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viernes, abril 15

Una pausa en medio del vértigo

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Tomado de http://www.panoramio.com

Vivimos una era de rapidez. En la comunicación de masas, en la interpersonal o en el sencillo movimiento de las personas. Las cosas, muchas veces, nos circundan de una manera acelerada.
Hay menos tiempo. Siempre hay más tráfico y parece que alguien, en algún momento desconocido, hubiera mutilado los días para hacerlos más cortos.

Es esa era de rapidez la que nos permite saber masivamente, en cuestión de pocos minutos, gracias al internet y sus redes sociales, que un evento grande puede estar pasando. Que un tsunami se acerca, que Elizabeth Taylor se murió o que un delantero acaba de estrellar la pelota en el poste acallando el grito de gol de aquellos que sí siguen el juego en vivo o por la televisión.

En esa velocidad extrema de la comunicación hay un riesgo y una incomprensión. El riesgo es el de la desinformación. De que el rumor se eleve a categoría de verdad antes de ser contrastado, simplemente porque “todos lo dicen” en la web.

Durante la alerta de tsunami que vivió el Ecuador tras el terremoto de Japón, algunos usuarios retuiteaban mensajes que podían provocar pánico sobre información de la que no tenían certeza ni fuente alguna.

Otro ejemplo es cuando Cristian Noboa, el jugador ecuatoriano del Rubin Kazan ruso, dormía pero algunos lo “accidentaban” en su vehículo. Así, Twitter, Facebook, o las odiosas cadenas de mails y ahora de BlackBerry Messenger que recibimos diariamente, nos inundan de mensajes apocalípticos o de aquellos “dicen que” pasó o pasará algo terrible.

Es ese un riesgo lógico en nuestra comunicación del día a día. Algo que jamás desmerecerá las valiosas herramientas que son Twitter y compañía. Es un problema que viene acompañado de una incomprensión.

Esa que se hace evidente cuando en las salas de redacciones de los medios recibimos, en esta época de las redes sociales, las alertas de usuarios que nos exigen, con mayúsculas y a veces hasta con insultos, que publiquemos instantáneamente algo que está circulando por la red.

“¡¿Por qué no publican nada?!” es su exclamación, que viene acompañada de copias a varios medios de comunicación. Es una incomprensión lógica al trabajo periodístico de siempre, que no ha cambiado en sus esencias, pese a la era digital en que vivimos.

Hay que hacer una pausa en medio del vértigo. En medio de esa adrenalina de la información. El ciudadano internauta puede soltar un rumor, pero en los medios es necesario el contraste. El ciudadano internauta puede decir instantáneamente que al jugador de Liga de Quito, Luis Bolaños, le acaban de disparar en el pecho –lo que se dijo en las redes y que fue un error– porque tiene las ganas de informar a su manera. Es su derecho.

Pero a los ciudadanos periodistas nos toca hacer la pausa. Una breve o la adecuada para certificar y reflexionar. Una rápida si tenemos la certeza. Con más rigor en esta época digital que también es una época de juicios desde el poder. Sin miedo, pero con prudencia.

sábado, septiembre 11

Menos insultos, más argumentos

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Haga click en la parte inferior derecha para ampliar y ver, luego de darle Play, algunos ejemplos de comentarios en medios ecuatorianos.

Vivimos la época del intercambio en tiempo real en su máxima expresión. Escribes y te contestan al segundo. Comentas lo que otro ha comentado y una ráfaga de respuestas puede llegarte. Vienen, raudas, desde un celular, desde la computadora.
Los portales de los medios de comunicación, los tradicionales o aquellos nuevos medios exclusivamente on-line, son parte natural de esta corriente. Los comentarios son vitales. Las audiencias necesitan –siempre lo han necesitado– comentar su mundo, criticar, argumentar, debatir; y la explosión que se vive con las redes sociales combinada con el periodismo en la era digital ha generado apertura para que ese aporte sea mayor.
Pero lo que me intriga es cómo los medios ecuatorianos, y los mundiales en general, pueden canalizar mejor esa capacidad de debate en los comentarios que se dan en las notas o en las cuentas de Facebook o Twitter que manejan. Me pregunto también cómo los ciudadanos podemos aportar para que esos comentarios, tan bienvenidos, no caigan en el insulto fácil, en un regionalismo destructor, en xenofobias, homofobias y en una agresión sin argumentos como lastimosamente ocurre.
Realmente es la época del comentario, pero también la época del ataque sin piedad. Todos los días somos testigos, en diversos portales, blogs y cuentas de redes sociales, que los comentarios a los enlaces de información noticiosa –algunos de ellos escondidos en el anonimato o los seudónimos– son rebatidos entre algunos lectores con el simplón recurso del adjetivo hiriente, y que las palabras llegan a niveles de agresión al otro, no a rebatir una idea.
La preocupación es global. Miguel Ángel Jimeno, profesor de periodismo de la Universidad de Navarra, en España, ha creado un grupo en Facebook, denominado Por el control de la barra libre en los comentarios de publicaciones online. “Hay que dar un paso más en el periodismo digital para que la libertad de expresión no esté por encima del respeto, la responsabilidad y la ética profesional”, asegura en el sitio.
Esta postura de Jimeno es clara. Apunta a una responsabilidad de los medios en lo que publican en sus espacios, en este caso con material de sus lectores. Hay otros que opinan que la red debe ser un espacio de total libertad y que ese debe ser el precio de las nuevas tendencias.
También hay una postura adicional, que tienen algunos portales noticiosos, de que los propios lectores moderen los comentarios, al otorgar votos positivos o negativos o denunciar si consideran que algún comentario está fuera de tono.
La Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) también hace cuestionamientos. En su blog
Nodo Digital pregunta cómo los medios pueden aprovechar los comentarios de sus lectores, y apunta a que los periodistas deben entender que hoy una de sus funciones es la de administradores de flujos de conversaciones.
Hay un reto para los medios. Y un reto para los ciudadanos lectores de esos medios digitales. Es el desafío para ese personal que trabaja en los portales noticiosos de lograr mediar con sus comunidades para construir juntos una mejor ciudadanía crítica.
Y es el desafío para esos lectores, totalmente ajenos a la pasividad de antaño. Su reto es el de los argumentos, no de los insultos. Es lo que necesitamos desesperadamente como sociedad cuando debatamos en ese maravilloso mundo online.

domingo, agosto 1

La ética de compartir

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Somos responsables de conectar gente. Hablo de la conexión en internet. En cualquier lugar del mundo, en este momento, hay alguien que ha leído algo que otro le ha pasado y que a su vez ese otro puede haberlo conocido en un espacio pequeño de algún website. Lo hizo porque halló un link, ese vínculo que encontramos en internet, generalmente en la forma de una manito sobre la que nos posamos y le damos clic.
Esa capacidad de regar información que luego puede ser conocimiento tras un proceso de múltiples cerebros involucrados en ello, la podemos tener cada uno de nosotros en internet. Es lo que se ha denominado la ética del link.
Así la teoriza Jay Rosen, prestigioso profesor del área de periodismo de la Universidad de Nueva York y autor del blog PressThink, un espacio que busca profundizar sobre la prensa y entenderla como un “fantasma de la democracia” en la maquinaria mediática. Un fantasma positivo, por supuesto. Necesario como institución sólida e independiente en las sociedades democráticas.
“Cuando conectamos (ponemos links) estamos expresando la ética del internet, que es el conectar a la gente con el conocimiento. Y la razón por la que usamos links no tiene nada que ver con el copyright, tiene que ver en cómo hacemos que la web sea una web de conexiones y así es como conectamos el conocimiento con las personas”, asegura Rosen.
Las reflexiones del académico apuntan a entender todo un proceso del internet, aún en marcha, en el que el compartir, sin egoísmos, es clave. En el que entregar algo en esa virtualidad, cada vez más orientada a una conexión horizontal y en microsociedades debido a las redes sociales, pueda hacer clic en alguna remota parte.
Lo que Rosen afirma nos puede tocar a todos los internautas. Desde el pequeño blogger que cuenta sus historias sentimentales o deportivas en la red, o el usuario de Facebook o Twitter que comparte una lectura enriquecedora con sus amigos a la par que cuenta su día a día, o el gran medio de comunicación que tiene claro que su sitio no puede tener toda la información, sino que debe –como parte de su ética y compromiso con sus usuarios– compartir otras lecturas, de otros sitios, que puedan dar más contextos a su información.
Es entendernos como pequeños engranajes de una cadena gigantesca que en cualquier momento pueden ser útiles para transmitir pequeñas dosis de cambios, positivos ojalá. Para hacer de esa cadena una estructura poderosa, con todos sus eslabones unidos.
Y en esa dosis de cambio y de esa ética del compartir, Guayaquil vivió exitosamente su segundo BarCamp, con una serie de “desconferencias” con mucha informalidad pero con gran intensidad de deseo de difundir conocimientos.
Ojalá muchos de esos miles de eslabones (presenciales y virtuales) que se juntaron allí, en el campus de la Espol y fuera de él, se agrupen y estructuren ideas para la ciudad, el país y el mundo.

jueves, julio 15

En Facebook no dejamos de ser periodistas

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Tomado de farm3.static.flickr.com
A Octavia Nasr no le sirvieron de escudos sus 20 años como corresponsal de CNN. La cadena de noticias la despidió porque usó su cuenta de Twitter para expresar su pesar por la muerte de un clérigo libanés considerado "terrorista" por los Estados Unidos.
El Gran Ayatolá Sayyed Mohammed Hussein Fadlallah, según esta nota de la BBC, el clérigo chiíta más influyente en el Líbano y quien inspiró al grupo militante Hezbolá, falleció a inicios de este mes en Beirut.
Nasr había escrito, apenas enterarse del fallecimiento: "Me entristece oír que murió Sayyed Mohammad Hussein Fadlallah... uno de los grandes de Hezbolá que yo respetaba mucho".
El despido de Nasr (acá su argumento y disculpa por el tweet) que, según la CNN se da porque su comentario comprometía la credibilidad de la corresponsal en el Medio Oriente, no es el único. Es uno de los últimos de una serie de eventos que se han dado en tiempos recientes, en que el uso de las redes sociales está profundizándose cada vez más en las redacciones. Y como todo lo nuevo, aún hay miedos, dudas y líneas muy delgadas sobre si se puede separar lo institucional de lo personal en los comentarios de los periodistas en estos sitios.
¿Son realmente dos voces las que se pueden separar? ¿Podemos hablar de que hay un ser que a veces escribe como periodista y en otras veces lo hace como no periodista? Plantearía estas interrogantes como primer paso para la reflexión. Y la respuesta obvia es que no. El periodista es el ciudadano. El ciudadano es el periodista. Lo que dice en las redes es su única voz y debe entenderse como otra más de sus responsabilidades frente a su público, por pequeño que sea y que, lo querramos o no, interpretará nuestros comentarios como parte de nuestra realidad periodística.
¿Somos entonces esclavos de nuestro oficio? Yo diría que la ética inherente al periodismo es la de la disposición permanente para el oficio. Somos periodistas las 24 horas del día, lo que no significa que no tengamos vida propia ni que podamos usar las redes sociales para comentar sobre trivialidades de nuestras realidades personales, si así lo queremos. Lo que está claro es que las redes, si las usamos como parte de nuestra perspectiva profesional, tienen las mismas reglas que el papel, que la televisión o la radio. Allí están vigentes la ética, el citar la fuente, el argumentar, el aceptar la crítica con altura, el diferenciar la opinión de la información. Está vigente, sobre todo, buscar ese triángulo fundamental del periodismo: la búsqueda de la verdad con responsabilidad e independencia.
Hay un debate intenso en estos momentos en algunos grandes medios sobre qué hacer. Unos han tomado una medida radical: el control de lo que dicen sus periodistas en las redes. Otros piensan que eso es una censura, esa que los medios siempre han criticado de parte del poder.
Estoy convencido en las posibilidades infinitas de la libertad de la red. Suscribo esa libertad. Pero por supuesto que esa posibilidad de ser libre viene aparejada, como siempre lo ha sido en el oficio, con una gran responsabilidad. El debate sigue abierto.

Algunas políticas de medios sobre redes sociales y más:

Las reglas de The Washington Post para sus periodistas.
Lineamientos de Associated Press.
La política para los periodistas de The New York Times.
Lineamientos de Folha de Sao Paulo.
Las reglas de Reuters.
Las reglas de WSJ "son muy restrictivas". Una visión desde el Nieman Journalism Lab.
Jeff Jarvis, contra los controles en redes sociales.
Participa en foro de la FNPI: ¿Deben los medios controlar lo que sus periodistas hacen en las redes sociales?
Despiden a periodistas por postear videos satíricos en YouTube.

sábado, abril 10

Medios para transformar

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Transformar es la palabra clave. Promover cambios de vida, demostrar que se pueden edificar historias de esperanza cuando transmitimos algo en un medio de comunicación.
Ese concepto se profundiza en Guayaquil, uno de los tres lugares escogidos en el mundo como parte de un proyecto piloto mundial de la comunidad Bahá’í.
La fe Bahá’í, una religión nacida en la antigua Persia hace más de 160 años y que propugna como filosofía la tolerancia a las diversas creencias y la unidad espiritual de la humanidad, seleccionó a Guayaquil, además de Canoas, en Brasil, y Toronto, en Canadá, como parte de un concepto: Medios para la transformación.
¿Cómo transformar desde los medios? ¿solo los grandes medios masivos pueden hacerlo? Katty Simisterra (kattyscoggin@gmail.com), periodista guayaquileña que está al frente del proyecto, cree en el potencial positivo de los medios, en su poder para hacer reaccionar. El trabajo, por ahora dedicado a jóvenes de 12 a 14 años en una zona de Chongón y listo para realizarse con otros adolescentes del colegio Steiner, no es en grandes programas de televisión con amplio rating. Tres personas a tiempo completo y cinco voluntarios producen dramatizados televisivos que se comparten con los jóvenes para reflexionar.
Entrar a una comunidad a través de sus jóvenes, orientarlos en temas tan comunes como las presiones sociales por la moda, la ayuda a la familia, la responsabilidad o la honestidad, son parte del contenido.
El tema de este proyecto Bahá’í, impulsado por la Oficina de Desarrollo Socioeconómico de esta religión, con sede en Haifa, Israel, debe hacernos pensar a los periodistas y a todos aquellos que tenemos la maravillosa suerte de poder comunicar en diversas vías. Me saltan preguntas y autocríticas: ¿Qué más podemos dar fuera de los temas que todos los días nos atormentan en las salas de redacciones? ¿Cómo nos exprimimos creativamente para impulsar mucho más esa esencia transformadora que tienen los medios? ¿Cómo nos exigimos aún más para ir más allá de toda la podredumbre que también debemos mostrar? Porque frente a esa teoría de que los periodistas “solo damos noticias malas”, solo puedo contestar que el periodismo aséptico no ayuda a una sociedad que también tiene que ver sus dolores porque no publicándolos no desaparecen.
Ante esas dudas acudo al maestro, al polaco universal Ryszard Kapuscinski , ese periodista que entendió y dejó toda una escuela que enseña a vivir el periodismo como un oficio con demasiadas responsabilidades que siempre debe vestirse de la piel del otro. Que se debe intentar vivirlo con una extremada sensibilidad por ese otro.
Dos frases de él para martillar: “Cuando uno opta por describir la realidad, su escritura influye sobre esa realidad”. “El verdadero periodismo es intencional, a saber: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio. No hay otro periodismo posible”.

lunes, diciembre 21

Sociedad Black and White

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Tomado de http://gallery.photo.net

Préstenle mucha atención a cada una de las palabras de la siguiente cita: "Hay radios que reclaman, pues han sido militantes permanentes de la revolución y observan que otras en las que se critica al Gobierno reciben cuñas y no ellas, que han colaborado".
La frase es de Emilio Espinoza, director provincial del PRE, partido del ex presidente ecuatoriano, Abdalá Bucaram (hoy asilado político en Panamá), quien es parte del equipo que prepara los enlaces radiales de cada sábado para el presidente Rafael Correa.
La mecánica, descrita en un reportaje de El Universo, es conocida: un equipo de avanzada va a las diversas provincias del país días antes del enlace, coordina los asuntos logísticos y selecciona a las radios que se enlazan (como no es cadena nacional, el asunto se da por persuasión).
De ahí que la frase reseñada es de vital importancia para reflexionar sobre el trasfondo gravísimo para el periodismo, para su ética, y sobre la forma en cómo se vislumbra, desde el poder, a este tipo de enlaces. Es la filosofía del favor. Yo te doy cuñas, tú me acompañas todos los sábados a difundir mi mensaje.
¿Qué periodismo es el que se piensa desde esta realidad? ¿Qué es, a nivel mediático, ser "militante permanente de la revolución"? ¿Por qué hay la lógica de esperar cuñas a cambio de haber "colaborado" con el régimen? Cuando releo la reveladora cita de Espinoza (reveladora más porque lo dice sin rubor que por algo que no se sabía), queda claramente definida la lógica maniquea del poder frente a los medios: o estás conmigo (es decir, eres suave, no haces preguntas críticas, cero reportajes de investigación, escasa interpretación "ofensiva"...) o estás contra mí.
Una vez más me preocupa la lógica bipolar que se está acentuando en el Ecuador. Lógica que se repite en los medios, en sus periodistas (que nos equivocamos, por supuesto). Lógica que se reafirma en las calles y hasta en las reuniones sociales, donde el tema que puede llegar a irritar a más de uno es la política. Cuando eso gobierna nuestras vidas, cuando una sociedad se divide en un blanco y negro peligroso que no admite matices, esa sociedad está enferma.

jueves, diciembre 17

No es un Tigre, es otro mortal

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El caso de Tiger Woods y todo su linchamiento mediático me ha recordado a la película The Truman Show. A Truman el mundo literalmente lo vio nacer a través de la TV y siguió paso a paso, desde una perspectiva voyeur, todos sus movimientos. Era una vida creada, montada para la fascinación de millones de telespectadores. Toda una metáfora del Gran Hermano, pero esta vez con el concepto de un Big Brother mediático.
A Tiger Woods, cuyo nombre real es Eldrick Tont Woods, el mundo lo vio "nacer" a los tres años, cuando su padre, un veterano de Vietnam que lo apodó así en honor a un amigo combatiente vietnamita, lo llevó a su primera "entrevista" a la CBS, donde demostró sus maravillosas habilidades en el golf. Lo moldeó, lo encaminó desde su niñez. A los 8 años ya era un asiduo de programas de televisión como niño prodigio y luego su destino, marcado por el teniente coronel, lo llevó a ser lo que es: un genio del golf, elegido en la vorágine de su reciente escándalo por infidelidad como el atleta de la década, según la agencia Associated Press.
Era "el niño universal", según lo analiza Ezequiel Fernández en su blog canchallena.com. Es su mezcla lo que advertía a ese futuro hombre universal, profetizaba su padre. Woods, un hombre con raíces genéticas tan diversas: asiático, afroamericano, indio americano, danés, debía de ser el "puente" entre Oriente y Occidente.
La historia es conocida: éxito deportivo, dinero, fama, flashes instantáneos, reportajes, publicidad, fundaciones, ayuda social, hombre maravilloso, hombre perfecto. Creación singular. Toda la cadena que se eslabona cuando la industria marketera crea a un personaje y lo aleja de su visión humana.
Lo que las grandes marcas no pueden cambiar, y que está fuera de los 35 segundos de sus avisos, es que Tiger Woods es un hombre como cualquiera. Tan frágil como cualquiera. Tan propenso a caer como cualquiera. Y tan lleno de vida privada como cualquiera.
¿Es correcto que la prensa, a partir de un accidente automovilístico, vaya tras él para hurgar su intimidad? ¿Cuáles son las fronteras cuando se trata de un personaje público? ¿Qué debe plantearse la prensa seria, ajena a los tabloides sensacionalistas que pagan por conseguir "primicias" de este tipo?
James Poniewozik, crítico de TV de la revista Time, trata de buscar algunas respuestas en su blog Tuned in. Él, en su texto titulado Buscando razones para preocuparse por Tiger Woods, hace un interesante análisis sobre cómo la prensa tradicional está atrapada entre las preferencias de sus usuarios, una mezcla de los que gustan de la visión ligera que generan websites que hacen un periodismo sin mucho rigor, y los otros, los que piden seriedad en la entrega de las noticias.
"Tratando de complacer a todos, no complacen a ninguno", dice sobre sus audiencias, sobre la dificultad de informar de algo que el público objetivamente busca (si se analizan las tendencias del buscador Google y los rankings de más leídos en la web).
Hernando Álvarez reflexiona también sobre el tema en el blog de los editores de BBCmundo.com: "¿Qué importa si Tiger Woods le puso los cuernos a su mujer? Hasta donde sé, Woods nunca ha hecho campaña ni ha recibido dinero público por fomentar la santidad matrimonial. Él es un jugador excepcional de golf. Punto. Sus patrocinios y su dinero se los ha ganado en los campos de golf, y es como deportista que debe ser juzgado". Así, BBCmundo decidió seguir el tema, pero solo desde la perspectiva de cómo afectará el escándalo a la "marca" Tiger Woods.
Para mí el problema de este tipo de persecuciones está en el origen perverso y amarillista de la saga. Ese primer germen, esa primera paga a un testigo para que "cuente todo", ese primer rumor convertido en noticia, degenera en una cadena incontrolable de situaciones. Porque una vez que Tiger Woods da una declaración pública aceptando el asunto, el tema es de todos. Esa génesis manchada degenera en el trabajo posterior. Lo que la prensa seria debe a rajatabla cuidar es que el cotilleo, el rumor, el desprestigio fácil, no llenen sus espacios. Tiger no es un Tigre. Es solo un ser humano más, tan atisbado, tan perseguido como el Jim Carrey de The Truman Show. Y ese show, una vez que las luces se apagan, puede ser tétrico.

miércoles, octubre 28

¿Vender más por un titular? Déjeselo a Citizen Kane

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Hay una muletilla del poder. Una muletilla que la repiten muchos ciudadanos que la escuchan de ese poder: los diarios ponen tal o cual titular, tal o cual foto para vender más periódicos.
Hablo de los diarios serios, por supuesto, de los independientes, que sí los hay en Ecuador y en Sudamérica, donde la tensión prensa-gobiernos es creciente.
Y hablo de las críticas que esos diarios reciben cuando un titular es molestoso, cuando va más allá de una simple transcripción de cita que implica una interpretación necesaria. O hablo de alguna foto que remueve conciencias. Que incita a la indignación. Ahí es cuando reaparece con fuerza ese lugar común: "Hacen de todo por vender más periódicos".
Este tema me salta por las críticas que escucho a menudo sobre textos de crónica roja. Algunas con fundamento, porque sí nos equivocamos, por supuesto. Los periodistas, al igual que doctores o ingenieros, no somos infalibles.
Hace poco se cayó una pared de una escuela pública en Guayaquil, Ecuador, y mató a Geovanna Arellano, una niña de 8 años que comía en su hora de recreo. Era, entonces, necesario mostrar la dolorosa foto de los restos de la pared destruida junto a un charco de sangre en el patio del plantel.
Era necesario para recordar que ese plantel no tuvo una inspección necesaria. Para darnos cuenta, luego del seguimiento periodístico de rigor, que 180 planteles en Guayaquil tienen paredes, espacios, infraestructura, ¡hechas por padres de familia! sin ningún control oficial. Sin ninguna supervisión técnica.
Era necesario para indignarnos. Para mediar entre un colectivo (padres de familia) y otro (autoridades) con un objetivo único: alertarlos. A los unos para exigir eficiencia, a los otros para darla.
Vuelvo al maestro de la ética periodística, el colombiano Javier Darío Restrepo. Los periodistas deberíamos visitar siempre su consultorio ético en el website de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). Y preguntar, participar, debatir...
Restrepo responde a la pregunta sobre los límites cuando la noticia es el dolor de un ciudadano corriente: "El problema no es si se publica o no, sino cómo se publica. Se trata de hechos públicos, que afectan a la comunidad y que, por tanto, deben ser conocidos".
¿Realmente se puede sostener que en los actuales tiempos el factor de decisión primordial para la compra de un diario serio sea un titular o una foto? ¿El New York Times, por ejemplo, venderá más diarios hoy por un título de portada? ¿Se puede pensar que una persona corre a sacar una moneda de su bolsillo por una foto en un diario serio que ve de pasada? Eso es teoría del siglo XIX. Eso es teoría de parte del siglo XX.
Recuerden esa imagen, ya en blanco y negro, del voceador gritando "¡Extra, extra, noticia de última hora!" y leyendo un titular apocalíptico: "¡Se inició la guerra!". Eso es pasado. La realidad ahora es un entorno en que las noticias duras ya se han consumido bastante antes de que lleguen a los impresos. En que los diseños, las fotos de portada de un día, se olvidan al día siguiente. Haga el ejercicio en su casa: recuerde cuál fue la foto o cómo estaba repartida la portada de su periódico favorito. ¿Puede recordarlo? ¿Se acuerda claramente del título principal?
En Estados Unidos y en España los diarios hacen esfuerzos espectaculares por sobrevivir. Esta semana, otra vez los informes hablan de resultados espeluznantes en la baja de circulación en ambos países. Y sus periodistas están buscando otra cosa en sus portadas, en sus contenidos, para vender más. Pero sus fórmulas no son titulares o fotos para hacer que usted se paralice en media calle y corra a sacar su moneda. Eso déjenlo para el recuerdo. Para cuando vean de nuevo Citizen Kane.

jueves, mayo 14

La roja huella del silencio ante el terror

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La represión durante el golpe militar chileno.
Tomado de elretratodehoy.com.ar
"Matar comunistas en un momento determinado era una necesidad biológica, poco menos, de los militares para poder funcionar. Necesidad que tenían que cumplir para poder equilibrar al país(...)".
Así, de golpe, sin rubor alguno, Álvaro Puga, asesor de 1973 a 1976 del dictador chileno Augusto Pinochet, lanza una frase de impacto frente a la cámara. Su rostro no se sonroja, pero sus dedos se mueven nerviosos durante la entrevista.
Es solo uno de los tantos dardos de los que está repleto el documental chileno El diario de Agustín, que muestra documentadamente cómo el diario de Agustín Edwards Eastman (El Mercurio y su grupo mediático) colaboró con la dictadura de Pinochet para minimizar, ocultar y tergiversar, a través de los contenidos (algunos de ellos montajes), la desaparición de miles de chilenos y la tortura de otros miles más durante el régimen de terror de la Junta Militar (1973-1990).
Valiente, periodístico, contradictor para evitar la desmemoria. Punzante para encontrar la interpretación adecuada a través de imágenes y documentos tan demoledores como memorándums de la CIA o las entrevistas a personajes del antiguo poder y de la prensa del pasado. El documental de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán (pincha acá para verlo en la web) tiene otro mérito: es un proyecto de tesis de seis estudiantes de periodismo de la Universidad de Chile, comprometidos a entender un proceso doloroso para el oficio de ese país y de Latinoamérica entera. Un proyecto que busca evitar que la palabra impunidad se mantenga.
2.279 muertos. 28.456 víctimas de prisión política y tortura. Y un silencio mediático cómplice de El Mercurio, el diario más influyente de Chile, junto a La Segunda, otro de sus productos de corte popular.
"¿Cómo pudimos vivir 30 años de silencio?", le preguntaba el ex presidente Ricardo Lagos a los chilenos en el 2004 en una imagen del documental. Inmediatamente la toma insiste en Lagos, en otro escenario y con otra frase: "Es difícil entender la historia de Chile sin El Mercurio".
Es una historia centenaria. El Mercurio, fundado en Valparaíso en 1827, y refundado en Santiago en 1900, es el diario más antiguo de habla hispana.
Su poder ha sido fundamental en la historia contemporánea chilena. Un poder que era necesario usar para responder tantas preguntas que se iban tejiendo en el escenario chileno a medida que el régimen dictatorial ejecutaba su política de exterminio a sus opositores. A los que no pensaban como ellos. A los que no bajaban la cabeza para decir sí a una forma de vida sin crítica.
¿Cómo se explicaba una sociedad la desaparación de miles de personas? ¿Qué hacer con esos padres, madres, esposos, primos, amigos, tíos, que comenzaban, incómodamente, a hacer preguntas, a insistir por ese ser que, de la noche a la mañana, desapareció? ¿Qué hizo la prensa en esos momentos?
El documental nos lo responde: Calló y mintió. Se dejó usar por los aparatos de inteligencia de la dictadura para entregar fotos, "verdades", "primicias". Como esa del único cuerpo arrojado desde el aire al mar en el que fallaron los cálculos de los pilotos. El cadáver apareció incómodamente en la playa, pero el diario oficial informó que era una bella mujer de 23 años que había sido asesinada por motivos amorosos, cuando la realidad era que el cuerpo pertenecía a una dirigente comunista de más de 40 años.



El montaje de la inteligencia militar, asumido
por el diario La Segunda (del grupo El Mercurio)
sobre la "autodepuración" de comunistas chilenos
en territorio argentino.
Tomado de trincheradelaimagen.blogspot.com

Tal vez el montaje más impactante sea el que tramó la inteligencia militar para responder a esa molestosa pregunta de dónde estaban tantos chilenos desaparecidos. Se armaron dos revistas falsas (una en Brasil y otra en Argentina), en donde se contó la historia de que 119 extremistas chilenos se exterminaron entre sí en Argentina, Colombia, Venezuela, Panamá, México y Francia. La revista con edición única en Buenos Aires, llamada Lea, y O Dia en Curitiba, Brasil, informaron casi al mismo tiempo la primicia. Mientras, se buscaron cadáveres irreconocibles en Argentina a los que se les puso entre sus ropas las cédulas de los chilenos. El resto fue lo obvio: UPI, la agencia de prensa estadounidense, transmitió al mundo la matanza entre marxistas y desde luego El Mercurio y La Segunda, abrieron sus diarios con los titulares respectivos. Allí estaba la respuesta que tanto pedían, decía, en esencia, un editorial de El Mercurio. "Exterminados como ratones", gritaba en su primera página La Segunda.
El costo del silencio frente al poder. ¿Qué decisiones tomar en una situación similar? ¿Cómo hacer periodismo si, en un momento determinado, llega una pistola a decirte cómo titular? Es una dura pregunta, que tendrá tantos matices como respuestas individuales.
Esas son las preguntas que deja El diario de Agustín. Una reflexión honda sobre un hecho que no es nuevo en las sociedades contemporáneas y que no tiene bandera ideológica. Las matanzas, el terror, no han distinguido corrientes: han sido brutales de derecha, brutales de izquierda, brutales de nacionalsocialistas, brutales de liberales y neoliberales. La brutalidad no tiene sello único. Es brutalidad al fin.

sábado, abril 11

La crónica roja y la batalla de nuestras conciencias

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Tomado de blogs.clarin.com

Sí, es cierto. La crónica roja vende, y muy bien. Lo acabo de ratificar para siempre. Acabo de clarificar mitos, de transformar en certezas algunas pequeñas dudas que me quedaban sobre el por qué la sangre y sus manchas rojizas -ese lado más aberrante del ser humano- tienen algún imán para la ansiedad de las personas.
Google Analytics me puso el espejo. Esta herramienta del gigante informático, que permite analizar diariamente el tráfico de usuarios de un sitio en las más prácticas formas (de qué país o ciudad son, qué contenido buscan, cuánto tiempo lo leen, etc.), me demostró que el texto más leído en este blog durante sus poco más de cuatro meses de vida es el post Reflectores para el poder, no periodismo aséptico, en que se analizó el pedido político del Procurador mexicano a los medios de no informar en demasía (y sobre todo si eso demostraba negligencia del poder) sobre el desangre en ese país a causa del narcotráfico.
¿Cómo han llegado lectores de 19 países y 122 ciudades a este texto en tan solo 35 días? La palabra decapitados tiene la respuesta. Esa palabra tan gráfica, horrenda, filuda, es la que mueve todo el morbo a través del buscador de Google hasta llegar al post.
"Videos cuerpos decapitados Jalisco", "decapitados en México", "cuerpos decapitados en México", "videos de personas decapitadas". Son solo los cuatro primeros lugares en la clasificación de qué palabras usaron los lectores que llegaron a mi post al hacer una búsqueda con Google.
Las cifras me llevan a una reflexión sobre los contenidos que entregamos en los medios a esa masa invisible que consume cosas a veces por instinto, por sensaciones, por morbo. Una reflexión sobre la responsabilidad al entregar esos contenidos.
No es que no necesitamos crónica roja. Eso, de plano, lo descarto. La sociedad necesita saber qué pasa en su lado más horrendo, porque la vida tiene extremos y también matices. Pero sí inquieta ratificar que hay una tendencia a consumir podredumbre si es que se la produce de forma antiética, de una manera sensacionalista.
¿Es posible una información ética, inofensiva, de crónica roja? ¿Es posible una crónica roja que demuestre los problemas sin morbo e intente plantear soluciones dentro de esa necesaria mediación a la que están llamados los medios, a la que estamos obligados los periodistas?
Creo que sí. Javier Darío Restrepo, el periodista colombiano especialista en ética, también lo cree. Él se hace preguntas. Se cuestiona, a manera de pedagogía, que si hay unas audiencias ávidas de sensaciones, ¿por qué no satisfacerlas? ¿por qué no lucrar con esa demanda de información?
Restrepo recalca la necesidad de una información humanizada y humanizante y que las respuestas éticas que se deben encontrar van por un camino con tres senderos: el de las soluciones, el de la emancipación y el de la elevación. En resumen, habla de un periodismo que "busca con urgencia la solución de un problema concreto, se propone librarse de los prejuicios y de las imposiciones interesadas de un periodismo comercializado y, sobre todo, quiere descubrir una dimensión elevada de la profesión".
La crónica roja, el sensacionalismo, entonces, es un desafío diario, una pregunta ética cotidiana que debe martillar en nuestras conciencias. Claro que a veces erramos en esas guerras diarias, en esas guerras perdidas. La historia del periodismo sensacionalista ha sido esa: múltiples tendencias, gigantescos errores, desde su despegue definitivo con la batalla -a finales del siglo XIX- de los editores norteamericanos William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer, los padres modernos del amarillismo, para quienes los titulares escandalosos, la magnificación de los hechos, la mentira y el rumor fueron los secretos que levantaron imperios (suena tan paradójico que los Pulitzer sean ahora, tal vez, el galardón más prestigioso en el mundo periodístico).
La sociedad necesita un periodismo que le muestre su espejo, una imagen que tiene cosas buenas y malas dentro de un arco iris de posibilidades. "Los medios -recalca Restrepo- aportan para construir o para destruir. Anuncian y estimulan esa construcción cuando descubren o vocean los logros humanos (...) También se cumple esa tarea (la humanística) cuando (el periodismo) desciende a los abismos de la perversión humana, cuando se los muestra como lo que no debe ser, puesto que también, y muy especialmente, se crea conciencia en el conocimiento del error y del mal. Pero cuando por ligereza o inconsciencia el mal aparece como un bien, o el bien se desfigura, desprecia o trivializa, el medio en vez de construir destruye".
Nuestra batalla diaria es, entonces, con nuestra conciencia. Esa que, en el fondo, siempre nos está golpeteando en cada edición, en cada decisión editorial que tomamos cuando estamos en esa mesa de cirujanos en que se convierte nuestro escritorio cuando extirpamos palabras, las movemos, les damos más vida o las botamos al tacho. Son párrafos, títulos, fotos, pie de fotos, en los que muchísimas veces están en juego la vida de las personas. Sí, es así de grave como suena.

domingo, marzo 22

Periodistas políticos y sus heridas eternas

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Tomado de www.elproyectomatriz.wordpress.com

A propósito de lo que en todos nuestros países iberoamericanos es un tema recurrente: los periodistas inmersos en política que van y vienen. Que cruzan el río de una orilla a la otra, que hacen equilibrio en una soga delgadísima. Comparto una reciente reflexión del colega colombiano Javier Darío Restrepo en su Consultorio Ético de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano.

¿Qué pensar del auge de periodistas metidos en política, bajo qué condiciones puede participar un periodista en política? (Jefferson Maradiaga, Escuela de periodismo de Honduras)

Hay dos extremos, ambos rechazados por las normas éticas de la profesión. El del periodista para quien el mundo de la política no existe, porque se dedica a otros temas: vg. La farándula, los deportes, la ciencia, la salud, la economía etc., que él cree distantes y distintos de la política. Además cree que el mandamiento de la neutralidad lo obliga a mantenerse por fuera del mundo político y a no tener partido alguno. Aún se da el caso del periodista que aunque inmerso en la información política, mira esta actividad como una realidad tan ajena para él como la física cuántica, o las discusiones filosóficas sobre los universales, es decir, ajenas a su mundo.
El otro extremo es el del periodista que se siente obligado a hacer proselitismo político a través de la información y carga las tintas oscuras sobre los del partido contrario al suyo; o informa favorablemente siempre que el suyo es o pude ser noticia. También se hace información partidaria cuando le conviene al periodista o cuando se ejerce la profesión con la mira de saltar desde la plataforma periodística al campo de lo político. Entre esos dos extremos, los principios que rigen un periodista ético señalan la universalidad del periodismo. Una profesión que se ejerce para todos, sean del partido o del candidato que sea; y la imparcialidad que le veda al periodista servir a partidos, sectas, grupos o gobiernos. El amo natural del periodista es el receptor de sus noticias y, a través de él, toda la sociedad.
Este periodista así descrito, no actúa por conveniencia propia, no provisionalmente mientras encuentra un trabajo mejor en la política o en otra actividad. Es periodista de tiempo completo y de vida íntegramente dedicada a su misión con el objetivo claro de servir a la sociedad por la vía de la información. Es una persona en todo diferente del oportunista, del mercader, del trepador y del mercenario, subespecies que se dan en el periodismo, predadoras de su dignidad y siempre dañinas para cualquier sociedad. Puesto que el capital esencial del periodista es la credibilidad, resulta claro que cualquier incursión como político activo lo deja herido de por vida.

Referencia bibliográfica
Max Weber. La Política como profesión

  • La responsabilidad del periodista político es mayor que la del intelectual, debido a que sus actos irresponsables y los efectos de ellos tienen una clara censura social.
  • La prensa es necesaria para el político y el político trata de influir sobre la prensa. El periodista va perdiendo influencia política en la misma proporción en que el amo capitalista de la prensa aumenta su dominio sobre ella, en un creciente poder político.
  • La independencia política priva a los periodistas de los beneficios y de las ventajas otorgadas por los poderes políticamente dominantes.
  • La carrera periodística continúa siendo una de las vías de actividad política profesional más importante.
  • El periodista político se arriesga ante los poderosos, que tratan de sobornarlo, pero que le temen. El periodista debe superar la superficialidad y el sensacionalismo si quiere salvar su dignidad.
  • Existen dos formas de hacer de la política una vocación: o bien se vive para la política, o bien, se vive de la política. Aquel que vive para la política hace de la política su vida en sentido interno; o bien, goza con la mera posesión del poder que ejerce.
  • La política debe entenderse "una lucha por el poder, bien como medio para servir a otros fines, ideales o egoístas, o bien como poder por el poder, es decir, a fin de disfrutar de la sensación de prestigio que proporciona el poder.

miércoles, enero 14

Periodismo sin compasión

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Tomado de www.ikhwanweb.com

No hay posibilidad de piedad. No hay opción a sentir pena ni compasión. Es el enemigo. Ni los casi mil muertos -la mayoría abrumadora de ellos civiles, entre esos 300 niños-, ni la desigualdad en armamento. No. En el análisis no debe haber medias tintas. El periodismo israelí no puede mostrar debilidad ante la invasión al pueblo palestino.
Eso lo ha vivido con fiereza estos días la periodista israelí Yonit Levi. ¿Su pecado? ¿El pecado de la principal anchor del noticiero estelar de Israel? Mostrar compasión, decir ante las cámaras que es difícil convencer al mundo que la guerra es justificada cuando Israel tiene un muerto y la nación palestina 350 (en ese momento de su declaración).
No voy a entrar a decir quién tiene la razón. El problema judío-palestino es tan intrincado que asegurar que uno de los dos está en lo cierto es, a estas alturas, absurdo. Ya, cuando la guerra y el odio alcanzan esos niveles, no hay razones. Hay solo errores. Dolores mutuos. Destrozos conjuntos.
No es ese el análisis. Lo de fondo, en lo que tiene que ver con el periodismo, es lo perverso que pueden llegar a convertirse los mensajes en una sociedad que no disfruta de un periodismo mínimamente equilibrado.
Porque la "debilidad" de Levi al "debilitar la moral nacional" con entrevistas "empáticas" con árabes de Gaza, como se lo reprochan miles de israelíes, ha generado una oleada de críticas que provocaron que la presentadora llore en su noticiero.

Yonit Levi. Tomado de onejerusalem.com

No se le pudo tolerar estas entrevistas a palestinos en Gaza y que les pregunte sobre las víctimas civiles. Su trabajo normal de periodista -ese de entrevistar a parte y parte de un hecho con dos aristas enfrentadas- causó un movimiento en la red al lanzarse una campaña para recoger 10 mil firmas que exigían su renuncia al canal. Diez mil que se quedaron cortas. En cuestión de días la lista llegó a las 34 mil adhesiones.
Sí, en el periodismo israelí no hay cabida para la compasión estos días. Su visión es de una sola línea, como lo dice este interesante análisis de la AFP titulado En tiempos de guerra, luna de miel entre la prensa y la sociedad israelíes. Y el patriotismo de su audiencia llega a límites increíbles que se analizan en reportes especializados en que se detalla que la expresión facial de algunos presentadores de televisión, como por ejemplo Dana Weiss, exudan "claro dolor y pena" al hacer entrevistas.
Las cartas han llegado al Ombusdman del canal 2 (donde trabajan Levi y Weiss). Una, de un molesto televidente, dice lo siguiente: "Como padre de un soldado en combate de los Cuerpos Armados, ¿cómo puedo suponer que deba enviarlo a la batalla cuando escucho tales sentencias de la mencionada señorita (Levi) y concluyo, por su contenido, que esta guerra es injustificada? ¿Cómo puedo enviar a mi hijo a la batalla cuando la televisión de la nación de Israel anuncia con pompa que estudiantes llevan a cabo una protesta contra la guerra?
Yo hago más preguntas: ¿En tiempos de guerra se aplica otra ética al periodismo? ¿En tiempos de guerra, cómo puedo lidiar con mi nacionalidad, con mi pasado y mis raíces? ¿En tiempos de guerra hay que esconder información para alimentar ese malévolo deseo del poder de que lo que no se publica no existe? (Esta última pregunta me recuerda tanto a la crítica oficial a la prensa por publicar los delitos en Guayaquil porque "se eleva" la percepción de inseguridad).

Tomado de u2r2h-documents.blogspot.com

Tal vez el mejor ejemplo de una evolución en esa conciencia ética de periodismo en guerra fue el de Vietnam en los Estados Unidos. Vietnam le abrió los ojos a la sociedad americana, tal como lo recuerda ese ícono del periodismo norteamericano, el ex editor de The Washington Post, Ben Bradlee, en una reciente entrevista con diario El País. Fue la prensa la que desenmascaró y dijo que la guerra se estaba perdiendo, que no era cierto lo que se decía que era cierto a miles de kilómetros de distancia. Fue la prensa la que ya no le hizo el juego al poder y de una vez por todas entendió que hacer periodismo no era hacer patrioterismo. Fue, esa prensa también, la que luego se consolidó en el entendimiento del contrapoder con Watergate, la que le demostró a una nación -con sus errores incluidos- que una sociedad está mejor servida con una prensa independiente que fiscalice al poder, que con una complaciente que busque la asepsia que debe encontrarse en los hospitales.