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lunes, agosto 17

Pese a todo, el perro guardián ladra fuerte en Latinoamérica

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Tomado de theglobeandmail.com

El periodismo de perro guardián en Latinoamérica está vivo. Y en estos días Lima es el epicentro que lo demuestra. Allí, en la capital peruana, se realiza la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, un espacio para compartir los cómos de este género periodístico.
Un momento para contar la metodología, las trabas, las anécdotas detrás de piezas periodísticas que buscaron revelar algo que alquien con poder quería que permaneciera oculto. Un escenario que también muestra los dolores de una región en la que hacer periodismo es un oficio riesgoso.
"Estoy cansada de reportear la muerte de mis compañeros", dice la periodista María Idalia Gómez, de México, un país donde el narcotráfico genera cada vez más terror en todos los estratos.
Gómez, coautora juntoa a Darío Fritz del libro Con la muerte en el bolsillo , resaltó en su ponencia la necesidad de dedicar más tiempo y recursos a la investigación periodística del narcotráfico. Hay orfandad frente al tema, lamenta.
"La cobertura del narcotráfico se ha convertido en una mera enumeración de cadáveres y acribillados. Una numeralia de la muerte. El narcotráfico es hoy nota roja. Nota policial. Es verdad que eso agita y emociona, genera opiniones y llama la atención. Pero creo que puede ser nuestro peor enemigo. Nos estamos quedando sobre la superficie, o nos hacen quedar en la superficie y no lo comprendemos".
La de Gómez es una de las miradas de esta conferencia. El Instituto de Prensa y Sociedad (Ipys), organizador del evento, ha hecho un excelente trabajo para compartir de manera online las otras miradas. Todo lo que se dice, muestra y teoriza en este evento.
Revisen el blog de la cita, chequeen su cuenta en Twitter o busquen su espacio en Facebook. Las alternativas para informarse de cada una de las ponencias, para acceder a links originales de reportajes o a los consejos de los periodistas, son diversas.
¿Un muestreo de temas? Aquí algunos: Las conexiones de Ollanta Humala con Venezuela, Las movidas de Uribe por la reelección, Actividades al margen de la ley en las favelas cariocas, Cómo investigar casos de lavados de dinero, Los contratos millonarios del hermano de Rafael Correa, Ser periodista en Venezuela, entre otros, integran el escenario. Una herramienta valiosísima es este resumen de los sitios webs mencionados como útiles a la hora de investigar por la red.
"En México los periodistas hemos renunciado a informar y eso tendrá un costo altísimo". La frase, de María Idalia Gómez, refleja la importancia del no aflojar. Y me recuerda también una sentencia que le escuché decir alguna vez a Gerardo Reyes, prestigioso periodista de investigación colombiano que está disertando en esta conferencia: "A los periódicos no nos recuerdan por nuestras primicias, sino por nuestras denuncias".

viernes, abril 24

La penosa ausencia del contrapoder

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Carlos Vera, periodista ecuatoriano.

Foto tomada de www.miplumamivoz.com

Horacio Verbitsky, el polémico periodista argentino, ya dejó una frase clásica para la profesión: "Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa, de la neutralidad los suizos, del justo medio los filósofos y de la justicia los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?".
Carlos Vera, el principal entrevistador televisivo del Ecuador, y hasta la semana pasada director del programa de opinión Contacto Directo de la cadena Ecuavisa, echó harta sal en las heridas. La restregó, cuando la untaba en algunas podredumbres que hemos vivido los ecuatorianos en los últimos treinta años. Fastidió a muchísimos poderosos. Los hizo tener rabietas cada mañana. Les eliminó, con sus denuncias, con su periodismo mordaz (sí, a veces vanidoso, muchas veces pretensioso), esas sonrisas eternas para transmutarlas en cascadas de bilis mezcladas con el croissant de las siete de la mañana. Los hizo atragantarse ese desayuno.
Por eso la frase de Verbitsky se me aparece hoy como ráfaga. Y me hace acuerdo de que su salida (la partida de Carlos Vera de Ecuavisa por presiones político-empresariales) es una pérdida para el periodismo.
Pierde el periodismo. Pierde la sociedad que necesita un periodismo de contrapoder, ese que si se lo ejerce con ética y responsabilidad es un sano equilibrio mediador entre los que tienen la potestad de gastar o invertir el dinero de los ciudadanos, sus tributos o aquellos que administran las instituciones que nos deben servir con eficiencia desde el nacimiento hasta la muerte.
Pierde el periodismo. Se afecta la capacidad de ofrecer ese espacio para contar, de manera crítica, lo que los ministros, los burócratas de turno, aseguran que está perfecto, caminando maravillosamente en un sendero de eficiencia fenomenal, que cambia 179 años de vida republicana ineficiente de un solo plumazo. Porque cada gobierno es eso, un desfile de proclamas -cada vez más elaboradas a medida que se modernizan y goebbelizan más los instrumentos de propaganda- de que todo marcha de una manera revolucionaria. Como nunca antes.
Pierde, también, el poder de la palabra rebelde. Ryszard Kapuscinski -ese maestro polaco y universal que decía que el verdadero periodismo es intencional (es decir, se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio)- recordaba en El Sha esa necesidad vital de las palabras, de aquellas que "circulan libremente, palabras clandestinas, rebeldes, palabras que no van vestidas de uniforme de gala, desprovistas del sello oficial".
Sí, pierde el periodismo. Porque triunfa el silencio acrítico, esclavo de la sonrisa del poder.

martes, abril 21

Los Pulitzer y la vigencia del perro guardián

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La desolación y muerte por la furia del huracán Ike en Haití. Esta foto, de Patrick
Farrell, del Miami Herald, ganó el Pulitzer en la categoría Fotografía de última hora.
Tomado de miamiherald.com

El escándalo sexual de un político. O la guerra de Irak. También los desafíos políticos y militares estadounidenses en Afganistán y Pakistán. O las altas muertes en el sector de la construcción de Las Vegas. Y, cómo no, Barack Obama.
El arco iris temático con el que la Universidad de Columbia distinguió ayer con los prestigiosos premios Pulitzer abarca un interesante abanico de opciones en esta entrega, la número 93 y a la vez la primera en que se permitió concursar a organizaciones noticiosas que publican exclusivamente en internet.
Estos medios online se fueron con las manos vacías. Parece ser que aún no es el tiempo, a pesar de los vertiginosos avances y periodismo de alta calidad que se produce exclusivamente en internet.
El periodismo de calidad cuesta. Los premios, que se entregan desde 1917, así lo ratifican. Y The New York Times, pese a su lujosísimo edificio hipotecado de Manhattan, pese a sus recortes de personal y de secciones en medio de la crisis que sacude a la prensa estadounidense, fue el rey de una entrega en la que se llevó cinco de catorce categorías.
El periodismo de calidad cuesta. Cuesta seguir siendo el perro guardián pese a la crisis. Precisamente esa: la fiscalización, fue una de las temáticas altamente galardonadas. Auditoría constante, tan necesaria en el oficio, con ese importantísimo contrapoder en beneficio de la sociedad.
Sig Gissler, administrador de los premios, destacó, según recoge la AP, que en medio del panorama negativo los ganadores son ejemplos alentadores y que es importante el énfasis de los premios en la función de vigilancia. "El perro guardián todavía ladra. El perro guardián todavía muerde. ¿Qué haríamos día a día si no tuviéramos periódicos?".


Damon Winter, de The New York Times, con sus fotografías de la campaña de
Barack Obama, ganó el Pulitzer en la categoría Reportaje gráfico.
Tomado de cadenaser.com

Acá les adjunto la lista de la mayoría de ganadores con los links a las notas galardonadas.

Premio de servicio público
Las Vegas Sun. Por el informe sobre la alta tasa de mortalidad de los trabajadores de la construcción en la zona de casinos de Las Vegas.

Reporte de última hora
The New York Times. Noticia (sacada en la web primero, no en el impreso) y posterior cobertura del escándalo sexual que involucró al ex gobernador de Nueva York, Elliot Spitzer, vinculado a una red de prostitución de lujo.

Reportaje de investigación
The New York Times. El periodista David Barstow fue premiado por su "tenaz" reportaje con el que demostró cómo el Pentágono convenció a varios generales retirados del Ejército que trabajaban como comentaristas de radio y televisión, para que defendieran la postura oficial sobre la guerra en Irak.

Reportaje divulgativo
Los Angeles Times. Por la cobertura sobre los incendios forestales en California.

Reportaje local
Detroit Free Press. Por la coberturta y revelaciones en el escándalo de los mensajes de texto que llevaron a la renuncia y posterior encarcelamiento del Alcalde de Detroit.
East Valley Tribune. Por mostrar cómo la atención de los alguaciles para hacer valer las leyes de inmigración pone en peligro las investigaciones de otros delitos.

Reportaje nacional
St. Petersburg Times. Por contrastar los hechos con el discurso de los candidatos presidenciales a través de su espacio PolitiFact.

Reportaje internacional
The New York Times. Por la cobertura de los desafíos políticos y militares de EE.UU. en Afganistán.

Crónica
St. Petersburg Times. Por la historia de Lane DeGregory sobre una niña abandonada que no podía hablar ni alimentarse.

Comentarios
The Washington Post. Por las columnas de Eugene Robinson sobre la postulación histórica de Barack Obama para la presidencia.

jueves, marzo 5

Reflectores para el poder, no periodismo aséptico

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La venganza de los carteles mexicanos llena morgues diariamente en este país.
Tomado de www.larazon.es

México se está desangrando. Cifras recatadas precisan que unas 14 personas por día murieron el 2008 por crímenes relacionados a la guerra entre las bandas de narcotraficantes y en lo que va del 2009 la media ya superó los 15 asesinatos.
Los medios, los analistas, hablan de que la crítica situación de violencia es una amenaza a la viabilidad del Estado y de la propia nación mexicana. Las autoridades movilizan al Ejército y a la Policía, pero la situación no se puede controlar. La franja fronteriza norte está bajo poder del narcotráfico, se informa; es noticia cuando Ciudad Juárez no tiene muertos un día, y el poder hace las típicas declaraciones de que la situación puede estar bajo control.
Tanto temor generan los narcos que Rick Perry, Gobernador de la fronteriza Texas, en los Estados Unidos, pidió a su Gobierno que envíe tropas ante un posible esparcimiento del terror hacia territorio estadounidense.
El temor lo tiene también el poder. Además,le tiene miedo a la prensa. Esta semana, el Procurador General de México, Eduardo Medina Mora, levantó polvareda con un pedido a los periodistas en el que usó un eufemismo: autorregularse, pero que en la práctica es un pedido de autocensura.
"Cuando la violencia se muestra repetidamente fuera del contexto de su combate, la criminalidad se trivializa, aparece como omnipotente e invencible y provoca desánimo o parálisis entre la población". Palabras más, palabras menos, la esencia de esta frase es la misma que la del ex ministro de Gobierno de Ecuador, Fernando Bustamante: la prensa acrecienta la percepción de la delincuencia.


Infografía de Milenio (aquí ampliada). Las muertes del narcotráfico en enero del 2009 en comparación con el mismo mes en años anteriores.

Medina se refiere a su escenario: el mexicano. Un análisis de la AFP sobre el debate resume así este cuadro: "Las imágenes de decapitados, incinerados, cuerpos diluidos en ácido, así como mantas (pancartas) que cuelgan en puentes y parques públicos a través de los cuales los narcos se amenazan y a veces vinculan a funcionarios con el crimen organizado, son algunos de los contenidos cotidianos en la radio, televisión y periódicos en México".
El debate es viejo. ¿Las cosas no existen porque la prensa no las informa? ¿Los crímenes se reducen si no aparecen jerarquizados en las páginas de los diarios? ¿Cuánto de show les damos a los criminales cuando se publican sus mensajes, sus cadáveres con letreros que indican una nueva venganza? ¿Cuál es el real deber del periodismo frente a este escenario?
La respuesta es obvia. La sociedad necesita un periodismo que muestre su espejo. Que abra, con ética, sin sensacionalismos, con prudencia que no significa autocensura, un debate sobre la realidad. Que sea un necesario contrapoder; que critique, si la existe, la inacción o negligencia del Estado para defender a los ciudadanos, esos que pagan sus impuestos para que el aparataje de seguridad estatal funcione. Que informe también de las mejoras y éxitos en esa lucha contra la criminalidad.
Lo que se necesita es una prensa que conjugue el triángulo de los valores fundamentales que se repiten en los Códigos de Ética de los medios del mundo: Verdad, Responsabilidad e Independencia.
Javier Darío Restrepo, periodista colombiano, instructor de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, quien es ya un clásico al hablar de ética periodística, ha topado el tema en bastantes oportunidades en sus charlas. En Sala de Prensa, asegura lo siguiente:
"Ante un terrorista que con su bomba se propone difundir el miedo, la desconfianza y la admiración aterrorizada por la aparición de un nuevo poder, ¿es posible que la palabra del periodista genere serenidad, confianza y rechazo del nuevo poder? En varios talleres hice ese ejercicio, en todos se comprobó que un periodismo pasivo y rutinario le da la razón a la señora (Margaret) Tatcher, de quien es la afirmación sobre la simbiosis entre terroristas y periodistas; y se descubrió que un periodismo activo y de propuesta tiene técnicas y recursos para enfrentar con eficacia la palabra a las bombas".
De regreso a México, su prensa y varios sectores respondieron con indignación al pedido de su Procurador.
"Hay que ponerles los reflectores a los narcotraficantes, hay que ponerlos en una casa de cristal, para que todo mundo pueda verlos, dar testimonios y combatirlos. La oscuridad, la censura, lo confuso, no favorece la lucha contra el crimen organizado", indicó el presidente de la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía del Senado de la República, Carlos Sotelo, según recogió La Jornada.
¿Reflectores a los narcotraficantes? Más bien luces intensas para el proceso criminal. Para ellos están las leyes. Los reflectores potentes, los necesarísimos, deben ser para los que los dejaron crecer. Para los que no los saben controlar. Para los que viven de sus coimas.

miércoles, febrero 25

Tú me prometes, pero yo te fiscalizo

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El Obamameter clasifica las promesas de Obama en: Promesa mantenida;
Compromiso; Promesa rota; Estancada; En trabajo y Sin acción.
Tomado de www.politifact.com

Periodismo fiscalizador. Periodismo que toma la palabra a los políticos y que hurga en sus promesas. El St. Petersburg Times se tomó en serio estos principios necesarios en el oficio y ha generado una idea excelente: el Obamameter.
Este termómetro online mide cómo el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, cumple o no sus ofertas de campaña.
Los periodistas de este diario registraron más de 500 promesas del presidente demócrata y ahora las están fiscalizando. Son promesas recogidas en su website oficial de campaña, en sus discursos, en sus entrevistas, y van desde el término de la guerra en Irak hasta la compra de un cachorrito para sus hijas.
El Obamameter es parte de un plan más ambicioso del St. Petersburg Times: su proyecto Politifact, que busca ayudar a encontrar a los lectores las verdades de la política estadounidense. Para ello, los reporteros y editores del diario hacen chequeos constantes de afirmaciones de miembros del Congreso, de la Casa Blanca, lobistas y grupos de interés y las califican en el Truth-O-Meter (el termómetro de la verdad). Una calificación que obviamente se hace con reportería de por medio para hacer una aseveración tan fuerte sobre si algo que ofrece o dice un político es cierto o falso. Absoluto riesgo periodístico que necesita absoluto rigor.
La inmediatez de la red es el aliado principal. Bill Adair, editor de Politifact y jefe de la oficina de Washington del St. Petersburg Times, reflexiona sobre la necesidad de fiscalización continua a la presidencia en una entrevista con Columbia Journalism Review.
Adair analiza que bajo este mecanismo no es necesaria la espera tradicional de los 100 días, por ejemplo, para hacer un balance periodístico, como es la costumbre de los diarios de papel. "Puedes regresar y chequear una vez al día si quieres encontrar algo. Creo que hemos encontrado la medición más objetiva posible (...) La gente se preocupa por estas lecturas. Es la manera apropiada, en el momento apropiado, de este nuevo periodismo".
Este nuevo método de hacer periodismo crea dudas, por supuesto. Adair habla de la necesidad de ir creando las reglas en el camino. Hacer camino al andar es la meta como parte del desafío de intentar nuevas técnicas en el oficio. "No es como nos enseñaron en las escuelas de periodismo, así que, por necesidad, estamos creando los lineamientos".
Se viene el tiempo de elecciones. Se vienen la promesas eternas con sonrisas de por medio, con campañas millonarias que nos hablan de un país posible. O que nos informan de un país en marcha, que camina henchido de felicidad. Pero también debe ser el tiempo para tomarles la palabra en serio y comenzar a fiscalizar periodísticamente la marea de ofertas. ¿Cuántas de esas sabemos desde que nos las dicen en una rueda de prensa que son inviables? ¿Cuántas de aquellas intuimos que son fácilmente rebatibles y mejorables con un trabajo periodístico serio? ¿Cuántas veces más tenemos que escucharlas y dejarlas que el gran público las tome como ciertas?