’í, una religión nacida en la antigua Persia hace más de 160 años y que propugna como filosofía la tolerancia a las diversas creencias y la unidad espiritual de la humanidad, seleccionó a Guayaquil, además de Canoas, en Brasil, y Toronto, en Canadá, como parte de un concepto: Medios para la transformación.
¿Cómo transformar desde los medios? ¿solo los grandes medios masivos pueden hacerlo? Katty Simisterra (kattyscoggin@gmail.com), periodista guayaquileña que está al frente del proyecto, cree en el potencial positivo de los medios, en su poder para hacer reaccionar. El trabajo, por ahora dedicado a jóvenes de 12 a 14 años en una zona de Chongón y listo para realizarse con otros adolescentes del colegio Steiner, no es en grandes programas de televisión con amplio rating. Tres personas a tiempo completo y cinco voluntarios producen dramatizados televisivos que se comparten con los jóvenes para reflexionar.
Entrar a una comunidad a través de sus jóvenes, orientarlos en temas tan comunes como las presiones sociales por la moda, la ayuda a la familia, la responsabilidad o la honestidad, son parte del contenido.
El tema de este proyecto Bahá’í, impulsado por la Oficina de Desarrollo Socioeconómico de esta religión, con sede en Haifa, Israel, debe hacernos pensar a los periodistas y a todos aquellos que tenemos la maravillosa suerte de poder comunicar en diversas vías. Me saltan preguntas y autocríticas: ¿Qué más podemos dar fuera de los temas que todos los días nos atormentan en las salas de redacciones? ¿Cómo nos exprimimos creativamente para impulsar mucho más esa esencia transformadora que tienen los medios? ¿Cómo nos exigimos aún más para ir más allá de toda la podredumbre que también debemos mostrar? Porque frente a esa teoría de que los periodistas “solo damos noticias malas”, solo puedo contestar que el periodismo aséptico no ayuda a una sociedad que también tiene que ver sus dolores porque no publicándolos no desaparecen.
Ante esas dudas acudo al maestro, al polaco universal Ryszard Kapuscinski , ese periodista que entendió y dejó toda una escuela que enseña a vivir el periodismo como un oficio con demasiadas responsabilidades que siempre debe vestirse de la piel del otro. Que se debe intentar vivirlo con una extremada sensibilidad por ese otro.
Dos frases de él para martillar: “Cuando uno opta por describir la realidad, su escritura influye sobre esa realidad”. “El verdadero periodismo es intencional, a saber: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio. No hay otro periodismo posible”.

viernes, abril 24

La penosa ausencia del contrapoder

4 comentarios. Añade el tuyo

Carlos Vera, periodista ecuatoriano.

Foto tomada de www.miplumamivoz.com

Horacio Verbitsky, el polémico periodista argentino, ya dejó una frase clásica para la profesión: "Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa, de la neutralidad los suizos, del justo medio los filósofos y de la justicia los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?".
Carlos Vera, el principal entrevistador televisivo del Ecuador, y hasta la semana pasada director del programa de opinión Contacto Directo de la cadena Ecuavisa, echó harta sal en las heridas. La restregó, cuando la untaba en algunas podredumbres que hemos vivido los ecuatorianos en los últimos treinta años. Fastidió a muchísimos poderosos. Los hizo tener rabietas cada mañana. Les eliminó, con sus denuncias, con su periodismo mordaz (sí, a veces vanidoso, muchas veces pretensioso), esas sonrisas eternas para transmutarlas en cascadas de bilis mezcladas con el croissant de las siete de la mañana. Los hizo atragantarse ese desayuno.
Por eso la frase de Verbitsky se me aparece hoy como ráfaga. Y me hace acuerdo de que su salida (la partida de Carlos Vera de Ecuavisa por presiones político-empresariales) es una pérdida para el periodismo.
Pierde el periodismo. Pierde la sociedad que necesita un periodismo de contrapoder, ese que si se lo ejerce con ética y responsabilidad es un sano equilibrio mediador entre los que tienen la potestad de gastar o invertir el dinero de los ciudadanos, sus tributos o aquellos que administran las instituciones que nos deben servir con eficiencia desde el nacimiento hasta la muerte.
Pierde el periodismo. Se afecta la capacidad de ofrecer ese espacio para contar, de manera crítica, lo que los ministros, los burócratas de turno, aseguran que está perfecto, caminando maravillosamente en un sendero de eficiencia fenomenal, que cambia 179 años de vida republicana ineficiente de un solo plumazo. Porque cada gobierno es eso, un desfile de proclamas -cada vez más elaboradas a medida que se modernizan y goebbelizan más los instrumentos de propaganda- de que todo marcha de una manera revolucionaria. Como nunca antes.
Pierde, también, el poder de la palabra rebelde. Ryszard Kapuscinski -ese maestro polaco y universal que decía que el verdadero periodismo es intencional (es decir, se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio)- recordaba en El Sha esa necesidad vital de las palabras, de aquellas que "circulan libremente, palabras clandestinas, rebeldes, palabras que no van vestidas de uniforme de gala, desprovistas del sello oficial".
Sí, pierde el periodismo. Porque triunfa el silencio acrítico, esclavo de la sonrisa del poder.