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miércoles, abril 27

Vargas Llosa, Villoro y la revolución audiovisual

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Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura peruano, y Juan
Villoro, escritor y periodista mexicano. Tomado de vanguardgrn.com y clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com


Ya lo ha dicho el maestro hace muy poco en Montevideo. Toda esta revolución audiovisual, este éxtasis de las redes sociales, han dado un golpe renovador a la censura, han cimentado libertades, pero también han desarrollado un "empobrecimiento atroz del lenguaje".

Mario Vargas Llosa, el Nobel de Literatura, nos recuerda un asunto del que se comenzó a hablar con fuerza en el boom de los SMS (los mensajitos cortos a través de los celulares). Que si los jóvenes destruían el idioma diciendo "toy ak" en lugar de estoy acá. Que si dañaban el idioma porque solo cerraban y no abrían los signos de admiración y exclamación. Que si usaban q para decir que y mucho más.

No creo que sea un asunto de ponernos puristas del idioma. Creo que este evoluciona y que la mejor escritura es la que llega a la gente de forma sencilla, obviamente respetando los principios de nuestro español tan hermoso. Tan diverso. La certera reflexión de Vargas Llosa me lleva mucho más allá de los signos de admiración no abiertos o de los emoticones con caras de perritos falderos que aterrizan en nuestas pantallas de vez en vez.

Me lleva a pensar en la profundidad de lo que dejamos de hacer. ¿Estamos leyendo menos por bucear más en nuestras cuentas de redes sociales? ¿Estamos, los que nos gusta escribir, escribiendo menos por ocuparnos en aquellas redes? ¿O definitivamente lo que debemos entender es que el proceso de cambio es irreversible y que el papel se utilizará cada vez menos? Si es así, ¿cuántos libros digitales hemos leído en el último año?

Las redes sociales son utilísimas, no hay duda. Soy de los que ve el vaso medio lleno con ellas. Sabiendo cernir, uno puede leer excelentes ensayos, grandes crónicas, maravillosos análisis que permiten enriquecernos. Y, desde luego, también libros.

Juan Villoro, ese excelente escritor y periodista mexicano, ahora twittero, tiene una visión positiva de este proceso. Él cree que no existe crisis de lectura, sino cambios en las formas de acceder a esas lecturas. Habla de desafíos frente a nuevos soportes y de un proceso natural de despojo paulatino de la nostalgia del papel en beneficio de la lectura en línea

"Creo que más que ante una crisis de lectura estamos ante diversos tipos de lectura, una dispersión de los modos de leer. Más bien ante cambios de comportamiento ante la lectura. No hay una crisis de lectura y por lo tanto pienso que no habría una crisis de escritura", reitera Villoro.

Parecerían dos visiones distintas las de Vargas Llosa y Villoro. Pero yo creo que el peruano nos alerta, nos dice cuidado con los extremos. Y el mexicano nos recuerda que siempre hay cosas positivas en lo nuevo.

Porque pese a todo, pese a las profecías apocalípticas que conllevan los cambios en cualquier época, como bien dice Villoro, la revolución audiovisual camina bajo el signo de "la supremacía de la cultura de la letra".

viernes, abril 15

Una pausa en medio del vértigo

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Tomado de http://www.panoramio.com

Vivimos una era de rapidez. En la comunicación de masas, en la interpersonal o en el sencillo movimiento de las personas. Las cosas, muchas veces, nos circundan de una manera acelerada.
Hay menos tiempo. Siempre hay más tráfico y parece que alguien, en algún momento desconocido, hubiera mutilado los días para hacerlos más cortos.

Es esa era de rapidez la que nos permite saber masivamente, en cuestión de pocos minutos, gracias al internet y sus redes sociales, que un evento grande puede estar pasando. Que un tsunami se acerca, que Elizabeth Taylor se murió o que un delantero acaba de estrellar la pelota en el poste acallando el grito de gol de aquellos que sí siguen el juego en vivo o por la televisión.

En esa velocidad extrema de la comunicación hay un riesgo y una incomprensión. El riesgo es el de la desinformación. De que el rumor se eleve a categoría de verdad antes de ser contrastado, simplemente porque “todos lo dicen” en la web.

Durante la alerta de tsunami que vivió el Ecuador tras el terremoto de Japón, algunos usuarios retuiteaban mensajes que podían provocar pánico sobre información de la que no tenían certeza ni fuente alguna.

Otro ejemplo es cuando Cristian Noboa, el jugador ecuatoriano del Rubin Kazan ruso, dormía pero algunos lo “accidentaban” en su vehículo. Así, Twitter, Facebook, o las odiosas cadenas de mails y ahora de BlackBerry Messenger que recibimos diariamente, nos inundan de mensajes apocalípticos o de aquellos “dicen que” pasó o pasará algo terrible.

Es ese un riesgo lógico en nuestra comunicación del día a día. Algo que jamás desmerecerá las valiosas herramientas que son Twitter y compañía. Es un problema que viene acompañado de una incomprensión.

Esa que se hace evidente cuando en las salas de redacciones de los medios recibimos, en esta época de las redes sociales, las alertas de usuarios que nos exigen, con mayúsculas y a veces hasta con insultos, que publiquemos instantáneamente algo que está circulando por la red.

“¡¿Por qué no publican nada?!” es su exclamación, que viene acompañada de copias a varios medios de comunicación. Es una incomprensión lógica al trabajo periodístico de siempre, que no ha cambiado en sus esencias, pese a la era digital en que vivimos.

Hay que hacer una pausa en medio del vértigo. En medio de esa adrenalina de la información. El ciudadano internauta puede soltar un rumor, pero en los medios es necesario el contraste. El ciudadano internauta puede decir instantáneamente que al jugador de Liga de Quito, Luis Bolaños, le acaban de disparar en el pecho –lo que se dijo en las redes y que fue un error– porque tiene las ganas de informar a su manera. Es su derecho.

Pero a los ciudadanos periodistas nos toca hacer la pausa. Una breve o la adecuada para certificar y reflexionar. Una rápida si tenemos la certeza. Con más rigor en esta época digital que también es una época de juicios desde el poder. Sin miedo, pero con prudencia.

sábado, septiembre 11

Menos insultos, más argumentos

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Haga click en la parte inferior derecha para ampliar y ver, luego de darle Play, algunos ejemplos de comentarios en medios ecuatorianos.

Vivimos la época del intercambio en tiempo real en su máxima expresión. Escribes y te contestan al segundo. Comentas lo que otro ha comentado y una ráfaga de respuestas puede llegarte. Vienen, raudas, desde un celular, desde la computadora.
Los portales de los medios de comunicación, los tradicionales o aquellos nuevos medios exclusivamente on-line, son parte natural de esta corriente. Los comentarios son vitales. Las audiencias necesitan –siempre lo han necesitado– comentar su mundo, criticar, argumentar, debatir; y la explosión que se vive con las redes sociales combinada con el periodismo en la era digital ha generado apertura para que ese aporte sea mayor.
Pero lo que me intriga es cómo los medios ecuatorianos, y los mundiales en general, pueden canalizar mejor esa capacidad de debate en los comentarios que se dan en las notas o en las cuentas de Facebook o Twitter que manejan. Me pregunto también cómo los ciudadanos podemos aportar para que esos comentarios, tan bienvenidos, no caigan en el insulto fácil, en un regionalismo destructor, en xenofobias, homofobias y en una agresión sin argumentos como lastimosamente ocurre.
Realmente es la época del comentario, pero también la época del ataque sin piedad. Todos los días somos testigos, en diversos portales, blogs y cuentas de redes sociales, que los comentarios a los enlaces de información noticiosa –algunos de ellos escondidos en el anonimato o los seudónimos– son rebatidos entre algunos lectores con el simplón recurso del adjetivo hiriente, y que las palabras llegan a niveles de agresión al otro, no a rebatir una idea.
La preocupación es global. Miguel Ángel Jimeno, profesor de periodismo de la Universidad de Navarra, en España, ha creado un grupo en Facebook, denominado Por el control de la barra libre en los comentarios de publicaciones online. “Hay que dar un paso más en el periodismo digital para que la libertad de expresión no esté por encima del respeto, la responsabilidad y la ética profesional”, asegura en el sitio.
Esta postura de Jimeno es clara. Apunta a una responsabilidad de los medios en lo que publican en sus espacios, en este caso con material de sus lectores. Hay otros que opinan que la red debe ser un espacio de total libertad y que ese debe ser el precio de las nuevas tendencias.
También hay una postura adicional, que tienen algunos portales noticiosos, de que los propios lectores moderen los comentarios, al otorgar votos positivos o negativos o denunciar si consideran que algún comentario está fuera de tono.
La Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) también hace cuestionamientos. En su blog
Nodo Digital pregunta cómo los medios pueden aprovechar los comentarios de sus lectores, y apunta a que los periodistas deben entender que hoy una de sus funciones es la de administradores de flujos de conversaciones.
Hay un reto para los medios. Y un reto para los ciudadanos lectores de esos medios digitales. Es el desafío para ese personal que trabaja en los portales noticiosos de lograr mediar con sus comunidades para construir juntos una mejor ciudadanía crítica.
Y es el desafío para esos lectores, totalmente ajenos a la pasividad de antaño. Su reto es el de los argumentos, no de los insultos. Es lo que necesitamos desesperadamente como sociedad cuando debatamos en ese maravilloso mundo online.

jueves, julio 15

En Facebook no dejamos de ser periodistas

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Tomado de farm3.static.flickr.com
A Octavia Nasr no le sirvieron de escudos sus 20 años como corresponsal de CNN. La cadena de noticias la despidió porque usó su cuenta de Twitter para expresar su pesar por la muerte de un clérigo libanés considerado "terrorista" por los Estados Unidos.
El Gran Ayatolá Sayyed Mohammed Hussein Fadlallah, según esta nota de la BBC, el clérigo chiíta más influyente en el Líbano y quien inspiró al grupo militante Hezbolá, falleció a inicios de este mes en Beirut.
Nasr había escrito, apenas enterarse del fallecimiento: "Me entristece oír que murió Sayyed Mohammad Hussein Fadlallah... uno de los grandes de Hezbolá que yo respetaba mucho".
El despido de Nasr (acá su argumento y disculpa por el tweet) que, según la CNN se da porque su comentario comprometía la credibilidad de la corresponsal en el Medio Oriente, no es el único. Es uno de los últimos de una serie de eventos que se han dado en tiempos recientes, en que el uso de las redes sociales está profundizándose cada vez más en las redacciones. Y como todo lo nuevo, aún hay miedos, dudas y líneas muy delgadas sobre si se puede separar lo institucional de lo personal en los comentarios de los periodistas en estos sitios.
¿Son realmente dos voces las que se pueden separar? ¿Podemos hablar de que hay un ser que a veces escribe como periodista y en otras veces lo hace como no periodista? Plantearía estas interrogantes como primer paso para la reflexión. Y la respuesta obvia es que no. El periodista es el ciudadano. El ciudadano es el periodista. Lo que dice en las redes es su única voz y debe entenderse como otra más de sus responsabilidades frente a su público, por pequeño que sea y que, lo querramos o no, interpretará nuestros comentarios como parte de nuestra realidad periodística.
¿Somos entonces esclavos de nuestro oficio? Yo diría que la ética inherente al periodismo es la de la disposición permanente para el oficio. Somos periodistas las 24 horas del día, lo que no significa que no tengamos vida propia ni que podamos usar las redes sociales para comentar sobre trivialidades de nuestras realidades personales, si así lo queremos. Lo que está claro es que las redes, si las usamos como parte de nuestra perspectiva profesional, tienen las mismas reglas que el papel, que la televisión o la radio. Allí están vigentes la ética, el citar la fuente, el argumentar, el aceptar la crítica con altura, el diferenciar la opinión de la información. Está vigente, sobre todo, buscar ese triángulo fundamental del periodismo: la búsqueda de la verdad con responsabilidad e independencia.
Hay un debate intenso en estos momentos en algunos grandes medios sobre qué hacer. Unos han tomado una medida radical: el control de lo que dicen sus periodistas en las redes. Otros piensan que eso es una censura, esa que los medios siempre han criticado de parte del poder.
Estoy convencido en las posibilidades infinitas de la libertad de la red. Suscribo esa libertad. Pero por supuesto que esa posibilidad de ser libre viene aparejada, como siempre lo ha sido en el oficio, con una gran responsabilidad. El debate sigue abierto.

Algunas políticas de medios sobre redes sociales y más:

Las reglas de The Washington Post para sus periodistas.
Lineamientos de Associated Press.
La política para los periodistas de The New York Times.
Lineamientos de Folha de Sao Paulo.
Las reglas de Reuters.
Las reglas de WSJ "son muy restrictivas". Una visión desde el Nieman Journalism Lab.
Jeff Jarvis, contra los controles en redes sociales.
Participa en foro de la FNPI: ¿Deben los medios controlar lo que sus periodistas hacen en las redes sociales?
Despiden a periodistas por postear videos satíricos en YouTube.

domingo, junio 20

Neda, su voz, su hito

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Cuando se escriba la historia sobre las diversas formas de comunicación en internet que se consolidaron en este inicio del siglo XXI, el nombre Neda tendrá un lugar importante.
Treinta, cincuenta años después, los sociólogos, teóricos y estudiosos de la comunicación se detendrán en este nombre de mujer, para recordar un hito fundamental en la historia de las redes sociales y su poder influyente para generar movimientos en las sociedades contemporáneas. La imagen de esa iraní de 27 años, y de su sangre derramada en las calles de Teherán mientras moría con los ojos abiertos, es, y será, una pieza clave para entender una época.
Hoy se cumple un año del asesinato de Neda por una bala anónima de un francotirador en esas calles convulsas de la capital iraní. Hace un año, una parte del pueblo de Irán se rebeló y se lanzó a las calles a protestar contra una reelección –acusada de irregular– de un régimen que no permite libertades individuales básicas en una sociedad democrática.
El tema Neda entra otra vez al ruedo con algunos análisis y documentales sobre todo lo que generó el video de su muerte, que fue colgado horas después en YouTube. Una filmación que para llegar a internet tuvo una cadena de custodia marcada por el temor al poder censurador del régimen de Mahmoud Ahmadineyad. Un celular anónimo, luego un doctor inidentificado enviando un correo a varias cuentas fuera de Irán y por último la puesta en el portal de videos por otro anónimo iraní en Holanda, formaron el triángulo básico que cumplió con la súplica que partió del correo electrónico rebelde: “Por favor, deja que el mundo se entere”.


Neda Agha Soltan.
Tomada de blogswork.files.wordpress.com

El mundo se enteró. Y se conmovió. El video de la muerte de Neda Agha Soltan, que hace poco recibió el prestigioso premio de periodismo George Polk y que el Poynter Institute incluyó entre los 200 momentos que transformaron el periodismo en la década 2000-2009, fue el canal para crear un símbolo y una inspiración para la resistencia a un poder polémico.
El propio portal YouTube, en su blog, analiza cómo el video ciudadano es hoy una herramienta para luchar contra la violación de los derechos humanos que se registran en diversas partes del mundo. Estos videos “están haciendo visible lo que antes no era visible (...). En el pasado, esta clase de imágenes las veíamos principalmente en las noticias nocturnas o en documentales, y aun así solo ocasionalmente. Pero ahora que el uso de cámaras y acceso a internet está mucho más extendido (incluyendo a los países en vías de desarrollo), encontramos imágenes sobre derechos humanos mucho más directamente”.
El análisis apunta a que lugares remotos, muchas veces bajo dictaduras, tienen un respiro al poder gritar sus suplicios en la forma de un video. Y las grandes cadenas también difunden ese grito. HBO estrena en EE.UU., y YouTube lo comparte también, el documental Por Neda, un trabajo valiente de un periodista iraní en el extranjero que regresa a su país para, de forma oculta, entrevistar a la familia de la víctima y revelar al mundo quién era esta joven, cómo pensaba, por qué quería rebelarse frente a una visión que pisoteaba sus derechos de mujer, de ciudadana.


Neda, se dice en el documental, es un nombre persa que significa “la voz”. Hace un año la imagen de Neda en el piso fue eso: una voz. Un símbolo que en forma de video que se viraliza por el planeta grita indignado que en una parte del mundo, así como en otras, hay gente que no puede ser libre.

sábado, junio 5

Con licencia para odiar

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Tomado de www.fotolog.com

El odio se riega por internet y las redes sociales son un vehículo para descargar pasiones de forma colectiva. Algunos grupos que se crean en Facebook parecen un chiste, pueden arrancar una sonrisa, pero tienen una carga profunda que se presta para el análisis.
Hay para todos los gustos. Desde aquel inquieto ciudadano que se siente contrariado los sábados por la mañana y que decidió crear un grupo llamado “Odio las cadenas nacionales del Presidente”, al que lo siguen casi 33 mil personas. O aquel otro que piensa que solo su preferencia musical es la correcta, por lo que hace una plegaria, secundada por más de 95 mil seguidores: “Dios, déjanos a Cerati y te mandamos a Arjona”.
Es el signo de los tiempos. Vivimos una época de peligrosa polarización. Los liderazgos políticos regionales y los críticos de esos liderazgos han abonado para el mensaje de los extremos. De blancos y negros, de estar con una visión o contra ella. De ser amigo o enemigo. Es un discurso que olvida los matices.
Las redes sociales son parte de ese espejo. Su reflejo muestra que no solamente en la región se acentúa la intolerancia. El centro Simon Wiesenthal, una organización judía que busca defender los derechos humanos y fomentar la tolerancia, publicó su informe Facebook, YouTube. Cómo las redes sociales desahogan impacto en el terrorismo digital y el odio, del que la prensa mundial se hizo eco recientemente. En él se hace un inventario de cómo estas dos redes sociales han sido el espacio para aglutinar virtualmente a grupos de odio. Hay desde los que buscan la muerte de los gays en Serbia; los que quieren que los rumanos salgan de Italia, o los griegos, miembros de un grupo que propugna la “supremacía blanca” y que comparte un video titulado Hitler, salvador de Alemania y su creencia de que “solo el nacionalsocialismo puede restaurar el orden y la disciplina, la esperanza, tan largamente destruida por el maligno sistema de la democracia”.
En definitiva, el centro identificó 11.500 sites que fomentan el odio y el terrorismo, y que el “más grande incremento” de desprecio digital ha provenido de Facebook y YouTube, sitios que luego de recibir este informe aseguran que han incrementado sus filtros de seguridad y trabajado en la eliminación de estos grupos.
El tema va más allá de Facebook. La BBC publicó hace poco una nota titulada El odio en internet también es social. En ella analiza cómo Formspring, la red social que permite hacer preguntas anónimamente con el objetivo de conocer mejor a amigos y a cualquiera que tenga una cuenta en el sitio, se ha convertido también en una especie de muro virtual para el insulto, en especial entre adolescentes, un grupo que puede tener un fuerte deseo de exhibición y ser poco reflexivo sobre la importancia de su reputación.
“Esta situación es seria porque generalmente los padres no están preparados para guiar a sus hijos en estas situaciones, y las escuelas no sienten la responsabilidad de intervenir”, le dijo a este portal el abogado brasileño Alexandre Rodrigues Atheniense.
¿Cuántas gotas podemos aportar a esos mares de intolerancia en nuestros pequeños espacios virtuales? ¿Lo reflexionamos cuando insultamos al equipo rival de fútbol y a sus hinchas? ¿Cuando participamos en las tradicionales cadenas de mails con insultos y montajes? El asunto no es si Cerati es mejor que Arjona. O al revés. O que el rock debe aplastar al reggaetón. Es simple convivencia. Es simple respeto por el gusto del otro.

viernes, marzo 19

¿Blogger o Wordpress?

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Es un viejo debate. Y cada cual tiene sus preferencias a la hora de usar un blog. Fernando González, webmaster del Centro de Periodismo Digital (CPD) de la Universidad de Guadalajara, México, nos cuenta algunos tips para los periodistas que quieran iniciar sus emprendimientos personales en la web.
Él dio la charla Lanzando una página web, la primera del taller Desafíos y oportunidades del Periodismo Digital, que brinda estos días en Guadalajara el CPD.


sábado, marzo 13

Las dos caras de Facebook

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Ilustración tomada de http://3.bp.blogspot.com/
Facebook ha devaluado la palabra amigos. La frase la leí de un periodista argentino y me dejó pensando. Es cierto. Cuando uno entra a esta red social, esa especie de manía moderna a la que muchos hemos sucumbido, y ve que tiene 300, 500 o 1.000 “amigos”, pues da para reflexionar.
Hay demasiada libertad en el sí, confirmo, como respuesta a los múltiples pedidos de fulano que “quiere ser tu amigo” y que en el fondo desea ser parte de todo ese mundo voyeur en el que estamos inmersos. Este tema, como todos los que apasionan, genera debates. Juan Faerman, escritor argentino, autor del libro Faceboom, que analiza con dosis de sarcasmo este fenómeno de masas virtuales, tiene su teoría en torno a la notoriedad que ha adquirido este sitio web.
“El éxito de Facebook radica en la palabra amigo. El promedio está en tener 150 amigos. Eso es absurdo, ya que nadie los tiene en la vida real. Son relaciones totalmente diferentes. Facebook es solo el manejo de un avatar que interactúa con otros avatares”, asegura.
Faerman, duro crítico de Facebook, habla de “realidad ficticia”, de búsqueda de mejoras de autoestima y de profundas soledades compartidas.
Cory Doctorow, blogger canadiense, editor de
BoingBoing.net, también tiene una visión sarcástica del concepto de amistad en Facebook. En un artículo titulado ‘Cómo tus espeluznantes ex colegas de trabajo matarán Facebook’, analiza esta temática: “Por cada camarada perdido que me encuentra en Facebook, hay un tipo que me daba tundas semanalmente todo el séptimo grado, pero ahora quiere ser mi pana; o aquel alocado que era divertido en el colegio, pero que ahora es un tristón; o el espeluznante ex compañero de trabajo por el que cruzaría la calle para evitarlo, pero que ahora quiere saber ¿soy tu amigo? Sí o no. En este instante, por favor”.
Esas son las visiones duras, las negativas. Pero también se puede analizar a Facebook con la mirada transformada del Scrooge de Dickens luego de que lo visitaran los fantasmas. Hay, desde luego, un lado positivo. Todo tiene que ver con la manera en que utilizamos la herramienta y le sacamos provecho para lo que queramos.
Facebook puede ser un instrumento poderoso para diversas profesiones. Además de encontrar textos especializados y grupos de profesionales afines, es un potencial vínculo para vender, aprender, compartir...
Lo real es que la comunicación sigue cambiando a pasos acelerados y las interrelaciones también. Ya la consultora Gartner reveló en
un estudio que los días del correo electrónico están contados. Que el inicio de su desaparición será en el 2011 y que las empresas recurrirán a las redes sociales (como Facebook) para su comunicación interna.
¿Cómo estamos cambiando nosotros al comunicarnos? Cada uno mírese al espejo y respóndase si le saca o no provecho a la tecnología.

martes, febrero 2

"Las redes sociales han cambiado la forma de hacer periodismo"

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Tomado de www.xconomy.com

Esther Vargas es una periodista peruana que trabaja en Perú21. Es blogger, twittera, directora del blog Clases de Periodismo, un sitio práctico, útil, que comparte herramientas sobre la actualidad periodística. Con ella, que también tiene a su cargo un blog en la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) que trata sobre redes sociales, conversamos justamente sobre este tema.
¿Qué utilidad tienen para el periodismo las redes sociales del internet? ¿Son necesarias? En un momento en que el oficio necesita de cambios en la mentalidad de sus periodistas, que abran su mente a nuevas formas de trabajar (pero con las mismas esencias), es necesario reflexionar sobre el asunto. Este es el diálogo que tuvimos con Esther Vargas.

¿Qué tan importante para el periodismo actual son las redes sociales del internet como Facebook o Twitter?
Las redes sociales han cambiado nuestra manera de hacer periodismo. Al menos, para los que hemos ingresado con fuerza a estos espacios. Son importantes porque nos permiten saber qué piensan los lectores de nuestros contenidos, nos brindan alertas de noticias, inspiran la creación de historias y generan fuentes de información.

¿Por qué hay reticencia en algunos colegas en Latinoamérica para entrar a ellas? Hay quienes dicen que "eso de Facebook es para vagos". ¿Por qué crees que hay esta visión?
La reticencia es por el miedo a la tecnología, y por la idea errónea de que internet es solo entretenimiento. Una vez que ingresan descubren lo contrario y se enganchan.

En la práctica diaria de reportería, ¿en qué te han ayudado las redes sociales?
Me han ayudado para generar una red de fuentes en las redes gracias a usuarios fiables. Pero eso no quita que yo realice mi trabajo de confrontación de información, como debe hacer todo periodista. Asimismo, me ha dado ideas para generar historias y me ha servido para posicionar mi blog, así como una identidad en internet. Gracias a las redes he creado vínculos importantes con organizaciones de periodistas que están en Twitter y en Facebook y que ya conocen mi trabajo. A ello le sumo las oportunidades laborales que he conseguido a partir de estar en estos sitios.

¿Cómo crees que puede lograrse en medios tradicionales el cambio de paradigmas para entrar de lleno a un intercambio con su comunidad de lectores con estas redes?
El cambio es progresivo. Los medios han comenzado a despertar y a interesarse. Es importante que, desde dentro, los periodistas "ya conectados" 'evangelicen' dentro de las organizaciones. El medio debe entender que al ingresar a las redes no solo colgará links sino que servirá a la audiencia, conversará y aprenderá.

Para los medios y periodistas que ya están en redes sociales, ¿cómo crees que debe manejarse la crítica? Sobre todo en momentos en que en la región cada vez hay una polarización más marcada de "medios opositores" contra "medios gobiernistas".
La crítica es inevitable. Debemos inyectarnos tolerancia (difícil reto).

¿Qué pasará con los periodistas que decidan no entrar a las redes sociales?
Los que no ingresen a internet en general -no solo a las redes- acabarán siendo desplazados por periodistas más jóvenes o por periodistas experimentados que no dieron el salto. Es lamentable mirar a tu Redacción y encontrar colegas que siguen en la era del MSN y que no conocen lo que es Google Docs, entre otras herramientas. Y a la vez es gratificante ver que cada día se suman más periodistas. Una redacción se renueva y se llena de vigor, pero hay que vivirlo para contarlo.

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sábado, octubre 10

La web también tiene evangelizadores

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Tomado de http://static.gnrfan.org/

Parece radio, pero no lo es. Lo que sí es, definitivamente, una forma distinta de comunicar. De llegar a gente de cualquier lugar del mundo a cualquier hora. Por eso acá los presentadores de los programas dicen “buenos días, buenas tardes o buenas noches”.
Los podcasts son otra de las formas alternativas para contar cosas en internet. Es un término que suena complejo y que solo tiene cinco años de inventado. Según la Oxford University Press surgió de la combinación de dos palabras: iPod, el popular reproductor, y Broadcast, que es transmitir por radio y televisión.
Hay podcasts para todo gusto: de tecnología, fútbol, literatura, sexo, salud, cine… Programas que en su mayoría son solo de audio (porque también los hay con video incluido), que se hacen a muy bajo costo y que están disponibles en internet cuando a usted le plazca.
Ecuador no se escapa a esta tendencia. Hay un movimiento que va creciendo, sobre todo a nivel de los geeks (apasionados por la tecnología), que no dudan en compartir conocimientos y aportar para disminuir esa brecha digital que resta competitividad a los países en donde es más profunda. Incluso hay los programas en vivo y que buscan personajes llamativos para enganchar a su audiencia, que si no alcanzó el horario indicado lo puede buscar, ya que queda subido a la red.
La palabra clave es evangelizar, recalca la periodista ibarreña Albertina Navas. “Desinterés por compartir, aprender y colaborar”, añade el diseñador gráfico Patricio Cevallos. Ambos están inmersos en el proyecto podcast.ec, un site que lleva siete programas sobre las redes sociales en la red.El formato es muy parecido al de un programa en cabina: invitados, preguntas, respuestas, lecturas. Solo que acá se necesitan mínimos equipamientos para hacerlo: una grabadora digital, un software gratuito bajado de internet, un guión, buena conexión y muchas ganas de compartir.
Las herramientas para difundir que un podcast existe son las que están en auge. El Twitter, Facebook, Hi5 multiplican de manera viral el aviso. El chistoso “radio bemba” de antaño parece broma de mal gusto. Ahora los tweets y las actualizaciones avisan a los amigos de los amigos qué se puede oír, qué se puede ver en la red. Radio 04 es otra de las decenas de apuestas ecuatorianas por los podcasts. Su oferta también está llena de sencillez: “Es una propuesta musical, informativa, didáctica y tecnológica independiente y sin fines de lucro que se emite desde Tulcán, Ecuador, y que persigue compartir con los oyentes el aprendizaje y lecciones que el conductor recibe de cada uno de los invitados al programa”, dice en su website.
TecnodatumKIT tiene una apuesta distinta. Esta combina audio y video y propone un programa semanal en vivo, todos los lunes, a partir de las 22:00, en los que el staff del blog Tecnodatum dialogan sobre tecnología, internet y nuevos servicios.
Compartir es la palabra clave. Paúl Barahona, conocido en las redes como Palulo, es otro de los inmersos en esta onda que, por ahora, no deja dinero, solo la satisfacción de ser mediador de conocimientos. Él, un diseñador riobambeño, acaba de lanzar su proyecto Radio La Voz, que busca aglutinar, desde diversos puntos del país y el mundo, los aportes de fans del rock, tecnología, fútbol, periodismo y más.Son aportes por amor a la camiseta, como se dice en el barrio. Es la contribución de otro tipo de evangelizadores del siglo XXI: los de la red.

domingo, agosto 2

¿Y si le roban la clave de su mail?

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Tomado de abc.net.au
Un pirata moderno, un hacker sin pata de palo ni parche en el ojo, se robó unos documentos digitales para llamar la atención. La noticia en el ambiente tecnológico fue tema de discusión mundial hace pocos días.
Previsiones financieras, proyectos y mails internos de la cada vez más exitosa compañía de microblogging Twitter fueron robados digitalmente y enviados a varios medios en la red, uno de los cuales, Techcrunch, los publicó, en una decisión editorial que riñe con la ética y que desató críticas de sus propios lectores.
Pero más allá del análisis ético, otro tema importante es la razón por la que el pirata digital le contó su hazaña al blog francés Korben. Allí dijo que lo hacía para mostrarle al mundo cuán vulnerables son los datos en internet de cualquiera de nosotros. “Nadie está a salvo en la red”, sentenció.
¿Es así de radical? ¿Los secretos empresariales corren peligro con algún antiético competidor? ¿La cuenta de mail de cualquier ser puede vulnerarse por una pareja celosa que decida contratar a alguien que sepa algo de informática? ¿Alguien más puede clonar la cuenta de Facebook y comentar las fotos de medio mundo poniendo en vergüenza a cualquier mortal usuario de esta red social? ¿Qué tan vulnerables o seguros estamos en Ecuador?
Las preguntas suenan escalofriantes. Y lo que dicen dos expertos guayaquileños en la temática también. Solo se necesitan sentido común y paciencia para acceder a información sensible. No se requiere ser un hacker o un experto en informática para vulnerar privacidades, e incluso los manuales de cómo hacerlo están regados en la red.
Basta tener acceso al computador de alguien en su casa u oficina. Así lo explica Eduardo Palacios, editor del blog de tecnología Tecnodatum.com: “Instalar un programa que registre todo lo que escribes (keyloggers) no es complicado. Por lo general, estos almacenan todo lo que escribes en un archivo y algunos, incluso, se lo envían por correo electrónico a la persona que lo instaló”.
Otra forma de conseguir claves de mails o de redes sociales, en algunos casos, es la simple paciencia y lógica. Eduardo Béjar, director de la Fundación de Ayuda por Internet (Fundapi), recuerda que la tendencia actual de interactividad constante y mucha exposición on-line es una debilidad.
Es la época del apogeo de las redes sociales, en la que se comparte información de forma pública.
“El tema se vuelve crítico pues mediante un buscador como Google se puede obtener información de mucha gente con base en lo que ellos mismos publican, y con esta información deducir sus datos personales, sus intereses, su ubicación para así crear un perfil básico de alguien. Y con ese perfil, eventualmente poder adivinar la clave del e-mail de una persona, o responder la pregunta que permite asignar una nueva clave para ingresar”, explica.
Béjar destaca que la mayor vulnerabilidad está en los usuarios con bajo nivel de conciencia de que no se debe compartir información sensible. El tema de comprar por internet es un ejemplo si se lo hace en sitios inseguros para el manejo de datos. Es vital entender que para ejecutar estas compras no se necesita el plástico ni firmar un voucher, tan solo saber el número de la tarjeta.
¿Cómo saber cuál website es seguro? Béjar hace dos recomendaciones clave: Fijarse si la dirección del sitio donde ingresan los datos de la tarjeta comienza con https:// (lo que certifica que los datos se transmitirán de manera segura desde la PC que se usa hasta el sitio web, ya que van encriptados) y buscar en Google información del sitio y leer comentarios sobre la experiencia de otros usuarios que compraron allí.
Palacios agrega otra sugerencia, que tiene que ver con la suspicacia del usuario (5): Asegurarse de no ser víctima de lo que se conoce como phishing, que es cuando un website copia el aspecto de otro para perpetrar una estafa o robar datos, como el de la tarjeta de crédito, lo que muchas veces se busca hacer vía e-mail.
Cuidado, prudencia, informarse mejor y también pensar mejor sus claves. Esas son las sugerencias. De lo contrario, puede dejar servido el campo para cualquier fisgón virtual si su clave es su nombre, el de su perro, cantante favorito o una fecha evidente. Ahí sí tendrá que chequear el estado de cuenta de su tarjeta. O el rostro virulento de su pareja.

domingo, julio 19

La China Suárez puede mandar en el Google en Ecuador

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Verónica, la China Suárez, presentadora y modelo ecuatoriana.
Tomado de www.eluniverso.com

¿Qué personaje histórico es usted? Pues puede llegar a ser hasta Hitler. Tan malo, con tanto deseo de poder y de control vertical que provoca miedo.
Pero también puede ser bonachón, divertido y bien vago, y ser una especie de encarnación criolla de Homero al responder a la pregunta ¿qué personaje de los Simpson eres? Así, amarillo y barrigón, ahora que esta familia está tan de moda en el Ecuador por sus dificultades de horario en la televisión nacional.
Puede ser eso y también muchas cosas más en la fantasía de los tests de las redes sociales en internet. Determinar qué personaje de los Transformers es o precisar a Lucifer como su demonio interior. Así de raro. Así de diversos pueden ser estos tests que antiguamente eran un pasatiempo obligado en las revistas ligeras, pero que hoy inundan (saturan, diría mejor) la virtualidad en la que muchos vivimos conectados.
Y somos realmente muchos. Según datos de Incom, empresa especializada en marketing por internet, los dos líderes en redes sociales virtuales en Ecuador, Hi5 y Facebook, tienen alrededor de un millón de usuarios en el país (650.000 y 350.000, respectivamente).
¿Qué importancia tiene este asunto tan banal de los tests? Cada cual mata su tiempo como quiere. Esa sería la primera reflexión, la del respeto. La segunda, que se me viene a partir de esta tendencia, es también una pregunta: ¿Cómo usan su tiempo en internet muchos ecuatorianos?
No hay datos definitivos, pero sí algunas cifras reveladoras si cruzamos estudios realizados. El uno, un sondeo de la Supertel, midió qué hacen en la red los ecuatorianos. Más de la mitad (54,48%) dice que la usa para el trabajo y 33,33% para asuntos académicos. Solo el 0,92% asegura que la diversión es su principal uso.
Sin embargo, dos estudios de Incom demuestran algo contradictorio a estas cifras. El top 100 de los sitios más visitados del Ecuador, según Alexa, un website especializado en medir el tráfico de cualquier página de internet en el mundo, revela que los sitios preferidos por los ecuatorianos son las redes sociales, con el 23%, seguidos de los buscadores con el 11%. A eso hay que sumarle el 5% que busca el sexo como temática preferida.
Más de 1’600.000 personas utilizan la red en Ecuador, según las cifras oficiales. De ese universo, y en plena campaña electoral del mes de abril, ¿saben cuál fue el nombre más buscado en Google en el Ecuador? Pues la China Suárez. Sí, según un texto escrito en el blog especializado de Marketing por internet, de Alfredo Velazco, a partir de un análisis en la red la conclusión fue esa. Verónica, la China Suárez, la guapa modelo de televisión, superó a Rafael Correa, Jaime Nebot o al Corcho Cordero.
El internet y sus redes sociales son un mundo impresionante. Está fascinando a los sociólogos. Un artículo del The New York Times ya lo profundizaba hace algún tiempo, sobre todo al analizar Facebook. Piensen en todas las ramificaciones que puede generar el estudiar su contenido: cómo se hacen amigos, cuántos entornos sociales tiene una persona, qué hace popular a un usuario adolescente y por qué hay falta de socialización en otros, qué nivel de consumo potencia el uso de las redes, etc. Es una cantidad asombrosa de información que, analizada con método, es una mina de hipótesis que se están haciendo conclusiones científicas.
Lo visualiza así Nicholas Christakis, un sociólogo de Harvard: “Estamos en la cúspide de una nueva forma de hacer ciencias sociales. Nuestros predecesores solamente pudieron soñar con la clase de información que hoy tenemos”.
Más allá de los análisis sociológicos que produce la era del Facebook, si usted está harto de esos tests que le repletan su vida virtual y que algunos denuncian que son formas para conseguir información clave que podría llevar a fraudes cibernáuticos, déjeme decirle que hay una esperanza. Use la herramienta Facebook Purity y los desterrará para siempre de su vida. Así de simple.

sábado, julio 4

Internet, ese terror para el totalitarismo

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Tomado de http://reusser.files.wordpress.com

Irán lo restringe. China lo bloquea. Cuba asusta a sus usuarios. El internet es una tormenta constante, en estos momentos, para el poder represivo en diversas partes del mundo. Es una angustia para los regímenes en los que no se respeta la libertad de expresión.
La revuelta iraní ha mostrado una vez más el poder de la red. El impresionante vértigo de las redes sociales es más eficaz y cualquier fuerza élite, poder militar o medios oficiales (públicos también le llaman), no pueden imponer la censura o la propaganda benigna frente a a la fuerza escurridiza del internet. No logran parar el asombroso desarrollo instantáneo del microblogging Twitter, o el impacto de un video subido casi al instante por YouTube. Solo se necesita un teléfono móvil, una laptop, una PC escondida y mucha adrenalina.
¿Por qué asusta tanto el internet a este tipo de poder? La respuesta suena obvia. La red es la herramienta perfecta para una nueva era de ilustración luminosa en sociedades oscuras para el libre debate. En esas sociedades donde se quiere imponer una sola verdad, en la que se quiere inducir a pensar en blanco o negro, sin matices, y en las que la prensa oficial les susurra que todo es maravilloso, que sus líderes no se equivocan.
Asusta porque es, también, el nuevo Enciclopedismo, ya no el francés de Diderot, sino el que impone Wikipedia y que puede generar escozor en un gobierno que no quiere que se recuerden sus masacres o las contradicciones a su postura política.



Tomado de http://mark-story.com

"El algún momento estable candado de un régimen acostumbrado a decirle a sus ciudadanos cómo ocurrieron las cosas, en donde los estados han contado su entorno mediático por largo tiempo, está amenazado", se asegura en el libro Acces Denied (Acceso negado), un gigantesco estudio basado en trabajos de la ONG OpenNet Initiative, una entidad de colaboración conjunta para hacer veedurías a la libertad de expresión on line de las universidades de Harvard, Cambridge, Oxford y Toronto. Con la ayuda de expertos mundiales se analizaron y clasificaron los países que más restricciones y bloqueos tienen para que sus ciudadanos naveguen por internet.
Veamos ejemplos. China, según una nota de The New York Times, ordenó que a partir del 1 de julio todas las computadoras personales vendidas en el país incluyan un software sofisticado que bloquee o filtre pornografía, pero también cualquier "información nociva". Este software permitirá a las autoridades actualizar con frecuencia las computadoras con una lista eternamente cambiante de websites prohibidos.
Cuba tiene una censura más dolorosa: la de la pobreza. Allí, según un informe de Reporteros Sin Fronteras, sus ciudadanos tienen que registrarse para entrar a un café internet del Estado, pagar por hora 2 dólares por un servicio nacional (solo e-mails) o uno internacional (que le permite acceder a toda la web) por 5,60, casi la tercera parte del salario mensual promedio. Eso, sin contar con que si tipea un nombre antirrevolucionario o alguna palabra que suene a disidencia, una ventana se abrirá advirtiéndolo y le anunciará el cierre por razones de "seguridad estatal".






Video tomado de un celular que muestra la muerte de Neda. Fue reproducido por las grandes cadenas.

Y en Irán, donde es prohibido tener acceso a una conexión mayor a 128 kbps en casas o sitios públicos (lo que limita la descarga de contenidos audiovisuales que puedan competir con los medios oficiales), la Guardia Revolucionaria, según informe de OpenNet Initiative, continúa la expansión y consolidación de su sistema de filtros de websites.
Sí, el internet aterroriza al totalitarismo. Los blogs, Facebook, Twitter, Flickr, YouTube y compañía son las gacetillas modernas que recuerdan a las que abrieron los ojos en siglos pasados a los que creían en la divinidad e infalibilidad de sus reyes corruptos. Son los instrumentos para contar que existe el Gran Hermano, pero el verdadero, no esa caricatura ridícula que nos viene vendiendo la televisión para alimentar el morbo del movimiento debajo de las sábanas. El real, el descrito por George Orwell en su novela 1984, está allí. Ese que lo controla y decide todo en el poder.

domingo, junio 28

Bendito Twitter por tu poder

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Vandalismo en calles de Tegicugalpa. Foto del twittero Alex Cerrato

Si la información mediática fuera luz, hoy hubo una oscuridad reinante en Honduras cuando más se necesitaba luminosidad. Al menos eso es lo que dicen múltiples reportes independientes, parcializados y mediáticos sobre lo que ha pasado durante este día en el país centroamericano, en el que los militares dieron un golpe de estado y llevaron a Costa Rica a su presidente Manuel Zelaya.
Había oscuridad. En el momento en que la prensa está llamada a informar con más fuerza voltearon la cara y la programación seguía su trámite normal, como cualquier domingo de fútbol. Como cualquier domingo de misa.
¿Quién quedó ante esa oscuridad inicial? Twitter. Ya no me quedan dudas. Es una herramienta trascendental, poderosa y de gran valía periodística si se la sabe utilizar con prudencia. Es un señuelo, diría yo, porque pese a que hoy nos ha contado desde pocas voces hondureñas lo que pasa, siempre (si nuestra misión es periodística) habrá que cubrirse de dudas respecto a lo que nos dicen los twitteros, aún más los que toman claro partido en sus opiniones, no en sus informaciones, que son las que más valor tienen para necesidades informativas de este tipo.
Pero poder ver fotos antes que las tengan las grandes cadenas, vislumbrar el ambiente desde las propias calles de Tegucigalpa, enterarnos de detalles más rápido que la CNN, que sólo atinaba a poner a su periodista frente al palacio presidencial sin poder contrastar una fuente, es un ejercicio maravilloso de la tecnología. Es un ejercicio maravilloso de lo que si se canaliza con prudencia es la esencia de lo que se llama ahora periodismo ciudadano.
A través de los denominados hashtags (#crisishn #honduras, entre otros) todo el día se ha podido seguir la crisis de este país en una especie de cascada informativa que parte desde los propios twitteros de Honduras, alimentados por toda la otra información que transmiten desde afuera los microbloggeros mundiales.

Nube de humo cerca de la zona del palacio presidencial. Foto del twittero MasterLenus.

Mientras más cerca se está del evento informativo, mejor para el lector, es una máxima periodística precisa para este universo Twitter. ¿Cuánto confiar? Pues siempre será ese el ejercicio de los editores. Es, debe ser, ahora una fuente más para las redacciones. Tiene que serlo para dejar atrás esa mirada cómoda de solo escoger las agencias informativas de siempre (el cable, decimos adentro), sin, por ningún motivo, querer decir con esto que los reporteros de estas agencias no están también fajándose en las calles haciendo su labor. Es, sencillamente, una opción más. Una carta adicional que está para usarse.
"Si dejo de twittear ya saben qué pasó", decía Alex Cerrato, un twittero desde Tegucigalpa, que contó poco a poco cómo los militares entraron al canal 11 para cerrar la señal televisiva.
¿Quién quedó ante esa oscuridad informativa, ante ese silencio propio o el impuesto por las botas? Pues Twitter.

jueves, abril 30

El miedo, ese otro virus que se propaga por internet

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El miedo disfrazado de mascarillas en las calles del DF.
Tomado de www.consultsblogs.nytimes.com

¡Corran, corran! ¡Ya llega la gripe porcina! Arrasen con todas las mascarillas que puedan y pónganselas en la nariz y boca como nueva moda aséptica urbana. El miedo, ese coctel de dudas y parálisis momentánea ya está aquí, nuevamente. Una vez más es hijo de los medios y mucho más del internet.
La gripe porcina y todo el terror que ha generado esta enfermedad en los últimos días se propaga como una pandemia adicional por la web. Se multiplica en los mensajes del Facebook y en la red de microblogging Twitter a una velocidad impresionante.
“Me duele mucho la cabeza, ¿no tendré gripe porcina?”, "soy el primer caso confirmado de Chile con gripe porcina", "a cenar y película y no salir por la gripe porcina", "a las 11:30 PM todos orando en cadena de oración por la gripe porcina para que acabe y Dios tenga misericordia, páselo a tus contactos". Así, de diversas formas y hasta con plegarias, un periodista de Argentina, un bromista chileno, un mexicano de Monterrey o un guayaquileño son casos reales de internautas que inundan estos segundos (ya la instantaneidad online archivó el "estos días") la red de microblogging Twitter, en una especie de histeria virtual.
En Facebook la cosa es parecida. Más de 300 grupos, en español, y más de 500, en inglés, se han creado bajo la temática de este virus, y siguen creciendo. Fotos de Babe (el chanchito adorable que ustedes recordarán en la película australiana del mismo nombre); de Homero Simpson agarrando a un cerdo o de virus observados en un microscopio, adornan las presentaciones de estas agrupaciones virtuales de la red social líder a nivel mundial, algunas de ellas con más de 7.000 miembros.
El pánico virtual es gigantesco si se analiza una cifra dada por la consultora Nielsen online: un 6% de los mensajes colgados el martes 28 en blogs, microblogs, páginas de noticias y foros de internet se referían a la gripe porcina, según recoge la agencia EFE.
Todo este pandemónium me ha recordado a Michael Moore. El polémico cineasta estadounidense nos dejó en su oscarizado documental Bowling for Columbine (sobre el uso libre de armas en los EE.UU. y sus implicaciones) una reflexión de fondo, muy moderna para nuestra vida globalizada y cada vez más llena de tecnología: vivimos una cultura, una sociedad del miedo.


Una cómica parte de Bowling for Columbine.

¿Cuánto de ese miedo es responsabilidad de los medios? ¿Cuánto contribuimos a ello los internautas con nuestra pequeña dosis de mensajitos virtuales?
Frank Furedi, profesor de sociología de la Universidad de Kent, en Canterbury (Inglaterra) y autor del libro Cultura del miedo, reflexiona en un artículo titulado "La gripe porcina y la dramatización de la enfermedad", lo que para él es una exageración mediática más, similar a las que, según su análisis, han hecho hasta las más prestigiosas publicaciones especializadas que han caído en la tentación de la cifra fácil y la contextualización histórica de pandemias del pasado que nada tienen que ver con la realidad y los avances científicos actuales, lo que genera una especie de terror colectivo por asociación de ideas.
"Desde el cambio al nuevo milenio el término pandemia se ha convertido en normal y es usado cada vez más para enmarcar ansiedades y miedos globales. Las alertas de salud han sido transformadas en rituales, a través de los cuales empresarios temerosos nos recuerdan, en una moda casi religiosa, que la extinción humana es una muy real posibilidad".
Furedi, quien ha explorado en sus libros controversias y el pánico en las sociedades occidentales y cuyos artículos se han publicado en medios especializados como New Scientist o Harvard Business Review y diarios como The Guardian o The Wall Street Journal, asegura que no hay nada inusual en la aparición de la gripe porcina y que, en principio, la ciencia actual tiene todos los recursos e ingredientes técnicos que se necesitan para lidiar con el virus.
El especialista cita dos ejemplos sobre la "terrible amenaza" que se cernía sobre la humanidad, según algunas publicaciones y expertos, hace tan solo cinco años, cuando abundó la información sobre la gripe aviar asiática.
New Scientist advirtió que un brote de gripe aviar que se transmita de humano a humano podría matar a 1.500 millones de personas y el prestigioso científico británico, Hugh Pennington, declaró que la enfermedad "es la más grande amenaza para la raza humana", y que "de lejos supera al bioterrorismo; esto es terrorismo natural".
¿Cómo informar? ¿Hay que callar, entonces? Desde luego que no es esa la solución. Menos adjetivos, más precisión informativa, nula especulación (que no significa cero interpretación), son elementos necesarios.
Periodismo preventivo, de crisis y científico; fiscalización del poder, formar parte de la agenda pública, contextualización constante de lo que se informa y pedagogía para los términos complicados. Son solo algunas de las sugerencias del documento Periodismo preventivo y cobertura de situaciones de riesgo, una guía para profesionales de prensa centrada en la gripe aviar, realizado por la Unicef y la red ANDI de América Latina.
El texto habla de la necesidad de la mesura: "Al reproducir el discurso del miedo se genera impotencia entre la población y aumenta el pánico. No se debe divulgar tan solo el inventario de la crisis (cifras de personas fallecidas o enfermas, pérdidas económicas y dificultades a la hora de hacerle frente a la enfermedad), sino también se han de ofrecer datos positivos, capaces de motivar a la población a plantarle cara a la epidemia. Por ejemplo: ¿cómo evitar el contagio? ¿Cómo alimentarse sin correr peligro? ¿Cómo pasar a formar parte de grupos de voluntarias/os?".
El miedo. ¿Es posible disminuirlo si es parte de nuestras vidas? Michael Moore habla de uno necesario, ese que tiene una brújula calibrada correctamente para sobrevivir, pero que, según su criterio, es una brújula que ahora está apagada porque se nos dice que debemos tener miedo de todo. "Las cosas de las que estamos asustados, o que nos dicen que nos deben asustar, no son necesariamente las que debemos temer".

miércoles, febrero 18

El Big Brother ha vuelto y se llama Facebook

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Tomado de www.antivirusgratis.com.ar

Facebook es tu dueño, te posee y puede hacer lo que quiera con todo lo que subes allí. No es exageración mía. Varios grupos que se crearon estos días en la red social virtual más famosa del mundo tuvieron este concepto en mente y se mostraron ardidos por las nuevas políticas de uso que intentó imponer el sitio web.
Es el nuevo Big Brother, se afirma. Y como esa metáfora literaria de George Orwell con la que buscaba denunciar en su novela 1984 el totalitarismo en los regímenes dictatoriales que todo lo ven, todo lo saben y todo lo castigan, la acusación gigantesca contra Facebook se dio tras anunciar públicamente, a través de su cambio de política de servicios, que todos los contenidos que cualquier mortal subía a su red eran de su propiedad. Eternamente. Así uno se salga del servicio y cierre su cuenta.
¿Quién se percata de los términos de aceptación cuando entra a un programa nuevo en la red? Vamos, casi todos decimos "sí, acepto", sin tomarnos la molestia de leer los cansinos argumentos legales de las compañías. Pero theconsumerist, un popular sitio de defensa del consumidor de los Estados Unidos, alertó sobre los cambios y la polémica se esparció como virus por la red, a tal punto que Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, tuvo que inicialmente poner una tibia respuesta oficial en el blog del sitio web, que no desmintió la denuncia y luego anunciar que la compañía había decidido dejar todo como estaba al principio para analizar con calma las quejas de miles de usuarios.
El debate es interesante y muestra el poder de la herramienta y las intenciones que se tuvo antes de toparse con las encendidas quejas. Facebook, según lo que se acepta en cuanto a sus políticas ahora retomadas, puede usar, por ejemplo, un corto de algún cineasta en crecimiento, el demo de aquella banda de rockeros, la gigantesca base de datos con la que se relamen los marketeros que trabajan para las grandes firmas de todo el mundo e incluso comercializar o distribuir las fotos inocentes de la familia. Puede hacer todo, salvo que cerremos nuestra cuenta.
Más allá de estas elucubraciones que se puedan hacer en base al concepto claro que Facebook cita en sus términos de servicio, lo de fondo es que esta compañía apunta a una masificación virtual jamás antes vista en la joven historia del internet. Las publicaciones especiales muestran claramente los pensamientos de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, que con sus 24 años es el joven más rico del planeta con una fortuna estimada en 1.500 millones de dólares, según la lista Forbes del 2008.

Mark Zuckerberg, creador de Facebook.
Tomado de www.online.com.es

Zuckerberg sueña, describe un reciente reportaje publicado en CNNMoney.com titulado Cómo Facebook está tomando el mando de nuestras vidas, en convertir a la red social en la plataforma mundial estandarizada en comunicación y marketing, tan ubicua e intuitiva como el teléfono, pero aún más interactiva, multidimensional e indispensable. Y además, tan necesaria como una cédula de identidad digital, que sea el pase para cualquier acceso en el mundo virtual.
Definitivamente Facebook es un monstruo impresionante. Este mes llegó a los 175 millones de usuarios, lo que es una cifra que no se queda estática. Las estadísticas muestran que cada semana el sitio puede sumar cinco millones de nuevos navegantes compulsivos que buscan saber qué hace el amigo del amigo, o aquella ex que tiene un nuevo novio. O simplemente que quieren ser voyeurs empedernidos que atisban a la vida de aquellos compañeros de escuela o colegio de los que ahora solo comparten una amistad virtual en la que a veces ni siquiera cruzan palabra alguna.
Definitivamente Facebook es un Gran Hermano. Sus números son récords tras récords en la historia moderna. Logró en cinco años (enero del 2009) llegar a los 150 millones de usuarios, cifra que la industria telefónica alcanzó después de 89 años y la televisiva luego de 38, según una impactante infografía publicada en CNNMoney.com
Sí, definitivamente Facebook acrecienta su poder. Y potencializa su ojo que lo ve todo. Si no lo creen prueben el TrueScoop, una de las últimas herramientas gratuitas a la que se puede acceder a través del site. Es una base de datos pública que otros sitios la ofrecen previo pago, en la que pueden ver los récords criminales de cualquier ser que viva en los Estados Unidos. Allí aparecen desde pequeños incidentes de tránsito hasta cualquier delito de alto calado. Es la mirada del Gran Hermano virtual, que en este preciso segundo está almacenando la vida de miles y miles más de puntitos que jugamos a compartir parte de nuestras vidas.

sábado, noviembre 29

¿Periodismo sin editores?

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Sí, esa es la pregunta que causa polémica en foros, encuentros o cursos que analizan el periodismo actual y sus implicaciones con la tecnología. Este famoso concepto moderno del periodismo ciudadano, aquel que puede hacer cualquier ser que no haya ido a la Facultad de Periodismo o que trabaje en un medio de comunicación, es motivo de un debate delicioso. Traigo el tema al blog porque una vez más fue noticia esta semana tras los mortales ataques terroristas ocurridos en Bombay, India (Mumbai, para las agencias internacionales). El twitter (la plataforma que permite el envío de mensajes cortos a través de celular o de internet y que se lo etiqueta como microblogging), y los blogs fueron los reyes de la primicia. ¡Abajo la CNN! Ella misma, la todopoderosa cadena norteamericana, tuvo que hacer noticia con las fotos de un tal Vinu, que según el sitio web de la cadena con sede en Atlanta, es un fotógrafo con base en Bombay que colgó sus fotos en este link del popularísimo Flickr.
Los reportes sobre la instantaneidad informativa de los cibernautas-periodistas inundan la web en estos últimos días. Un despacho de Reuters lo comenta; la misma CNN lo reporta en una nota titulada Tweeting the terror, en la que se asegura que cada cinco segundos se enviaban, vía Twiter, 80 mensajes a teléfonos celulares, algo realmente asombroso.


De eso se alimentaron medios online e impresos, televisoras y radios, que hicieron noticia con las noticias que recogían los ciudadanos que miraban de primera mano el horror del terrorismo y que hacían algo sorprendentemente bien: periodismo de servicio. Porque pedir vía twitter o informar mediante esa tecnología que, en hospitales específicos, se necesitan pintas de sangre de tal tipo; reportar que tales personas están a salvo o dar teléfonos de contacto, es un claro periodismo útil, solvente y necesario.
Ya no se necesitan editores, sentencian algunos. Es el fin de los medios tradicionales y sus prácticas arcaicas, casi que celebran otros. Hay que cambiar o nos entierran, se repite en las redacciones. ¿Qué futuro se espera para el oficio con tanta tecnología e inmediatez? No se puede desviar la mirada. Hay un cambio, que no implica cambiar las esencias inalterables: búsqueda de la verdad a través de la mayor cantidad de reportería, ética informativa, claridad en el lenguaje. Pero lo cambiante es que ya no se puede pensar un periodismo de un consumidor pasivo. Eso es cosa del pasado. Ahora, aparte de la posibilidad de entregar información instantánea, los consumidores de medios son críticos feroces con un simple click en la versión online del medio; proponen cosas, pueden enviar fotos. En definitiva, quieren interactuar. Quieren ser parte incluyente.
Y los editores están allí. Aún se los necesita para ordenar toda esa maraña de información, para no solo enviar los qués, sino procesar los cómos y los porqués. En definitiva: para dar algo más que la información pura, para analizarla y proyectarla para que el consumidor informativo tenga herramientas para tomar decisiones de todo tipo. Se necesita un producto informativo empacado de forma ordenada, jerarquizada (sí, es una subjetividad por supuesto, ¿pero quién si no los sujetos son los que hacen periodismo?). Y se los necesita para alimentarse de esa maravillosa cantidad de información que pueden brindar esos ciudadanos-reporteros o cibernautas-reporteros. Phil Harding, ex director de noticias de la BBC, en una entrevista con Clarín lo dice claro: no hay que temer a la participación de las audiencias. Bienvenidos entonces esos periodistas que deambulan por las calles con un Smartphone o una camarita de bolsillo. Van a enriquecer las redacciones, que esperan sus aportes para procesarlos de la mejor manera.