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viernes, mayo 6

El sonido del silencio

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El silencio crece como el cáncer. La frase es de la ya clásica canción The Sound of Silence (El sonido del silencio) escrita por Paul Simon hace 47 años y cantada junto a Art Garfunkel, con quien formó un célebre dueto.

El silencio es dolor. Es ausencia cuando es impuesto. Es una masa acrítica cuando ese silencio no le permite diversificar versiones. Es ignorancia. El silencio es miedo.

Simon y Garfunkel tienen líneas dolorosas en esa canción, una metáfora musical abierta a múltiples interpretaciones. Son líneas hirientes que a veces pareciera que retrataran en parte a este Ecuador polarizado que camina, peligrosamente, en la cornisa de las intolerancias. ¿En qué momento imperceptible creamos una línea imaginaria -tan imaginaria como la que nos bautiza como país- que nos dividió, sin derecho a los matices, en dos bandos: en los a favor o en contra?


"Nadie se atrevió a perturbar el sonido del silencio". Simon y Garfunkel lanzan otro dardo. El silencio es cómodo cuando es ajeno. ¿Nos perturba que periodistas lojanos hayan tenido que renunciar a sus trabajos en una radio porque no obedecieron el bajar el tono a las críticas al poder?

¿Nos perturba que a una periodista le quiten sus credenciales y se le diga que no tiene derecho a informar a la ciudadanía de lo que sucede en el palacio de Carondelet?

¿Nos perturba que a otra periodista un funcionario no le permita acceder a su derecho de preguntar, porque el medio en el que trabaja está vetado por el régimen?

¿Nos perturba que día a día, las redes sociales se conviertan en un polvorín en gestación, en un escenario de una batalla de insultos entre "los que piensan como yo" y "los que están equivocados"?

El sonido del silencio tiene múltiples caras. Es Cuba. Es la bloguera Yoani Sánchez tuiteando a ciegas con SMS porque mayoritariamente no puede acceder al internet como cualquier mortal de cualquier país con libertades reales. Está, de muchísimas maneras, silenciada. Porque conminar al silencio es impedir a alguien -como se lo impiden a ella- salir de su país a contar lo que cree que es su verdad.

El sonido del silencio es China. Es Liu Xiaobo, el Nobel de la Paz, defensor de los derechos humanos y de un cambio de modelo político en su país, condenado a 11 años de prisión por "incitar a la subversión del poder del Estado". Es también su esposa, bajo arresto domiciliario, privada de teléfono e internet, según reportes de diversos medios occidentales, porque los oficiales guardaron silencio. Para ellos la obtención del Nobel no existió.

El sonido del silencio también es Ecuador. Es el ciudadano Luis Corral, vejado y sacado atropelladamente de un coliseo en Zamora por atreverse a criticar.

No es este un problema de un Sí o un No. Es el problema de mirarnos al espejo y preguntarnos si nos perturban o no estos silencios impuestos. O los posibles silencios futuros. ¿O como no son conmigo no importan?

Si es así, luego podremos volver a Simon y Garfunkel y cantar: El silencio crece como el cáncer.

sábado, mayo 1

La hora del absurdo, de los muertos, de la intransigencia

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Tomado de http://www.javiervelilla.es/

A veces uno llega a creer que en Europa no se respiran los absurdos que en esta América hermosa y diversa. Pero cuando se lee lo que pasa en Italia y las perlas de su primer ministro, el todopoderoso Silvio Berlusconi, uno recuerda que al menos una parte de esa Europa es tan cercana en esencia a nuestras tragedias.
Berlusconi responde al prototipo del líder prepotente. A esos de los que no importa si los clasificamos en la derecha o en la izquierda radical. Son prepotentes. Y punto. Y como tales no les gusta la crítica. Fácil deducción entonces: no les gusta la prensa. Al menos que no sea crítica o al menos que sea de ellos. O al menos que esté entregada a las mieles de ese poder, y que jueguen a la maravilla de ver, oír y callar. Les gusta la que usa vendas, tapones y esparadrapos, algunos sin siquiera saber que los llevan puestos, que es lo más doloroso.
Recuerdo a Berlusconi estos días en que hablamos más de la Libertad de Prensa, cuyo día especial se conmemora este 3 de mayo. A ese Berlusconi que hace poco acusó públicamente a Roberto Saviano -el periodista y escritor italiano que publicó Gomorra y desnudó la miseria y corrupción en las entrañas de Italia-, de hacerle publicidad a la mafia y de dañar la reputación de todo un país.
Berlusconi quisiera un ejército de periodistas ataviado de vendas, tapones y esparadrapos. La Italia ideal para el magnate de medios y de incontables empresas de todo tipo, es esa: una Italia con periodistas como los de sus medios, esos que celebran, que aplauden, que sonríen, que denigran.
Berlusconi en Italia; Ahmadineyad en Irán; Fidel Castro en Cuba; Hugo Chávez en Venezuela; Cristina de Kirchner, en Argentina; Rafael Correa en Ecuador; Álvaro Uribe en Colombia. Todos tienen en común su antipatía a la prensa no complaciente (la otra, la sorda, ciega y muda, la ven como simplemente una dependencia pública más). Todos coinciden en el poco entendimiento que tienen de sus esencias, de comprender que es una pieza fundamental en las sociedades democráticas que necesitan herramientas de contrapoder, de fiscalización a su poder. Todos comparten el ignorar la esencia de un oficio repleto de complejidades y errores, pero piedra angular en la historia como difusor de información que luego se ha transformado en conocimiento.
Es este lunes el Día de la Libertad de Prensa. Hora de volver a reflexionar sobre estas presiones. Recordar a los muertos, analizar la violencia contra el oficio. Fueron 99 los periodistas asesinados en el 2009; 136 los encarcelados en el mismo año. El oficio en México sigue desgarrándose e inclinándose ante el horror del narcotráfico, de la rutinización de la tragedia y la inoperancia de sus autoridades; Honduras rompe récords con siete periodistas asesinados en los últimos dos meses. En Cuba -donde hay 27 periodistas presos, entre ellos la primera blogger encarcelada, Dania García-, se intenta silenciar a las voces que gritan por la web el dolor de vivir en un país donde no hay libertades básicas como las de expresión o movilización. En Argentina, a la prensa que antes fue amiga, hoy se la denigra con carteles públicos, al más puro estilo del fascismo.


Carteles en Buenos Aires contra el grupo Clarín.
Tomado de
www.medimanagementblog.files.wordpress
La lista, lastimosamente, es más amplia. Los peligros, las tensiones, los dolores para el periodismo y toda la sociedad, pueden palparse en un viaje imaginario tipo Google Earth por Latinoamérica; cruzar el Atlántico a la vieja Europa evadiendo mafias rusas e italianas enquistadas en las esferas del poder; atravesar el Medio Oriente esquivando las balas de la intolerancia político-religiosa; sobrevolar por China y franquear otra muralla, esa que se edifica contra internet y luego llegar a África para sobrevivir en medio de dictaduras que importan poco al mundo noticioso.
Es la hora del absurdo. Siempre lo ha sido. Es la hora de los muertos. Que ahora crecen con mayor impunidad. Es la hora de la intransigencia. La eterna, la milenaria.

sábado, enero 16

Miremos ese espejo de terror

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Tomado de www.ciperchile.cl
Las cifras son de escándalo: 11 periodistas muertos en el 2009; 57 desde el 2000. La situación del periodismo en México es "más que dramática", según lo denunció hace poco la organización Reporteros Sin Fronteras. El narcotráfico y el poder detrás de ese negocio de terror ha desembocado en un proceso crítico para los comunicadores de este país, sobre todo en las zonas con mayor influencia de los carteles de la droga.
"Tú solo tienes que informar. Ni investigas, ni opinas ni editorializas". La amenaza la escucha Juan Cuevas, al otro lado de la línea telefónica, según recoge un reporte de la AFP. Él, director de un diario del estado de Guerrero, sabe muy bien lo que es el que un narcotraficante lo llame y le quiera dar directrices. Como Cuevas, hay decenas de reportes de periódicos pequeños en los que el periodismo de investigación, a punta de una advertencia que dibuja una pistola en la cabeza, ha desaparecido.
Los informes hablan de redacciones de ciudades en las que la autocensura campea, de cadáveres de periodistas que un día pueden aparecer con un cartel que dice "esto me pasó por escribir lo que no se debe", o de periodistas que deciden abandonar el oficio.
La situación parece inverosímil cuando uno se detiene a reflexionar hasta qué punto el asunto es inmanejable cuando la Procuraduría General de la República ha creado una Fiscalía Especializada en Delitos contra Periodistas. O cuando se lee que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó solicitar casi 800.000 dólares para montar este 2010 un programa de protección a periodistas que incluye la creación de una casa refugio para comunicadores amenazados y en riesgo.
¿Qué llevó a México a este doloroso trance? ¿Qué llevó a una parte de la sociedad mexicana a privarse de la posibilidad de una prensa libre que la informe sobre las podredumbres que la acechan? Me saltan estas dudas y me pongo a pensar en Ecuador, un país hasta hace muy poco vía de tránsito de la droga, pero que hoy, tras operativos policiales, ha demostrado ya visos de ser un productor de coca con laboratorios que ya no solo están en la frontera con Colombia, sino que llegan hasta la misma zona urbana de Guayaquil, algo impensado en el pasado reciente (la Policía decomisó casi 70 toneladas de droga el 2009, más del doble de las 30 del 2008).
Hay que mirarse en el espejo de México. La droga trae todo un proceso sufrido en Colombia, vigente en México (delincuencia organizada, extorsión, lavado, secuestro, sicariato...). Y también vomita amenazas a la prensa que quiere informar de ello con seriedad, analizando los procesos, tratando de entender el bosque en medio de las ramas.
Yo me pregunto por todos esos periodistas que están ajenos a los centros de poder tradicionales de Quito, Guayaquil o Cuenca. Todos esos reporteros que trabajan para medios pequeños que en algún momento intentarán tocar los temas espinosos. ¿Tienen alguna posibilidad real de ejercer, con la seguridad que debe garantizarles el Estado, un periodismo que hurgue en esos entresijos?
Miremos ese espejo mexicano. Ellos, algún día, tuvieron los atisbos de que algo grave se les venía. Y su clase política, aquella que ejecuta las políticas de seguridad, no reaccionó. O no quiso reaccionar.

domingo, enero 10

Los profetas van a la cárcel en Irán

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Tomado de www.adn.es

Parece que Mahmoud Ahmadineyad tuviera una visión religiosa del periodismo. Hace pocos meses dijo que los periodistas tienen una misión profética, según palabras que recoge el website oficial de la República Islámica Iraní.
Para el presidente de Irán, si los reporteros tratan de cubrir los eventos "sólidamente", "con precisión", "se evita incitar a la gente" y "se desea ayudar a la humanidad en la forma correcta", pues entonces ese trabajo se vuelve sensible y díficil, pero, al mismo tiempo, placentero y bien visto para Dios.
Es una visión religiosa que tiene su lado castigador. Porque en este país esos profetas de la palabra van a la cárcel. Sí, Irán retomó al iniciar el 2010 el liderazgo como el país con más periodistas presos en el mundo. Son 42. Lo dicen fuentes ajenas al gobierno iraní basados en reportes independientes del poder oficial, ese que no entrega informes, que no permite periodismo crítico. Que maneja totalitariamente la información a través de una maquinaria que no hace periodismo, sino propaganda.
Lo aseguran Reporteros sin Fronteras, la prensa europea, The Jerusalem Post, o el CPJ (Committee to Protect Journalists). Lo concreto es que hay periodistas presos. Presos por disentir. Presos por criticar. Presos por hacer una parte de su labor, fiscalizar al poder. Uno de ellos: Bahman Ahmadi Amoui, encerrado desde junio, fue condenado a 7 años, 4 meses de prisión y a 34 latigazos por criticar la política económica de Ahmadineyad, según informaron recientemente los websites Kaleme y Rahesabz (aquí, este último con una traducción de Google del persa al inglés).
En este país el internet es una forma de liberar las palabras prisioneras, esas contenidas en una parte de la población que quiere expresar sus desacuerdos. Que quiere informarse de una manera distinta, ajena a los medios públicos que dicen que todo marcha maravillosamente. Hay una galería espectacular de opciones del llamado periodismo ciudadano (una múltiple cantidad de recursos en este post de mucho servicio), que empezó con fuerza con las protestas del pasado junio al estallar revueltas tras la reelección de Ahmadineyad. En Twitter, Facebook, YouTube y Flickr hay varios iraníes valientes que están mostrando al mundo lo que pasa en su país, aquello que el poder no quiere que se sepa, a tal punto que limitó el ancho de banda para boicotear la información.
Ahmadineyad quiere profetas sumisos. Difusores del paraíso. Ahmadineyad anhela profetas entregados, acríticos. Al presidente iraní, socio estratégico de la "revolución ciudadana" que se da en Ecuador, le molesta una prensa fiscalizadora porque la desea aséptica, inofensiva. Que solo abra y cierre comillas de lo que dicen los ministros y demás autoridades.
¿Será que esta visión del socio de Ecuador y de Venezuela es una forma alternativa de democracia, como calificó a Cuba el presidente de Ecuador, Rafael Correa?

sábado, noviembre 21

Lean El Ciudadano, lean a 'periodistas' que no creen en el periodismo

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Tomado de noticias24.com vía Presidencia de Ecuador.

El Presidente Rafael Correa nos manda a leer El Ciudadano. Dice que ahí sí se hace buen periodismo. Que ahí se cuenta lo que realmente pasa y lo que no se publica en esos otros medios, los corruptos, los mafiosos, los de reporteros y editores títeres. Nos pide leerlo, ya que en esa Redacción del medio estatal sí reina la objetividad y la verdad.
Allí, los titulares no pecan de sesgados. Son equilibrados y no ofenden. En fin, es un periodismo de primera, como para que los ecuatorianos estemos totalmente informados.
El Presidente nos pide, además, que botemos al tacho de la basura a los demás medios. No los lean, no los vean, no los oigan, nos sugiere cada sábado. A los corruptos, me refiero. A esos que aún ejercen la crítica a su gobierno. Y que son cada vez menos.
Entonces abro El Ciudadano y me encuentro con 'periodistas' que no creen en el periodismo. Me encuentro con el inicio de una campaña, titulada La frase de la libertad de expresión, que dice: "Los periodistas dicen algo que saben que no es verdad con la esperanza de que, si lo siguen diciendo, acabará siéndolo". Arnold Bennett, novelista británico. Busquen un poquito sobre Bennett y se darán cuenta que también fue periodista. Uno mentiroso, por lo que veo.
Cuando el presidente me pide como ecuatoriano que lea El Ciudadano porque el resto de periodismo no sirve, ¿cuál es su mensaje? ¿Que este, el de El Ciudadano, es el periodismo que vale? ¿Este, el que en su filosofía apuntala al no creer en el periodismo, una de las piezas fundamentales por siglos en las sociedades democráticas? ¿El que no cree en la verdad como el capital fundamental a perseguir en el oficio? ¿Qué es, entonces, El Ciudadano? ¿Hay periodistas en su Redacción? ¿Se sienten periodistas? ¿Hacen periodismo? ¿Hacen propaganda? ¿Están conscientes de la diferencia?
El link de La frase de la libertad de expresión de El Ciudadano (que tiene también una versión impresa quincenal) está hasta este momento en que escribo. Por supuesto que hay los comentarios de sus lectores en contra de la prensa independiente. Duros, absolutos, generalizadores. Tienen su derecho, sus razones tendrán. Los otros, los que sé que otras personas han escrito, con altura, sin insultos, no aparecen. Sus editores, tan distintos, tan ajenos a las prácticas criticadas de los medios mafiosos, decidieron que no valía la pena leerlos. Vayan entonces. Corran a leer El Ciudadano. Van a estar informados.

martes, octubre 13

Yoani grita desde su isla, desde su encierro

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Yoani Sánchez
Tomada de desdeelmonstruo.blogspot.com

Yoani grita encerrada. Grita desde su isla, que es su prisión. Grita en el twitter, en su blog, en el internet, ya que no puede gritarlo a viva voz en las calles de La Habana, en sus plazas, en una manifestación pública.
Esta semana su grito fue particularmente estridente: por cuarta vez las autoridades cubanas no la dejaron salir de su isla. No le dieron motivos del porqué de la negativa a dejarla viajar a los Estados Unidos a recoger el prestigioso premio María Moors Cabot de la Universidad de Columbia.
Yoani Sánchez, la famosa bloguera cubana licenciada en Filología, que a través de Generación Y le cuenta al mundo lo que no se cuenta en el Granma y la prensa oficial cubana, otra vez fue privada de una libertad básica del ser humano: la de movimiento.
Ya lo hicieron el año pasado, cuando no pudo recoger en España el premio Ortega y Gasset. Ella, que se autocalifica como una "balsera virtual", no se amarga. Grita en su cuenta de twitter que la noche de la premiación celebrará en casa con unos amigos. Remarca que no dejará que la negativa le arruine la felicidad del premio.
Su cuenta de twitter está llena de esos gritos, de metáforas sobre lo que es y no puede ser. Sobre lo que es y quiere ser. Sobre lo que no es y lo que sueña. "Que el mar que nos rodea sea sólo eso: mar y no barrotes o prohibiciones...", reflexiona. "¡Que nos dejen movernos en libertad! Tanto en el mundo virtual como en el real", grita otra vez.
Yoani grita con la yema de sus dedos. Grita cuando ellas tocan cada letra de su teclado en los momentos en los que puede acceder a la red en un país donde eso también se limita a sus ciudadanos.
¿Qué revolución hay sin libertades? ¿Valen la pena ese tipo de revoluciones? ¿Deben ser nuestros espejos? Yoani responde a diario esas preguntas. Debe estar intentándolo hacer en este momento a través de su grito. Es un grito virtual. Pero grito al fin.

miércoles, septiembre 30

La conciencia grita en su propio canal

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Tomado de elcinturondehipolita.com

Hay un cuento de Edgar Allan Poe que me fascina. Se llama William Wilson y su argumento, que retumba como pesadilla, es sencillísimo: Hay una conciencia, en este caso física, que persigue y llega a atacar al personaje central. Es idéntico, parece un clon. Siempre lo desenmascara, lo hace quedar en ridículo cada vez que Wilson destruye. Cada vez que transgrede. Cada vez que delinque. No importa que él sea poderoso, el otro es su sombra, su fantasma más temido.
Me he acordado de William Wilson ahora que estuve por Venezuela y entendí con más fuerza lo que está pasando en ese país con sus medios, polarizados, divididos al máximo, y haciendo cada día menos periodismo y más propaganda, con las excepciones que siempre habrán al generalizar. Me he acordado de William Wilson por Venevisión, un canal que suavizó su línea editorial (algunos hablan que la vendió) con el gobierno de Hugo Chávez. Pasó de ser fuerte crítico y actor importante a nivel informativo en el golpe del 2002, a ser un canal complaciente con el gobierno del principal impulsor del socialismo del siglo XXI en la región.
Y más me acordé de la genialidad de Poe al conocer lo que hace VVlibre, una cuenta de Twitter que algunos periodistas dentro de Venevisión abrieron (obviamente en la clandestinidad) para contar lo que no sale al aire. Para ser la sombra de los censores internos, los que cambian títulos en la web del canal, los que se reúnen con funcionarios que dan indicaciones para que los temas no suenen críticos. Para ser el fantasma más temido con todos esos que hacen propaganda, no periodismo.
"No más silencio, así fue censurada noticia sobre #huelgaoea en nuestra página web"; "Cifras que no verá en nuestro canal: Más de 30 muertes violentas este fin de semana en Caracas"; "Esperando si nos dan la orden de transmitir en vivo a Chávez desde la ONU. Lo cierto que "el imparcial" De la Cotera (ejecutivo de Venevisión) dijo q abrirá noticiero".
Son solo tres muestras de las actualizaciones en la red social de microblogging. Pero también son la muestra de cómo se destruye al periodismo cuando las radicalizaciones en una sociedad comienzan a afectar las tres principales dimensiones de la libertad de expresión: buscar, recibir y difundir información (acá informe que escribí en El Universo).
Ya, cuando cada bando cree tener la verdad; cuando una sociedad se divide sin matices entre los a favor y en contra y cuando los medios caen en esa trampa, allí ya no se hace periodismo, se hace propaganda. El espejo, ahora más que nunca, es urgente para todos.

viernes, julio 31

El esparadrado y la autocensura, el periodismo que quiere el poder de Venezuela

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Tomado de deltonabonafide.com
Periodistas con esparadrapo. Con un aparataje legal encima suyo, como roca suspendida encima de sus redacciones. Periodistas que tengan un terrible fantasma revoloteándolos, ese espectro que se convierte en la peor de las censuras: la autocensura.
Sí, el proyecto chavista de Ley sobre Delitos Mediáticos apunta en el fondo ser eso: Esparadrapo, fantasma, grillete, recuerdo permanente en cada movimiento, cada coma, cada palabra editada, cada escena cortada de los periodistas venezolanos.
La amenaza es cárcel de seis meses a cuatro años para periodistas, dueños de medios y todo aquel que tenga una posibilidad de expresión de su pensamiento en un medio de comunicación impreso, televisivo o de cualquier otra naturaleza (léase blogger, twitteros y todo el mundo infinito del internet). Porque, tal como está estructurado el proyecto de ley, los artistas, cualquier actor, bailarín, puede ser motivo de un castigo por expresarse e infringir la ley, de acuerdo a la subjetividad que esta plantea.
¿Los delitos? Difundir informaciones que puedan atentar contra "la estabilidad de las instituciones del Estado", "la paz social, la seguridad e independencia de la nación", la "salud mental o moral pública" y el "orden público", o que "generen sensación de impunidad o de inseguridad" entre la población.
¿Cómo se definirá qué es atentar contra la salud mental? ¿cómo se puede definir qué es generar sensación de impunidad? "Sensación", una palabra per se subjetiva, se convierte en un mar de posibilidades interpretativas.
El proyecto apunta a castigos fuertes por la divulgación de lo que se califica como noticias falsas que "hubieren producido un perjuicio a los intereses del Estado", que provoquen "gran alteración a la tranquilidad pública" y a los que "manipulen" o "tergiversen" una noticia, "generando una falsa percepción de los hechos o creando una matriz de opinión en la sociedad".
El oficialismo y sus medios de difusión defienden su propuesta. La Agencia Bolivariana de Noticias destacó las palabras de la Fiscal general de la República, Luisa Ortega, que presentó el proyecto ante la Asamblea Nacional (acá la versión en el website de la Fiscalía). “Todo derecho debe tener un límite; pero no pretendemos cercenar la libertad de expresión, sino que se ejerza en el marco del respeto a los derechos de los demás”.
¿Quién determinará la veracidad, el grado de manipulación de una noticia? Aún no se define la entidad pública que lo hará. También el Colegio Nacional de Periodistas de Venezuela se hace preguntas en un comunicado sobre la ley, a la que califica como el primer paso para la Policía del Pensamiento.
"¿Qué entiende la Fiscalía por Delito Mediático? ¿El uso deliberado de un adjetivo? ¿Una apasionada polémica pública entre dos articulistas? ¿La parodia política de un humorista? ¿La publicación de una denuncia que afecte intereses sacrosantos? ¿Las cifras sobre las índices de criminalidad? ¿Las criticas ante los excesos de un poderoso?", inquiere el comunicado.
¿Se necesitan límites? Claro. Los necesarios en las sociedades democráticas y tolerantes con una prensa independiente. ¿Que hay errores en los medios? Por supuesto, como en toda profesión que tiene matices en la calidad de sus profesionales. Pero está claro que lo que ataca este proyecto es la libre fiscalización del poder, un principio universal que defienden los gobiernos demócratas. Un principio de contrapoder necesario. Que equilibra. Que cumple su labor de guardianía de lo que se prometió. Que audita todas esas maravillas ofrecidas que los ciudadanos necesitan saber si son o serán realidad.

Actualización necesaria
Vía Reuters: "Las transmisiones de al menos tres emisoras de radio de Venezuela cesaron el sábado (1 de agosto) luego de que el organismo que regula las telecomunicaciones en el país anunciara en la víspera medidas en contra de 34 concesiones de radio y televisión (...) La medida podría afectar a unas 240 emisoras de radio".

jueves, julio 30

Mediación en medio de la beligerancia

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Tomado de robertamsterdam.com

Hay una guerra, dicen unos. Hay un enfrentamiendo ideológico, pregonan otros. Es una simple confrontación política, también se afirma. El pulso entre el Presidente de la República, Rafael Correa y la prensa independiente es intenso en estos días. Una tensión que se ha ahondado por una incapacidad de entender, desde Carondelet, una de las esencias de este oficio presente en las sociedades democráticas: la fiscalización del poder.
Dentro de ese debate diario, El Telégrafo entregó ayer un excelente aporte de mediación, que es una de las misiones de la prensa (por eso se llaman medios, para mediar). Excelente puesta en escena en sus páginas de opinión en la que diversos articulistas abonaron sus puntos de vista sobre el conflicto Gobierno-medios, asunto que inicialmente fue abordado hace poco por la revista Vanguardia en su tema de portada. Allí, la revista hizo un pedido puntual: "Abra el puño, señor presidente".
Comparto lo que considero es la idea principal de cada articulista junto a preguntas reflexión sobre cada uno de sus argumentos:

"(El conflicto Gobierno-medios) Es una guerra política bajo un peligroso ropaje ideológico que imposibilita la comprensión de muchos ciudadanos".

¿Cómo superamos, los medios, con visión autocrítica, las fallas para llegar al ciudadano de forma práctica y que comprenda este actual proceso político?

"Parte de su trabajo (de la prensa) -no de su mala fe- es mirar al poder, escrutarlo, coincidir con él a veces, criticarlo... jamás meterse a la cama con él".

¿Desde cuándo se olvidó, desde las alturas, que una de las esencias del periodismo es ser contrapoder? ¿O estamos frente a un profundo desconocimiento de la labor histórica del periodismo?

"La opinión pública es una entelequia detrás de la cual no hay nadie más que personajes oscuros".

¿Personajes oscuros? ¿Cuando él integró esa llamanda opinión pública -por muchos años fue periodista-articulista de opinión en periódicos del país-, era parte de esa oscuridad?

"La doctrina, proclamada por Fernando Alvarado (secretario de comunicación), de llenar los medios públicos con contenidos oficiales, se impone a pulso con programas a la medida, desde aquellos elaborados por dependencias del Estado hasta esos otros que, sin serlo, cuentan con ardorosos conductores que entrevistan a mil y un funcionarios y profesan a ultranza los valores de la Revolución Ciudadana".

¿Los medios llamados públicos están haciendo el periodismo del deber ser, ese que se exige todos los sábados? ¿Hay que dejar de comprar, de ver, como nos sugieren todos los sábados, los otros medios e informarse "correctamente" con los públicos en donde sí se dice la verdad?

"Como lectora o televidente debo confesar que me enfurece encontrarme con reportajes sustentados en una sola fuente, con concepciones de ciudadanía o cultura del siglo XIX, con párrafos con encabezados de 'algunos piensan', 'muchos opinan' o peor aún, con críticas a programas, proyectos, evaluaciones del gobierno o algún municipio que se centran más en criticar a las personas que llevan a cabo ese programa en lugar de al programa en sí".

¿El vértigo del oficio nos lleva a cometer errores crasos como el unifuentismo? ¿Qué prácticas debemos mejorar en las redacciones para no ser acorralados por la adrenalina del cierre y cometer equivocaciones que luego se interpretan como omisiones premeditadas?

martes, julio 21

El asesinato de Watergate

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Lectores en el día de la renuncia de Nixon tras el caso Watergate, que fue denunciado por el Washington Post.
Tomado de pro.corbis.com

Todos los sábados los periodistas ecuatorianos recibimos una clase magistral del oficio. En las redacciones, allí, en medio de las computadores y los escritorios desordenados con montañas de papel, otros compañeros sabatinos que se unen son dos cantantes argentinos: Piero y Víctor Heredia. "Todos los días, todos los días, los diarios publicaban porquerías...", recuerda el primero. "Mienten, mienten, mienten, ¡qué forma de mentir!", denuncia el segundo.
El primer compañero sabatino es Rafael Correa, el Presidente de la República, con su enlace presidencial en el que informa de sus actividades a sus mandantes. Es él también el profesor de periodismo al que le fascinan los estribillos de los otros dos ya inseparables compañeros. Su cátedra del sábado pasado giró en torno a cómo sólo deben publicarse en los diarios información verificada. Se basa en un artículo de la Constitución, el 18, que lo repite insistentemente.
Así, para él es un error que diario El Comercio haya entrevistado a su ex Gobernador de la provincia de Loja, quien aseguró que sí le había informado al presidente a su debido momento sobre los contratos millonarios de su hermano con instituciones públicas. Es un error, según Correa, porque Nilo Córdova es un "descalificado".
Ese es su argumento, al que añade de manera muy inteligente un juego interesantísimo de lógica. Correa dice que la prensa puede, entonces, si quiere destruir a alguien, entrevistar a un hijo de vecino para que denuncie que tal o cual persona es un narcotraficante. O que él puede "ordenar" a los medios estatales El Ciudadano y El Telégrafo hacer algo parecido. No lo digo yo, allí está la fuente, argumenta el presidente.
Pero analicemos cuál es el argumento que por generaciones han usado los periodistas para aproximarse a una fuente. Aquellos de técnica periodística, de manejo del oficio, de conocimiento del deber ser de este maravilloso campo, que han permitido que esta institución (la periodística) tenga la credibilidad, por varios siglos ya, para que cualquier ciudadano, de cualquier parte del mundo, decida si se mete o no la mano al bolsillo y compre un ejemplar en el que cree.
Uno de los argumentos más sencillo es el de la cercanía de la fuente con alguien, con algo de lo que estamos reporteando. Otro es la credibilidad de esa fuente. A un doctor especializado en corazón le preguntaremos sobre enfermedades cardiacas, obviamente. Y si Nilo Córdova, ex Gobernador de Loja, por consecuencia ex personaje cercano hasta hace muy poco a Correa, nos dice que le advirtió de actos graves en su gobierno al Presidente por los que hoy el país debate profundamente, ¿no es lógico que se asuma esa fuente como importante?
No hay análisis serio, profesional sobre periodismo que pueda asegurar que esa fuente es descartable. ¿Por qué habría de serlo? ¿Porque al presidente no le conviene? ¿porque ahora no está a favor de su tesis? ¿porque denunció irregularidades en las primarias de PAIS en su provincia? ¿Cuándo una fuente es creíble? ¿Cuando es un ministro, un subsecretario o su asesor jurídico? ¿A esas no hay que verificarlas luego de una rueda de prensa?
Si ejecutáramos la teoría periodística de Rafael Correa los diarios tendríamos que salir con bastantes páginas en blanco. O repletas de las voces oficiales, como antaño, con ese periodismo repleto de la verborrea de relacionistas públicas burocráticos.
Con la teoría periodística de Correa, por ejemplo la reserva de la fuente, un principio universal del ejercicio periodístico en diversas democracias, sería un disparate. Con la teoría periodística de Correa, entonces, jamás hubiera existido Watergate. Bob Woodward y Carl Bersntein hubieran tenido que verificar ese primer soplo, ese primer hilo que al principio era solo una pista, que finalmente los llevó a revelar un monumental manejo corrupto de la administración de Richard Nixon, como presidente de los Estados Unidos. ¿Y quién, en la administración Nixon, les iba a decir "sí, claro, son y somos corruptos, hicimos tal cosa, anda publícalo"?
Y sin Watergate, el periodismo no hubiera tenido esa semilla que ha germinado en varias generaciones de perros guardianes que fiscalizan al poder para beneficio de la sociedad. Con errores, por supuesto. Con negligencias y corrupción, desde luego. Sin Watergate no hubiera existido muchísimos de esos periodistas que han destapado la pus en Argentina, Colombia, Perú, Ecuador, Chile, Costa Rica, Venezuela y más. Y que se los sigue necesitando. Que se los necesitará siempre para el bien de las sociedades democráticas.
Son principios universales los que están en juego. Son esencias que tienen siglos de vigencia. Son los derechos fundamentales los que se atacan con esta tesis de Correa. Es el asesinato de Watergate.

martes, julio 7

Y el verbo se hizo golpes

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El grito, de Munch.
Tomado de www.ciudadredonda.org

La palabra violenta se transforma. La palabra agresiva se convierte en puño. La palabra revestida de escarnio baja en forma de patada. Es una mutación que viene desde arriba, y que desde abajo se entiende como necesaria, como consecuencia obvia del mensaje encendido. De ese mensajero iluminado que los guía.
El puño, la patada, el robo, la llegada a la clínica lo vivieron hoy en Quito dos periodistas de El Comercio, según la nota que publica este diario en su sitio web. Mariela Rosero y el fotógrafo Martín Jaramillo recibieron vejámenes de supuestos estudiantes de la Universidad Central durante una cobertura. Eran jóvenes "revolucionarios". "¡Agente de la CIA!", le gritaban a la periodista durante la agresión, relata en su blog el Coordinador de Opinión de El Comercio, Rubén Darío Buitrón.
Parece que el mensaje violento comienza a calar. Que la campaña sostenida, repleta de adjetivos (mafias, bestias salvajes, corruptos, mediocres, vendidos, enanos, gorditas horrorosas....) empieza a generar un grado de animadversión en determinados grupos radicales. Que ellos ya no se contentarán con el grito, con la risa burlona, sino que buscarán algo más. Espero equivocarme.
Parece que en el Ecuador de hoy estamos empezando el proceso inicial -ya consolidado en Venezuela-, de agresiones a los periodistas. De golpes en coberturas clave a los comunicadores que tengan una postura crítica, independiente, en sus informaciones sobre el Gobierno. Chaleco conocido, periodista golpeado es una realidad en eventos complicados en la Venezuela chavista.
Y parece también que aquellos sectores radicales que comienzan a apuntar con más fuerza sus dardos y que ya chocan su puño derecho contra su palma izquierda, se olvidan que sí hay una prensa independiente que ha logrado mostrar las podredumbres de los últimos 30 años. Con falencias, sí. Con caídas, sí. Con falta de autocrítica, claro. Con errores, por supuesto, como en todas las profesiones en donde solo la utopía puede hablar de perfección. Esa prensa independiente existe en Ecuador y es necesaria como contrapeso vital en una sociedad democrática.
¿Esperamos más agresiones? ¿Otros robos sospechosos como el del pasado viernes a la revista Vanguardia en Quito, en su día de cierre, en el que se llevan todas las computadoras de la Redacción, pero no las de recepción? ¿Esas agresiones físicas las vamos a asumir como gajes del oficio? ¿Como parte de los procesos revolucionarios? A mí me parece que hoy el verbo, la palabra, se hizo golpes. Y eso es algo grave. Muy grave.

sábado, julio 4

Internet, ese terror para el totalitarismo

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Tomado de http://reusser.files.wordpress.com

Irán lo restringe. China lo bloquea. Cuba asusta a sus usuarios. El internet es una tormenta constante, en estos momentos, para el poder represivo en diversas partes del mundo. Es una angustia para los regímenes en los que no se respeta la libertad de expresión.
La revuelta iraní ha mostrado una vez más el poder de la red. El impresionante vértigo de las redes sociales es más eficaz y cualquier fuerza élite, poder militar o medios oficiales (públicos también le llaman), no pueden imponer la censura o la propaganda benigna frente a a la fuerza escurridiza del internet. No logran parar el asombroso desarrollo instantáneo del microblogging Twitter, o el impacto de un video subido casi al instante por YouTube. Solo se necesita un teléfono móvil, una laptop, una PC escondida y mucha adrenalina.
¿Por qué asusta tanto el internet a este tipo de poder? La respuesta suena obvia. La red es la herramienta perfecta para una nueva era de ilustración luminosa en sociedades oscuras para el libre debate. En esas sociedades donde se quiere imponer una sola verdad, en la que se quiere inducir a pensar en blanco o negro, sin matices, y en las que la prensa oficial les susurra que todo es maravilloso, que sus líderes no se equivocan.
Asusta porque es, también, el nuevo Enciclopedismo, ya no el francés de Diderot, sino el que impone Wikipedia y que puede generar escozor en un gobierno que no quiere que se recuerden sus masacres o las contradicciones a su postura política.



Tomado de http://mark-story.com

"El algún momento estable candado de un régimen acostumbrado a decirle a sus ciudadanos cómo ocurrieron las cosas, en donde los estados han contado su entorno mediático por largo tiempo, está amenazado", se asegura en el libro Acces Denied (Acceso negado), un gigantesco estudio basado en trabajos de la ONG OpenNet Initiative, una entidad de colaboración conjunta para hacer veedurías a la libertad de expresión on line de las universidades de Harvard, Cambridge, Oxford y Toronto. Con la ayuda de expertos mundiales se analizaron y clasificaron los países que más restricciones y bloqueos tienen para que sus ciudadanos naveguen por internet.
Veamos ejemplos. China, según una nota de The New York Times, ordenó que a partir del 1 de julio todas las computadoras personales vendidas en el país incluyan un software sofisticado que bloquee o filtre pornografía, pero también cualquier "información nociva". Este software permitirá a las autoridades actualizar con frecuencia las computadoras con una lista eternamente cambiante de websites prohibidos.
Cuba tiene una censura más dolorosa: la de la pobreza. Allí, según un informe de Reporteros Sin Fronteras, sus ciudadanos tienen que registrarse para entrar a un café internet del Estado, pagar por hora 2 dólares por un servicio nacional (solo e-mails) o uno internacional (que le permite acceder a toda la web) por 5,60, casi la tercera parte del salario mensual promedio. Eso, sin contar con que si tipea un nombre antirrevolucionario o alguna palabra que suene a disidencia, una ventana se abrirá advirtiéndolo y le anunciará el cierre por razones de "seguridad estatal".






Video tomado de un celular que muestra la muerte de Neda. Fue reproducido por las grandes cadenas.

Y en Irán, donde es prohibido tener acceso a una conexión mayor a 128 kbps en casas o sitios públicos (lo que limita la descarga de contenidos audiovisuales que puedan competir con los medios oficiales), la Guardia Revolucionaria, según informe de OpenNet Initiative, continúa la expansión y consolidación de su sistema de filtros de websites.
Sí, el internet aterroriza al totalitarismo. Los blogs, Facebook, Twitter, Flickr, YouTube y compañía son las gacetillas modernas que recuerdan a las que abrieron los ojos en siglos pasados a los que creían en la divinidad e infalibilidad de sus reyes corruptos. Son los instrumentos para contar que existe el Gran Hermano, pero el verdadero, no esa caricatura ridícula que nos viene vendiendo la televisión para alimentar el morbo del movimiento debajo de las sábanas. El real, el descrito por George Orwell en su novela 1984, está allí. Ese que lo controla y decide todo en el poder.

viernes, abril 24

La penosa ausencia del contrapoder

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Carlos Vera, periodista ecuatoriano.

Foto tomada de www.miplumamivoz.com

Horacio Verbitsky, el polémico periodista argentino, ya dejó una frase clásica para la profesión: "Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa, de la neutralidad los suizos, del justo medio los filósofos y de la justicia los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?".
Carlos Vera, el principal entrevistador televisivo del Ecuador, y hasta la semana pasada director del programa de opinión Contacto Directo de la cadena Ecuavisa, echó harta sal en las heridas. La restregó, cuando la untaba en algunas podredumbres que hemos vivido los ecuatorianos en los últimos treinta años. Fastidió a muchísimos poderosos. Los hizo tener rabietas cada mañana. Les eliminó, con sus denuncias, con su periodismo mordaz (sí, a veces vanidoso, muchas veces pretensioso), esas sonrisas eternas para transmutarlas en cascadas de bilis mezcladas con el croissant de las siete de la mañana. Los hizo atragantarse ese desayuno.
Por eso la frase de Verbitsky se me aparece hoy como ráfaga. Y me hace acuerdo de que su salida (la partida de Carlos Vera de Ecuavisa por presiones político-empresariales) es una pérdida para el periodismo.
Pierde el periodismo. Pierde la sociedad que necesita un periodismo de contrapoder, ese que si se lo ejerce con ética y responsabilidad es un sano equilibrio mediador entre los que tienen la potestad de gastar o invertir el dinero de los ciudadanos, sus tributos o aquellos que administran las instituciones que nos deben servir con eficiencia desde el nacimiento hasta la muerte.
Pierde el periodismo. Se afecta la capacidad de ofrecer ese espacio para contar, de manera crítica, lo que los ministros, los burócratas de turno, aseguran que está perfecto, caminando maravillosamente en un sendero de eficiencia fenomenal, que cambia 179 años de vida republicana ineficiente de un solo plumazo. Porque cada gobierno es eso, un desfile de proclamas -cada vez más elaboradas a medida que se modernizan y goebbelizan más los instrumentos de propaganda- de que todo marcha de una manera revolucionaria. Como nunca antes.
Pierde, también, el poder de la palabra rebelde. Ryszard Kapuscinski -ese maestro polaco y universal que decía que el verdadero periodismo es intencional (es decir, se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio)- recordaba en El Sha esa necesidad vital de las palabras, de aquellas que "circulan libremente, palabras clandestinas, rebeldes, palabras que no van vestidas de uniforme de gala, desprovistas del sello oficial".
Sí, pierde el periodismo. Porque triunfa el silencio acrítico, esclavo de la sonrisa del poder.

jueves, marzo 5

Reflectores para el poder, no periodismo aséptico

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La venganza de los carteles mexicanos llena morgues diariamente en este país.
Tomado de www.larazon.es

México se está desangrando. Cifras recatadas precisan que unas 14 personas por día murieron el 2008 por crímenes relacionados a la guerra entre las bandas de narcotraficantes y en lo que va del 2009 la media ya superó los 15 asesinatos.
Los medios, los analistas, hablan de que la crítica situación de violencia es una amenaza a la viabilidad del Estado y de la propia nación mexicana. Las autoridades movilizan al Ejército y a la Policía, pero la situación no se puede controlar. La franja fronteriza norte está bajo poder del narcotráfico, se informa; es noticia cuando Ciudad Juárez no tiene muertos un día, y el poder hace las típicas declaraciones de que la situación puede estar bajo control.
Tanto temor generan los narcos que Rick Perry, Gobernador de la fronteriza Texas, en los Estados Unidos, pidió a su Gobierno que envíe tropas ante un posible esparcimiento del terror hacia territorio estadounidense.
El temor lo tiene también el poder. Además,le tiene miedo a la prensa. Esta semana, el Procurador General de México, Eduardo Medina Mora, levantó polvareda con un pedido a los periodistas en el que usó un eufemismo: autorregularse, pero que en la práctica es un pedido de autocensura.
"Cuando la violencia se muestra repetidamente fuera del contexto de su combate, la criminalidad se trivializa, aparece como omnipotente e invencible y provoca desánimo o parálisis entre la población". Palabras más, palabras menos, la esencia de esta frase es la misma que la del ex ministro de Gobierno de Ecuador, Fernando Bustamante: la prensa acrecienta la percepción de la delincuencia.


Infografía de Milenio (aquí ampliada). Las muertes del narcotráfico en enero del 2009 en comparación con el mismo mes en años anteriores.

Medina se refiere a su escenario: el mexicano. Un análisis de la AFP sobre el debate resume así este cuadro: "Las imágenes de decapitados, incinerados, cuerpos diluidos en ácido, así como mantas (pancartas) que cuelgan en puentes y parques públicos a través de los cuales los narcos se amenazan y a veces vinculan a funcionarios con el crimen organizado, son algunos de los contenidos cotidianos en la radio, televisión y periódicos en México".
El debate es viejo. ¿Las cosas no existen porque la prensa no las informa? ¿Los crímenes se reducen si no aparecen jerarquizados en las páginas de los diarios? ¿Cuánto de show les damos a los criminales cuando se publican sus mensajes, sus cadáveres con letreros que indican una nueva venganza? ¿Cuál es el real deber del periodismo frente a este escenario?
La respuesta es obvia. La sociedad necesita un periodismo que muestre su espejo. Que abra, con ética, sin sensacionalismos, con prudencia que no significa autocensura, un debate sobre la realidad. Que sea un necesario contrapoder; que critique, si la existe, la inacción o negligencia del Estado para defender a los ciudadanos, esos que pagan sus impuestos para que el aparataje de seguridad estatal funcione. Que informe también de las mejoras y éxitos en esa lucha contra la criminalidad.
Lo que se necesita es una prensa que conjugue el triángulo de los valores fundamentales que se repiten en los Códigos de Ética de los medios del mundo: Verdad, Responsabilidad e Independencia.
Javier Darío Restrepo, periodista colombiano, instructor de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, quien es ya un clásico al hablar de ética periodística, ha topado el tema en bastantes oportunidades en sus charlas. En Sala de Prensa, asegura lo siguiente:
"Ante un terrorista que con su bomba se propone difundir el miedo, la desconfianza y la admiración aterrorizada por la aparición de un nuevo poder, ¿es posible que la palabra del periodista genere serenidad, confianza y rechazo del nuevo poder? En varios talleres hice ese ejercicio, en todos se comprobó que un periodismo pasivo y rutinario le da la razón a la señora (Margaret) Tatcher, de quien es la afirmación sobre la simbiosis entre terroristas y periodistas; y se descubrió que un periodismo activo y de propuesta tiene técnicas y recursos para enfrentar con eficacia la palabra a las bombas".
De regreso a México, su prensa y varios sectores respondieron con indignación al pedido de su Procurador.
"Hay que ponerles los reflectores a los narcotraficantes, hay que ponerlos en una casa de cristal, para que todo mundo pueda verlos, dar testimonios y combatirlos. La oscuridad, la censura, lo confuso, no favorece la lucha contra el crimen organizado", indicó el presidente de la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía del Senado de la República, Carlos Sotelo, según recogió La Jornada.
¿Reflectores a los narcotraficantes? Más bien luces intensas para el proceso criminal. Para ellos están las leyes. Los reflectores potentes, los necesarísimos, deben ser para los que los dejaron crecer. Para los que no los saben controlar. Para los que viven de sus coimas.

martes, febrero 10

La verdadera audacia del contrapoder

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Roberto Saviano, periodista italiano.
Tomado de www.esferainformativa.com
Tiene 29 años y está condenado a muerte. Vive, desde el 2007, rodeado de seguridad. No puede ni siquiera usar una tarjeta de crédito y él mismo dice que su vida tendrá un rápido fin. "Sé que acabarán conmigo. Tarde o temprano lo harán".
El que anticipa su final -que sabe de memoria que sus implacables cazadores tienen 100 kilos de TNT y un generoso arsenal de metralletas y pistolas- es un periodista napolitano: Roberto Saviano. Su cabeza está pedida por haberse atrevido a publicar en el 2006 un libro, Gomorra, que tuvo un éxito implacable en las librerías de Italia y el mundo entero, pero sobre todo en mostrar las miserias de la mafia napolitana, la famosa Camorra, e ir más allá, en su propia tierra, al exponer ante el mundo que ese concepto de bandoleros Robin Hoods que solo a veces asesinaban, había mutado a una poderosa organización con ramificaciones internacionales que controla el negocio de la droga y algunas otras industrias del terror.
Múltiples premios no cambian la vida de Saviano. Es una "no vida", como se la calificó en un perfil entrevista que le realizó diario El País hace pocos días, al acompañarlo en una de sus jornadas diarias en las que cinco oficiales de seguridad élite lo acompañan hasta para el más mínimo movimiento que un ser humano pueda hacer. Está encerrado en sí mismo. Este héroe nacional, como lo ha llamado Umberto Eco, está preso en vida por contar.
Pero él aún desafía ese destino que advierte que lo va a atrapar. "Contar es resistir" dijo hace poco al recibir un premio más: el Vázquez Montalbán. Por eso, por esa resistencia que comenzó con sus relatos de Gomorra, su propio gobierno lo considera un ícono de la libertad de expresión, al punto que la guardia permanente fue una obligación estatal para el Ministro del Interior italiano, porque lo que estaba en juego era la libertad de expresarse frente a un poder que quiere deslegitimar y callar todo a punta de pistola y de compra de conciencias.


Gomorra, edición en español. En Italia ha vendido
más de 2 millones de copias y se la ha traducido en 33 idiomas.
Tomado de www.robertosaviano.it
Saviano es la imagen viva de lo que es la audacia del contrapoder en el periodismo. Ese que se juega la vida -no solo porque una pistola pagada lo puede estar esperando en cualquier sitio al que vaya- sino porque literalmente su realidad se transformó al decidir contar. Su novia lo dejó, sus amigos lo abandonaron, sus paisanos lo acusaron de traidor, su familia está desmembrada. Hoy, su mayor contacto con su mundo (o lo que queda de él), es su celular y la posibilidad de mensajear con él. O también la virtualidad de Facebook, donde los jóvenes que lo admiran le envían mensajes de apoyo.
Saviano lo sabe. Sabe que su vida está destruida. Que, como lo cuenta en El País, a veces se desespera dentro de su habitación y da puñetazos en las cuatro paredes que lo encierran.
Pero sabe también que lo que hizo es un ejemplo, de esos que perduran. De esos que dejan huella y que cambian cosas. Porque contar, porque ejercer ese contrapoder periodístico necesario en la sociedad, tiene sentido. Debe tenerlo.
"Contar la verdad me ha ayudado a alejar las sombras que tenía encima y dentro. En parte han ganado ellos, por hacerme vivir así. Pero por otro lado han perdido. En Facebook hay miles de jóvenes discutiendo sobre la Camorra. Me han destruido la vida, pero lo que yo he hecho ya no es mío. Es de los niños".

jueves, enero 22

Y luego vinieron por mí

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El periodista Lasantha Wickrematunge.
Tomado de postchronicle.com

Lasantha Wickrematunge fue asesinado. Le dispararon dos hombres en un suburbio de Colombo, en Sri Lanka, el pasado 8 de enero, solo tres días después que este editor en jefe del periódico The Sunday Leader de este país predijera su propia muerte en manos de la maquinaria del horror del gobierno.
Crítico feroz de los excesos en el poder de un Gobierno cingalés famoso por su intolerancia hacia una prensa independiente, Wickrematunge era uno de los periodistas más conocidos de Sri Lanka, el país asiático (ex colonia británica) que lleva una guerra civil intensa desde 1983 con la guerrilla de los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil (LTTE).
Tres días antes de su muerte, Wickrematunge, de 50 años, escribió este texto en inglés en The Sunday Leader , periódico que fundó. Lo tituló "Y luego vinieron por mí".
Es una promesa ante el oficio. Es una confesión de amor por el periodismo. Es, también, un texto necesario de conocer. Por eso les adjunto la traducción íntegra del contenido que considero valioso para entender la realidad lacerante a la que se puede llegar en cualquier latitud por las miradas estrechas y equivocadas ante la libertad de prensa. La mayor parte es traducción mía y la otra la obtuve del suplemento Crónicas de El Mundo de Madrid, que asegura que la posición del director del Leader era aún más comprometida "porque iba contra la corriente de una sociedad que, alimentada con fuertes dosis de nacionalismo y patriotismo militante, celebraba estos días con juegos artificiales y petardos las victorias militares que han llevado a las fuerzas gubernamentales a controlar la práctica totalidad de la península de Jaffna".

Y luego vinieron por mí

Por Lasantha Wickrematunge

Ninguna otra profesión llama a sus practicantes a rendir sus vidas por su arte, salvo las Fuerzas Armadas y, en Sri Lanka, el periodismo. En el curso de pocos años, los medios independientes han estado cada vez más bajo un ataque en crecimiento. Tanto medios electrónicos como impresos han sido quemados, bombardeados, cerrados y coercionados. Innumerables periodistas han sido acosados, amenazados y asesinados. Para mí ha sido un honor pertenecer a todas esas categorías y ahora, especialmente, a la última.

He estado en el negocio del periodismo por un buen tiempo. En efecto, este 2009 será el año número 15 de The Sunday Leader. Muchas cosas han cambiado durante este tiempo, y no necesito decirles que la mayor parte del cambio ha sido para peor. Nos encontramos en medio de una cruel guerra civil proseguida por protagonistas cuya lujuria sanguínea no conoce límites. El terror, ya sea perpetrado por terroristas o por el Estado, está a la orden del día. El asesinato se ha convertido en la herramienta principal dondequiera que el Estado busque el control de los órganos de libertad. Hoy son los periodistas, mañana serán los jueces. Para ninguno de los dos grupos los riesgos han sido tan altos o las apuestas tan bajas.

¿Por qué entonces lo hacemos? A menudo me pregunto eso. Después de todo, también soy un esposo y el padre de tres hermosos hijos. También tengo responsabilidades y obligaciones que trascienden mi profesión, ya sea en las leyes o en el periodismo. ¿Vale la pena? Mucha gente me dice que no. Amigos me dicen que vuelva al bar, y Dios sabe que ello ofrece una vida mejor y más segura. Otros, incluyendo líderes políticos de ambos bandos, han buscado varias veces inducirme a ingresar a la política, llegando tan lejos hasta ofrecerme ministerios a mi elección. Diplomáticos, reconociendo el riesgo que enfrentan los periodistas en Sri Lanka, me han ofrecido salvoconductos seguros y el derecho de residencia en sus países. Cualquier cosa más por la que yo haya estado metido, no lo estuve por elección.

Pero hay un llamado que está más allá de las altas oficinas, de la fama, del lucro y la seguridad. Es el llamado de la conciencia.

The Sunday Leader ha sido un periódico controversial porque decimos lo que vemos: ya sea una pala, un ladrón o un asesino, lo llamamos por su nombre. No nos escondemos tras eufemismos. Los artículos investigativos que publicamos se han basado en evidencia documental gracias a la espiritualidad pública de ciudadanos que, con gran riesgo para ellos, nos dieron este material. Hemos expuesto escándalo tras escándalo, y nunca, por una sola vez en estos 15 años, alguien nos ha probado algún error o nos ha enjuiciado con éxito.

La prensa libre sirve como un espejo en el que el público puede verse a sí mismo sin una máscara y gel corrector. Ustedes aprendieron de nosotros la realidad de la nación y especialmente su manejo por la gente que eligieron para darle a nuestros niños un futuro mejor. Algunas veces la imagen que ven en ese espejo no es placentera. Pero mientras ustedes puedan refunfuñar en la privacidad de su sillón, los periodistas que les sostienen el espejo levantado lo hacen tan públicamente y con un gran riesgo para ellos. Ese es nuestro llamado y no le rehuimos.


Las secuelas de la guerra civil en Sri Lanka. Pueblos divididos y más de
50 mil muertos, según datos de la BBC. Tomado de catchthefire.com.au

Cada periódico tiene su postura y no escondemos el hecho que tenemos la nuestra. Nuestro compromiso es mirar a Sri Lanka como una democracia transparente, secular y liberal. Piensen en esas palabras, porque cada una de ellas tiene un profundo significado. Transparente, porque el gobierno debe ser una cuenta abierta al pueblo y nunca abusar de su confianza. Secular, porque en una sociedad multiétnica y multicultural como la nuestra, el secularismo ofrece el único terremo común por el cual podríamos estar unidos. Liberal, porque reconocemos que todos los seres humanos son creados diferentes y necesitamos aceptar a los otros por lo que son y no por lo que nos gustaría que fueran. Y democrática... bueno, si necesitan que les explique por qué esto es importante, mejor dejen de comprar este periódico.

The Sunday Leader nunca ha buscado seguridad al articular sin cuestionamientos el punto de vista mayoritario. Enfrentémoslo, esa es la forma de vender periódicos. Por el contrario, como lo demuestran a lo largo de los años nuestras piezas de opinión, a menudo dimos voz a ideas que mucha gente encuentra sin gusto. Por ejemplo, hemos consistentemente abrazado la visión de que mientras el terrorismo separatista debe ser erradicado, es más importante apuntar a sus raíces, y hemos urgido al gobierno a ver la disensión étnica de Sri Lanka en el contexto de la historia y no a través del telescopio del terrorismo. Hemos, además, agitado contra el terrorismo en la tan llamada guerra contra el terror, y no hicimos secreto nuestro horror el que Sri Lanka sea el único país en el mundo que rutinariamente bombardea a sus propios ciudadanos. Por estos puntos de vista nos han etiquetados como traidores, y si esto es traición, pues llevamos esa etiqueta orgullosamente.

Mucha gente sospecha que The Sunday Leader tiene una agenda política: no es así. Si nos mostramos más críticos del gobierno que de la oposición es solamente porque creemos que- ruego excusarme al usar el argot del cricket- no hay anotación cuando se bolea al lado de los fildeadores. Recuerden que en los pocos años de nuestra existencia en que la UNP ha estado en el poder, probamos ser la más grande espina en su cuerpo, exponiendo los excesos y la corrupción donde sea que ocurriese. En efecto, la estable publicación de vergonzozas situaciones bien podría haber servido para precipitar la caída del gobierno.

Pero nuestro disgusto por la guerra no debería interpretarse como un apoyo a los Tigres. El LTTE está entre las más despiadadas y sangrientas organizaciones que jamás hayan infestado el planeta. No es un triunfo el decir que debe ser erradicada. Pero hacerlo violando los derechos de los ciudadanos tamiles, bombardeándolos y disparándoles inmisericordemente, no sólo es equivocado, sino que avergüenza a los cingaleses, cuyo clamor por ser custodios del Dhamma es eternamente puesto en duda por esta postura salvaje, mucha de la cual es desconocida debido a la censura.

Lo que en realidad es más una ocupación militar del norte y este del país condenará a la gente tamil de aquellas regiones a vivir eternamente como ciudadanos de segunda clase, privados de toda autoestima. No crean que podrán aplacarlos mostrando "desarrollo" y "reconstrucción" en la era post-guerra. Las heridas de la guerra los aterrorizará por siempre y tendrán también una aún más amarga y odiosa diáspora para contener. Un problema susceptible de una solución política se tornará así en una herida enconada que dará paso a una confrontación eterna. Si me veo molesto y frustrado es solamente porque la mayoría de mis compatriotas -y todos los del gobierno- no puedan ver este escrito tan claramente en la pared.

Se sabe muy bien que he sido atacado brutalmente dos veces y que en otra ocasión mi casa fue tiroteada con ametralladoras. A pesar de las declaraciones hipócritas del gobierno, la Policía nunca llevó a cabo una investigación para descubrir a los autores de estos ataques y los agresores nunca fueron detenidos. En todos estos casos tengo motivos para creer que los ataques fueron propiciados por el Gobierno. Cuando finalmente sea asesinado, será el Gobierno quien me asesine.

Lo irónico de esto -algo que ignora la mayor parte de la sociedad-, es que el presidente Mahinda Rajapaksa y yo somos amigos desde hace más de 25 años. De hecho, sospecho que soy una de las pocas personas que suele llamarle por su nombre y emplear el tratamiento familiar en cingalés -oya- al hablar con él.

Mahinda Rajapaksa, presidente de Sri Lanka.
Tomado de seithy.com

Aunque no asisto a las reuniones que suele organizar periódicamente con los directores de periódicos, casi nunca pasa un mes sin que nos veamos, en privado o con algunos amigos íntimos, a altas horas de la noche en la residencia presidencial. En estas ocasiones intercambiamos anécdotas, hablamos de política y hacemos bromas sobre los buenos tiempos. Por tanto, resulta apropiado que le dirija unos comentarios en estas líneas.

Mahinda, cuando finalmente lograste abrirte camino y obtener la candidatura a la presidencia por el Partido Libertad de Sri Lanka en el 2005, en esta columna recibiste una acogida más favorable que en ningún otro lugar. De hecho, rompimos con una tradición de una década al emplear tu nombre, en lugar de tu apellido, para hablar de ti. Eran tan conocidos tus compromisos con los derechos humanos y los valores liberales que te recibimos como una bocanada de aire fresco. Más tarde, en un acto de temeridad, te viste involucrado en el escándalo de Helping Hambantota. Después de un profundo examen de conciencia revelamos lo ocurrido y te instamos a que devolvieras el dinero. Para cuando lo hiciste, varias semanas más tarde, tu reputación ya había recibido un duro golpe. Es algo que aún intentas olvidar.

Tú mismo me dijiste que no anhelabas la presidencia. No tuviste que anhelarla: la pusieron a tus pies. Me has dicho que tus hijos son tu mayor felicidad y que te encanta estar con ellos cuando permites que tus hermanos manejen la maquinaria del estado. Ahora quedará claro para todos que esa maquinaria ha sido manejada tan bien que mis hijos perderán a su padre.

Tras mi muerte sé que harás las declaraciones hipócritas de costumbre y pedirás a la Policía que lleve a cabo una investigación rápida y exhaustiva. Pero al igual que ha sucedido con todas las investigaciones anteriores esta tampoco descubrirá nada. La verdad es que ambos sabemos quién estará detrás de mi muerte, pero no nos atrevemos a decir su nombre. Pues no sólo mi vida está en juego, sino la tuya también.

Tristemente todos los sueños que tuviste para nuestro país en tus días de juventud, en tan solo tres años los has reducido a la basura. En el nombre del patriotismo has pisoteado los derechos humanos, alimentado una desenfrenada corrupción y derrochado dinero público como ningún otro presidente antes que tú. De hecho, tu conducta ha sido como la de un niñito que de repente se lo suelta en una juguetería. Esa analogía es, quizás, inadecuada, porque ningún niño ha causado tanto derramamiento de sangre en esta tierra como lo has hecho, o pisoteado los derechos de sus ciudadanos como tú. A pesar que estás tan embebido del poder que no te deja ver, tendrás que lamentar que tus hijos sean tan ricos en una herencia de sangre. Ello solo puede traer tragedia. Por mi parte es con una clara conciencia que voy al encuentro con mi Creador. Deseo, cuando te llegue tu momento final, que puedas hacer lo mismo. Lo deseo.

Por mi parte, tengo la satisfacción de haber caminado siempre erguido y de no haberme doblegado nunca ante ningún hombre. Y no he hecho este viaje solo. Otros compañeros de otras ramas de los medios informativos han caminado conmigo: casi todos están muertos, encarcelados sin juicio o exiliados en países lejanos. Otros caminan bajo la sombra de la muerte que tu presidencia ha proyectado sobre las mismas libertades por las que antes luchaste con tanta fuerza. Nunca se te permitirá olvidar que mi muerte se ha producido bajo tu mirada. Aunque reconozco que estarás angustiado, también sé que no tendrás más remedio que proteger a mis asesinos: te encargarás de que los culpables nunca sean condenados. No tienes más remedio. Me apena por ti, y Shiranthi tendrá un largo tiempo para estar de rodillas cuando luego vaya a confesar no sólo sus propios pecados que deba confesar, sino aquellos de su extendida familia que te mantiene en el poder.

A los lectores de The Sunday Leader, qué otra cosa puedo decirles sino darles las gracias por el apoyo que han brindado a nuestra misión. Hemos apoyado causas impopulares, defendido a los débiles que no podían defenderse, chocado de frente con los poderosos que, hinchados de poder, habían olvidado sus orígenes; hemos denunciado la corrupción y el despilfarro de las rupias de sus impuestos que tanto les ha costado ganar, y nos hemos asegurado de que, independientemente de la propaganda del día, pudieran escuchar una opinión contraria.

Por esto, mi familia y yo hemos ahora pagado el precio que sabía, desde hace mucho tiempo, que algún día debía pagar. Estoy, y siempre he estado, dispuesto a pagarlo. No he hecho nada para evitar las consecuencias: no tengo seguridad, no tomo precauciones.Quiero que mi asesino sepa que no soy un cobarde como él, que no me oculto tras escudos humanos mientras condeno a miles a la muerte. ¿Quién soy yo entre tantos? Hace mucho que está escrito que me quitarán la vida y también quién lo hará. Lo que queda por escribirse es cuándo se hará.


Sepelio de Lasantha Wickrematunge. Su ex esposa, Raine, madre de sus
tres hijos, llora junto al cadáver. Tomado de sundaytimes.lk

Que The Sunday Leader continuará librando una guerra justa también está escrito. Pues no he luchado solo. Muchos más de los nuestros tendrán que ser -y serán- asesinados antes de que entierren al Leader. Espero que mi asesinato no se entienda como un fracaso de la libertad, sino como una fuente de inspiración para que los supervivientes redoblen sus esfuerzos. De hecho, espero que ayude a galvanizar las fuerzas que guiarán a una nueva era de libertad en nuestra amada madre tierra. También espero que abra los ojos de su Presidente el hecho de que a pesar de que muchos sean masacrados en el nombre del patriotismo, el espíritu humano resistirá y florecerá. Ni todos los Rajapakses juntos pueden asesinar eso.

A menudo la gente me pregunta por qué tomo tales riesgos y me dice que es cuestión de tiempo antes que sea eliminado. Desde luego que lo sé: es inevitable. Pero si no lo decimos ahora no quedará alguien que pueda hablar por los que no lo pueden hacer, no importa si sean minorías étnicas, los discapacitados o los perseguidos. Un ejemplo que me ha inspirado a través de mi carrera en periodismo ha sido el del teólogo alemán Martin Niemöller. En su juventud era un antisemita y admirador de Hitler. Sin embargo, a medida que el nazismo tomó el control de Alemania, él vio lo que realmente era: Hitler no solamente buscaba extirpar a los judíos, sino a cualquiera con un punto de vista alternativo. Niemöller habló y por ello fue encarcelado en los campos de concentración de Sachsenhausen y Dachau de 1937 a 1945, donde estuvo muy cerca de ser ejecutado. En prisión escribió un poema que, la primera vez que lo leí en mis años de adolescente, se quedó preso en mi mente:

Primero vinieron por los judíos
Pero como yo no era judío, no dije nada
Luego vinieron por los comunistas
Pero como yo no era comunista, no dije nada
Luego vinieron por los sindicalistas
Pero como yo no era sindicalista no dije nada
Luego vinieron por mí, pero, para entonces, ya no había nadie más que dijera nada.

Si no recuerdas nada más, recuerda esto: The Leader está allí para ti, seas cingalés, tamil, musulmán, de baja casta, homosexual, disidente o discapacitado. Su personal luchará, sin doblegarse y desprovisto de temor, con el coraje al que ha estado acostumbrado. No den por sentado este compromismo. Que no haya duda que cualquier sacrificio que los periodistas hagamos no son hechos para nuestra propia gloria o enriquecimiento: son hechos para ustedes. Si lo merecen es otro asunto. Por lo que a mí respecta, Dios sabe que traté.