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viernes, mayo 6

El sonido del silencio

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El silencio crece como el cáncer. La frase es de la ya clásica canción The Sound of Silence (El sonido del silencio) escrita por Paul Simon hace 47 años y cantada junto a Art Garfunkel, con quien formó un célebre dueto.

El silencio es dolor. Es ausencia cuando es impuesto. Es una masa acrítica cuando ese silencio no le permite diversificar versiones. Es ignorancia. El silencio es miedo.

Simon y Garfunkel tienen líneas dolorosas en esa canción, una metáfora musical abierta a múltiples interpretaciones. Son líneas hirientes que a veces pareciera que retrataran en parte a este Ecuador polarizado que camina, peligrosamente, en la cornisa de las intolerancias. ¿En qué momento imperceptible creamos una línea imaginaria -tan imaginaria como la que nos bautiza como país- que nos dividió, sin derecho a los matices, en dos bandos: en los a favor o en contra?


"Nadie se atrevió a perturbar el sonido del silencio". Simon y Garfunkel lanzan otro dardo. El silencio es cómodo cuando es ajeno. ¿Nos perturba que periodistas lojanos hayan tenido que renunciar a sus trabajos en una radio porque no obedecieron el bajar el tono a las críticas al poder?

¿Nos perturba que a una periodista le quiten sus credenciales y se le diga que no tiene derecho a informar a la ciudadanía de lo que sucede en el palacio de Carondelet?

¿Nos perturba que a otra periodista un funcionario no le permita acceder a su derecho de preguntar, porque el medio en el que trabaja está vetado por el régimen?

¿Nos perturba que día a día, las redes sociales se conviertan en un polvorín en gestación, en un escenario de una batalla de insultos entre "los que piensan como yo" y "los que están equivocados"?

El sonido del silencio tiene múltiples caras. Es Cuba. Es la bloguera Yoani Sánchez tuiteando a ciegas con SMS porque mayoritariamente no puede acceder al internet como cualquier mortal de cualquier país con libertades reales. Está, de muchísimas maneras, silenciada. Porque conminar al silencio es impedir a alguien -como se lo impiden a ella- salir de su país a contar lo que cree que es su verdad.

El sonido del silencio es China. Es Liu Xiaobo, el Nobel de la Paz, defensor de los derechos humanos y de un cambio de modelo político en su país, condenado a 11 años de prisión por "incitar a la subversión del poder del Estado". Es también su esposa, bajo arresto domiciliario, privada de teléfono e internet, según reportes de diversos medios occidentales, porque los oficiales guardaron silencio. Para ellos la obtención del Nobel no existió.

El sonido del silencio también es Ecuador. Es el ciudadano Luis Corral, vejado y sacado atropelladamente de un coliseo en Zamora por atreverse a criticar.

No es este un problema de un Sí o un No. Es el problema de mirarnos al espejo y preguntarnos si nos perturban o no estos silencios impuestos. O los posibles silencios futuros. ¿O como no son conmigo no importan?

Si es así, luego podremos volver a Simon y Garfunkel y cantar: El silencio crece como el cáncer.

miércoles, abril 27

Vargas Llosa, Villoro y la revolución audiovisual

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Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura peruano, y Juan
Villoro, escritor y periodista mexicano. Tomado de vanguardgrn.com y clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com


Ya lo ha dicho el maestro hace muy poco en Montevideo. Toda esta revolución audiovisual, este éxtasis de las redes sociales, han dado un golpe renovador a la censura, han cimentado libertades, pero también han desarrollado un "empobrecimiento atroz del lenguaje".

Mario Vargas Llosa, el Nobel de Literatura, nos recuerda un asunto del que se comenzó a hablar con fuerza en el boom de los SMS (los mensajitos cortos a través de los celulares). Que si los jóvenes destruían el idioma diciendo "toy ak" en lugar de estoy acá. Que si dañaban el idioma porque solo cerraban y no abrían los signos de admiración y exclamación. Que si usaban q para decir que y mucho más.

No creo que sea un asunto de ponernos puristas del idioma. Creo que este evoluciona y que la mejor escritura es la que llega a la gente de forma sencilla, obviamente respetando los principios de nuestro español tan hermoso. Tan diverso. La certera reflexión de Vargas Llosa me lleva mucho más allá de los signos de admiración no abiertos o de los emoticones con caras de perritos falderos que aterrizan en nuestas pantallas de vez en vez.

Me lleva a pensar en la profundidad de lo que dejamos de hacer. ¿Estamos leyendo menos por bucear más en nuestras cuentas de redes sociales? ¿Estamos, los que nos gusta escribir, escribiendo menos por ocuparnos en aquellas redes? ¿O definitivamente lo que debemos entender es que el proceso de cambio es irreversible y que el papel se utilizará cada vez menos? Si es así, ¿cuántos libros digitales hemos leído en el último año?

Las redes sociales son utilísimas, no hay duda. Soy de los que ve el vaso medio lleno con ellas. Sabiendo cernir, uno puede leer excelentes ensayos, grandes crónicas, maravillosos análisis que permiten enriquecernos. Y, desde luego, también libros.

Juan Villoro, ese excelente escritor y periodista mexicano, ahora twittero, tiene una visión positiva de este proceso. Él cree que no existe crisis de lectura, sino cambios en las formas de acceder a esas lecturas. Habla de desafíos frente a nuevos soportes y de un proceso natural de despojo paulatino de la nostalgia del papel en beneficio de la lectura en línea

"Creo que más que ante una crisis de lectura estamos ante diversos tipos de lectura, una dispersión de los modos de leer. Más bien ante cambios de comportamiento ante la lectura. No hay una crisis de lectura y por lo tanto pienso que no habría una crisis de escritura", reitera Villoro.

Parecerían dos visiones distintas las de Vargas Llosa y Villoro. Pero yo creo que el peruano nos alerta, nos dice cuidado con los extremos. Y el mexicano nos recuerda que siempre hay cosas positivas en lo nuevo.

Porque pese a todo, pese a las profecías apocalípticas que conllevan los cambios en cualquier época, como bien dice Villoro, la revolución audiovisual camina bajo el signo de "la supremacía de la cultura de la letra".

viernes, abril 15

Una pausa en medio del vértigo

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Tomado de http://www.panoramio.com

Vivimos una era de rapidez. En la comunicación de masas, en la interpersonal o en el sencillo movimiento de las personas. Las cosas, muchas veces, nos circundan de una manera acelerada.
Hay menos tiempo. Siempre hay más tráfico y parece que alguien, en algún momento desconocido, hubiera mutilado los días para hacerlos más cortos.

Es esa era de rapidez la que nos permite saber masivamente, en cuestión de pocos minutos, gracias al internet y sus redes sociales, que un evento grande puede estar pasando. Que un tsunami se acerca, que Elizabeth Taylor se murió o que un delantero acaba de estrellar la pelota en el poste acallando el grito de gol de aquellos que sí siguen el juego en vivo o por la televisión.

En esa velocidad extrema de la comunicación hay un riesgo y una incomprensión. El riesgo es el de la desinformación. De que el rumor se eleve a categoría de verdad antes de ser contrastado, simplemente porque “todos lo dicen” en la web.

Durante la alerta de tsunami que vivió el Ecuador tras el terremoto de Japón, algunos usuarios retuiteaban mensajes que podían provocar pánico sobre información de la que no tenían certeza ni fuente alguna.

Otro ejemplo es cuando Cristian Noboa, el jugador ecuatoriano del Rubin Kazan ruso, dormía pero algunos lo “accidentaban” en su vehículo. Así, Twitter, Facebook, o las odiosas cadenas de mails y ahora de BlackBerry Messenger que recibimos diariamente, nos inundan de mensajes apocalípticos o de aquellos “dicen que” pasó o pasará algo terrible.

Es ese un riesgo lógico en nuestra comunicación del día a día. Algo que jamás desmerecerá las valiosas herramientas que son Twitter y compañía. Es un problema que viene acompañado de una incomprensión.

Esa que se hace evidente cuando en las salas de redacciones de los medios recibimos, en esta época de las redes sociales, las alertas de usuarios que nos exigen, con mayúsculas y a veces hasta con insultos, que publiquemos instantáneamente algo que está circulando por la red.

“¡¿Por qué no publican nada?!” es su exclamación, que viene acompañada de copias a varios medios de comunicación. Es una incomprensión lógica al trabajo periodístico de siempre, que no ha cambiado en sus esencias, pese a la era digital en que vivimos.

Hay que hacer una pausa en medio del vértigo. En medio de esa adrenalina de la información. El ciudadano internauta puede soltar un rumor, pero en los medios es necesario el contraste. El ciudadano internauta puede decir instantáneamente que al jugador de Liga de Quito, Luis Bolaños, le acaban de disparar en el pecho –lo que se dijo en las redes y que fue un error– porque tiene las ganas de informar a su manera. Es su derecho.

Pero a los ciudadanos periodistas nos toca hacer la pausa. Una breve o la adecuada para certificar y reflexionar. Una rápida si tenemos la certeza. Con más rigor en esta época digital que también es una época de juicios desde el poder. Sin miedo, pero con prudencia.

domingo, enero 2

El riesgo de la autocensura

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El riesgo, visto por Bonil. Tomado de bonilperiodismo.blogspot.com

La peor censura es la autocensura. Esa práctica que se materializa cuando alguien comienza a martillarse dudas a sí mismo. Las frases “mejor no escribo esto” o “mejor no digo esto, porque me puede pasar algo o porque tal vez no le guste a mi jefe” pueden convertir futuras ideas en ausencias. En silencio.
En Venezuela, donde muchos periodistas hablan con resignación de ese silencio al contar múltiples historias de sus dificultades al ejercer su oficio, ese poder autocensurador tiene un nuevo mecanismo para profundizarlo. El país de Simón Bolívar tiene una nueva ley aprobada por su Asamblea, la de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos, que sacude a la internet, a sus usuarios, tan acostumbrados a la tendencia mundial de las libertades en la red. Es una ley, ya publicada y vigente en la Gaceta Oficial, que aumenta dudas y que se convertirá en una perfecta herramienta para la autocensura.
¿Por qué tendrá (o tiene ya) ese poder autocensurador? Básicamente apela al miedo, al clásico “mejor no me meto en problemas”, que puede ser más duro aún si nace de un “mejor no pienso”. Tal como está confeccionada, hasta los comentarios de los lectores de un medio electrónico están sujetos a sanciones, no al usuario que hace el comentario, sino al medio y al, increíblemente, proveedor de internet, que está obligado a establecer mecanismos que permitan “restringir, sin dilaciones, la difusión de mensajes divulgados” que vulneren la ley.
Generará autocensura porque sus lineamientos son subjetivos. La ley prohíbe difusión de mensajes por medios electrónicos que puedan “fomentar zozobra en la ciudadanía o alterar el orden público”, “desconocer las autoridades”, “irrespetar a los poderes públicos o personas que ejerzan dichos cargos”, o que “induzcan al homicidio”.
¿Cómo se decide, desde la subjetividad, qué fomenta la zozobra, qué altera el orden público o qué significa desconocer las autoridades?
El oficialismo en Venezuela niega que se quiera controlar lo que se dice en internet, pero las voces críticas y el debate en las redes sociales y medios apuntan a que se busca controlar y sancionar no a los pequeños internautas, sino a los medios que tienen mayor capacidad de penetración.
Este ejemplo venezolano, que se acerca tímidamente al modelo chino o cubano en sus controles, es para reflexionar. A las puertas de que este nuevo 2011 la Asamblea ecuatoriana trate la tan dilatada Ley de Comunicación –que no incluye los contenidos en internet en sus previas propuestas– el debate volverá con mucha fuerza.

lunes, noviembre 8

Wikileaks y su alerta al periodismo

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Collateral Murder (asesinato colateral), un video documento filtrado por
Wikileaks. Las imágenes son fuertes y tienen que ver con la muerte de civiles
en territorio iraquí el 12 de julio del 2007. Los que disparan son militares
estadounidenses a bordo de un helicóptero Apache. Ellos creyeron que las
víctimas, entre las que estuvo un fotógrafo de Reuters, eran rebeldes.
El asunto fue ocultado. Este video es editado, el documento oficial de
Wikileaks está acá y requiere ingresar con usuario a YouTube.

Wikileaks es una alerta más para el periodismo tradicional. Otra, agregada a todas aquellas que hoy cercan al oficio periodístico y que tienen que ver con la evolución eficaz de su modelo económico, basado en realidades del siglo XX, hacia uno fundamentado en el predominio de internet en las audiencias de este siglo XXI.
Wikileaks, este sitio web rebelde, con una estructura apoyada en el anonimato y la clandestinidad, ha filtrado miles de documentos secretos de las polémicas guerras modernas de los EE.UU. (Afganistán e Iraq), y otros más sobre negocios turbios de poderosos bancos o de estructuras religiosas con muchísimo poder. El sitio está abierto a entregar al mundo cualquier información que se le haga llegar de forma anónima y que previamente sea filtrada por su equipo de periodistas y expertos que trabajan como voluntarios.
Con sus filtraciones –que han demostrado con documentos oficiales crueldad y negligencia en Afganistán e Iraq de algunos soldados estadounidenses, y el silencio cómplice sobre muertes de civiles de varias de sus autoridades militares– Wikileaks reabre varios debates periodísticos, entre ellos uno sobre el cada vez más difícil periodismo de investigación en medios tradicionales.
Caro, complicado, de largo aliento. Peligroso. No es que no se haga o esté extinto este periodismo de investigación (el real, el de grandes investigaciones metodológicas que terminan con certezas y a veces, si a la justicia le importa, con gente pagando por su corrupción), pero si el mismo Leonard Downie Jr., quien fuera editor ejecutivo del The Washington Post por 17 años, se hace la siguiente pregunta: “¿Podríamos develar hoy un Watergate?”, las dudas aumentan.
¿Hay una deuda en la fiscalización al poder de parte de los grandes medios? Hay algunos que opinan que sí. Julian Assange, el polémico fundador y editor de Wikileaks, obviamente, es uno de ellos. El australiano, con pasado periodístico, considera que hay un “estado de impotencia del periodismo” en este aspecto.
“El mayor abuso es la guerra contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde peloteo a las fuentes gubernamentales”, critica Assange en una entrevista dada a El País de España.
El fallecido Ryszard Kapuscinski, célebre periodista polaco, hablaba también sobre las limitantes de las coberturas periodísticas dependientes del poder: “Cuando me pidieron ir a la guerra de Iraq yo dije que no: no me interesaba este tipo de cobertura que depende solo de los boletines del estado mayor. Así no hay periodismo posible, ya que no hay forma de saber sobre el terreno en qué medida esa información refleja o no la realidad”.
¿Wikileaks marca una nueva forma de hacer periodismo? “Tal vez lo que estamos presenciando no sea el nacimiento de un nuevo tipo de periodismo, sino un mundo donde ahora es muchísimo más arduo para los gobiernos y otros ocultarle información a la opinión pública”, reflexiona Hilary Bishop, de la BBC.
Es tan cierto. La obligación del periodismo –esa de fiscalizar al poder y que este acepte esta fiscalización como parte de una institución necesaria en las sociedades democráticas– está intacta. Y puede tener ligada a un ejército de personas detrás de sus computadores o teléfonos móviles que, de repente, pueden apretar Enter y entregar aquella información que algunos no quieren que se sepa.

lunes, octubre 18

Noboa dormía y en twitter lo accidentaban

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Tomado de terra.com
Cristian Noboa, jugador ecuatoriano.

"¿Se accidentó Noboa? Extraoficialmente suenan rumores sin confirmar que el jugador se accidentó en Rusia, todavía no se confirma esta versión". El tweet sobre el exitoso futbolista ecuatoriano Cristian Noboa, que triunfa en el Rubin Kazan ruso, lo disparó al mundo el periodista deportivo Vito Muñoz.
Muñoz, un comunicador con más de tres décadas de trayectoria, soltó la noticia en su cuenta de Twitter y enseguida provocó un hervidero de retweets y citas en los que los aficionados preguntaban desesperados por el destino del jugador de la selección ecuatoriana.
Una hora después, Pedro Mauricio Muñoz, ex futbolista, periodista y ahora coordinador de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, hizo lo que los periodistas debemos hacer desde el inicio: agarrar el teléfono y llamar a la fuente, en este caso los padres de Noboa y el propio jugador, que en realidad descansaba en su hogar. Lo informó así en su cuenta de Twitter.
¿Nos salva el que etiquetemos algo como "rumor", como "extraoficialmente"? Yo creo que no. Creo que hay que respirar hondo, aguantarse las ganas de la primicia, aplacar un poco la vanidad del golpe, y hacer una pausa. La pausa de siempre en este oficio, la de contrastar información, la de meditar a quiénes podemos hacer daño con una información como esta.
¿Es inevitable la falta de rigor en Twitter? Algunos -esos críticos dogmáticos de las nuevas herramientas del oficio-, dirán que sí. Yo creo que los periodistas debemos intentar dar el ejemplo. Y por supuesto que nos equivocaremos en este aprendizaje. Lo que debe estar claro es que Twitter y compañía no son terreno diferente. Son espacios en los que la credibilidad sigue en juego, en los que las esencias y técnicas del oficio periodístico continúan inalterables.

viernes, octubre 1

El periodismo venció a la propaganda

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El poder en Ecuador no entiende al periodismo. Pero voy a ser ingenuo y soñar que la tensa jornada que vivió el país el jueves por una inédita sublevación policial, dejará algunas lecciones para intentar comprender qué es este oficio, qué esencias tiene.
Lo que sí entiende el poder es el poder de la propaganda. Lo dejó claro al dejarnos por seis horas claves sin la señal de medios audiovisuales que transmitían los hechos increíbles que sucedieron en el país. Que mostraban, en vivo, imágenes absolutamente kafkianas para el Ecuador entero (y ojo que este es un país devotamente kafkiano).
Seis horas de propaganda. Seis horas de periodismo enmascarado. De un desfile interminable de autoridades por la señal encadenada de EcuadorTV, el canal del estado, en que sobraban adjetivos y faltaban hechos con distancia. En que las loas al poder y el increíble cinismo de presentadores disfrazados de periodistas y de funcionarios nos informaban que todo era normal. Que había una fiesta cívica en esas calles en las que la ciudadanía vio vandalismo, saqueos, disgusto y rebelión a la autoridad.
Por un lado recibimos, una vez más, propaganda camuflada de periodismo. Y por otro, unos periodistas que se juegan por el oficio se daban vueltas en sus redacciones desesperados por no poder salir al aire por una orden gubernamental.
Pero a las 20:00, Ecuavisa rompió la orden. Y casi al mismo tiempo lo hizo Teleamazonas. Y luego Canal Uno. Queda dignidad, muchísima dignidad en este periodismo ecuatoriano, pese a toda la catarata de insultos que nos disparan sábado a sábado. Queda coraje, muchísimo coraje, en este periodismo ecuatoriano en el que muchos ciudadanos dudan como institución debido a la sistemática campaña que lleva tres años al aire.
Eso es periodismo. Esa adrenalina inexplicable que nos acompaña y que se vivió ayer, con certeza absoluta, en todas las redacciones del país. De todas ellas y de cada uno de sus integrantes que adoran este oficio como vehículo de contar, de servir, de fiscalizar, de entenderlo como una vocación. Como una elección maravillosa de vida.
Eso es periodismo. Poder asistir a una balacera impresionante a través del relato de Hernán Higuera, periodista de Ecuavisa, y del camarógrafo Antonio Narváez. Poder ver y escuchar, en vivo, la narración de Hernán, llena de garra y temor a la vez, con una voz temblorosa que sobrecogía, con un aliento que se le entrecortaba en medio del sonido combinado de metralla, fusil y de balas de goma que inundaba la noche quiteña.
Eso es periodismo. Todo ese periodismo que hicieron los múltiples reporteros, fotoperiodistas, que estaban dentro del Hospital de la Policía arriesgando sus vidas por una bala perdida en cualquier ventana. Que sufrieron vejámenes y amagos de órdenes de no disparar sus cámaras, de no documentar más la realidad.
Eso es periodismo. Todo ese que hicieron en todo el país muchísima gente que ama a este oficio. Que se la jugó, una vez más, en medio de pisotones, de insultos, de angustias, de piedras zumbando, de gases lacrimógenos asfixiando.
Ojalá lo entiendan desde el poder. Ojalá entiendan que la generalización es absurda. Que no hay marionetas colectivas. Ojalá entiendan que este oficio es para contar y pensar, duela a quien duela. Y en este momento duele contar y pensar un país que se desangra en sus calles por la delincuencia. Pero que se desangra más, mucho más, en el doloroso vacío de las posibilidades, de los quizás. Esas que siempre nos imaginamos. Aquellas que retratan lo que pudiéramos ser como país.

sábado, septiembre 11

Menos insultos, más argumentos

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Haga click en la parte inferior derecha para ampliar y ver, luego de darle Play, algunos ejemplos de comentarios en medios ecuatorianos.

Vivimos la época del intercambio en tiempo real en su máxima expresión. Escribes y te contestan al segundo. Comentas lo que otro ha comentado y una ráfaga de respuestas puede llegarte. Vienen, raudas, desde un celular, desde la computadora.
Los portales de los medios de comunicación, los tradicionales o aquellos nuevos medios exclusivamente on-line, son parte natural de esta corriente. Los comentarios son vitales. Las audiencias necesitan –siempre lo han necesitado– comentar su mundo, criticar, argumentar, debatir; y la explosión que se vive con las redes sociales combinada con el periodismo en la era digital ha generado apertura para que ese aporte sea mayor.
Pero lo que me intriga es cómo los medios ecuatorianos, y los mundiales en general, pueden canalizar mejor esa capacidad de debate en los comentarios que se dan en las notas o en las cuentas de Facebook o Twitter que manejan. Me pregunto también cómo los ciudadanos podemos aportar para que esos comentarios, tan bienvenidos, no caigan en el insulto fácil, en un regionalismo destructor, en xenofobias, homofobias y en una agresión sin argumentos como lastimosamente ocurre.
Realmente es la época del comentario, pero también la época del ataque sin piedad. Todos los días somos testigos, en diversos portales, blogs y cuentas de redes sociales, que los comentarios a los enlaces de información noticiosa –algunos de ellos escondidos en el anonimato o los seudónimos– son rebatidos entre algunos lectores con el simplón recurso del adjetivo hiriente, y que las palabras llegan a niveles de agresión al otro, no a rebatir una idea.
La preocupación es global. Miguel Ángel Jimeno, profesor de periodismo de la Universidad de Navarra, en España, ha creado un grupo en Facebook, denominado Por el control de la barra libre en los comentarios de publicaciones online. “Hay que dar un paso más en el periodismo digital para que la libertad de expresión no esté por encima del respeto, la responsabilidad y la ética profesional”, asegura en el sitio.
Esta postura de Jimeno es clara. Apunta a una responsabilidad de los medios en lo que publican en sus espacios, en este caso con material de sus lectores. Hay otros que opinan que la red debe ser un espacio de total libertad y que ese debe ser el precio de las nuevas tendencias.
También hay una postura adicional, que tienen algunos portales noticiosos, de que los propios lectores moderen los comentarios, al otorgar votos positivos o negativos o denunciar si consideran que algún comentario está fuera de tono.
La Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) también hace cuestionamientos. En su blog
Nodo Digital pregunta cómo los medios pueden aprovechar los comentarios de sus lectores, y apunta a que los periodistas deben entender que hoy una de sus funciones es la de administradores de flujos de conversaciones.
Hay un reto para los medios. Y un reto para los ciudadanos lectores de esos medios digitales. Es el desafío para ese personal que trabaja en los portales noticiosos de lograr mediar con sus comunidades para construir juntos una mejor ciudadanía crítica.
Y es el desafío para esos lectores, totalmente ajenos a la pasividad de antaño. Su reto es el de los argumentos, no de los insultos. Es lo que necesitamos desesperadamente como sociedad cuando debatamos en ese maravilloso mundo online.

domingo, agosto 1

La ética de compartir

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Somos responsables de conectar gente. Hablo de la conexión en internet. En cualquier lugar del mundo, en este momento, hay alguien que ha leído algo que otro le ha pasado y que a su vez ese otro puede haberlo conocido en un espacio pequeño de algún website. Lo hizo porque halló un link, ese vínculo que encontramos en internet, generalmente en la forma de una manito sobre la que nos posamos y le damos clic.
Esa capacidad de regar información que luego puede ser conocimiento tras un proceso de múltiples cerebros involucrados en ello, la podemos tener cada uno de nosotros en internet. Es lo que se ha denominado la ética del link.
Así la teoriza Jay Rosen, prestigioso profesor del área de periodismo de la Universidad de Nueva York y autor del blog PressThink, un espacio que busca profundizar sobre la prensa y entenderla como un “fantasma de la democracia” en la maquinaria mediática. Un fantasma positivo, por supuesto. Necesario como institución sólida e independiente en las sociedades democráticas.
“Cuando conectamos (ponemos links) estamos expresando la ética del internet, que es el conectar a la gente con el conocimiento. Y la razón por la que usamos links no tiene nada que ver con el copyright, tiene que ver en cómo hacemos que la web sea una web de conexiones y así es como conectamos el conocimiento con las personas”, asegura Rosen.
Las reflexiones del académico apuntan a entender todo un proceso del internet, aún en marcha, en el que el compartir, sin egoísmos, es clave. En el que entregar algo en esa virtualidad, cada vez más orientada a una conexión horizontal y en microsociedades debido a las redes sociales, pueda hacer clic en alguna remota parte.
Lo que Rosen afirma nos puede tocar a todos los internautas. Desde el pequeño blogger que cuenta sus historias sentimentales o deportivas en la red, o el usuario de Facebook o Twitter que comparte una lectura enriquecedora con sus amigos a la par que cuenta su día a día, o el gran medio de comunicación que tiene claro que su sitio no puede tener toda la información, sino que debe –como parte de su ética y compromiso con sus usuarios– compartir otras lecturas, de otros sitios, que puedan dar más contextos a su información.
Es entendernos como pequeños engranajes de una cadena gigantesca que en cualquier momento pueden ser útiles para transmitir pequeñas dosis de cambios, positivos ojalá. Para hacer de esa cadena una estructura poderosa, con todos sus eslabones unidos.
Y en esa dosis de cambio y de esa ética del compartir, Guayaquil vivió exitosamente su segundo BarCamp, con una serie de “desconferencias” con mucha informalidad pero con gran intensidad de deseo de difundir conocimientos.
Ojalá muchos de esos miles de eslabones (presenciales y virtuales) que se juntaron allí, en el campus de la Espol y fuera de él, se agrupen y estructuren ideas para la ciudad, el país y el mundo.

jueves, julio 15

En Facebook no dejamos de ser periodistas

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Tomado de farm3.static.flickr.com
A Octavia Nasr no le sirvieron de escudos sus 20 años como corresponsal de CNN. La cadena de noticias la despidió porque usó su cuenta de Twitter para expresar su pesar por la muerte de un clérigo libanés considerado "terrorista" por los Estados Unidos.
El Gran Ayatolá Sayyed Mohammed Hussein Fadlallah, según esta nota de la BBC, el clérigo chiíta más influyente en el Líbano y quien inspiró al grupo militante Hezbolá, falleció a inicios de este mes en Beirut.
Nasr había escrito, apenas enterarse del fallecimiento: "Me entristece oír que murió Sayyed Mohammad Hussein Fadlallah... uno de los grandes de Hezbolá que yo respetaba mucho".
El despido de Nasr (acá su argumento y disculpa por el tweet) que, según la CNN se da porque su comentario comprometía la credibilidad de la corresponsal en el Medio Oriente, no es el único. Es uno de los últimos de una serie de eventos que se han dado en tiempos recientes, en que el uso de las redes sociales está profundizándose cada vez más en las redacciones. Y como todo lo nuevo, aún hay miedos, dudas y líneas muy delgadas sobre si se puede separar lo institucional de lo personal en los comentarios de los periodistas en estos sitios.
¿Son realmente dos voces las que se pueden separar? ¿Podemos hablar de que hay un ser que a veces escribe como periodista y en otras veces lo hace como no periodista? Plantearía estas interrogantes como primer paso para la reflexión. Y la respuesta obvia es que no. El periodista es el ciudadano. El ciudadano es el periodista. Lo que dice en las redes es su única voz y debe entenderse como otra más de sus responsabilidades frente a su público, por pequeño que sea y que, lo querramos o no, interpretará nuestros comentarios como parte de nuestra realidad periodística.
¿Somos entonces esclavos de nuestro oficio? Yo diría que la ética inherente al periodismo es la de la disposición permanente para el oficio. Somos periodistas las 24 horas del día, lo que no significa que no tengamos vida propia ni que podamos usar las redes sociales para comentar sobre trivialidades de nuestras realidades personales, si así lo queremos. Lo que está claro es que las redes, si las usamos como parte de nuestra perspectiva profesional, tienen las mismas reglas que el papel, que la televisión o la radio. Allí están vigentes la ética, el citar la fuente, el argumentar, el aceptar la crítica con altura, el diferenciar la opinión de la información. Está vigente, sobre todo, buscar ese triángulo fundamental del periodismo: la búsqueda de la verdad con responsabilidad e independencia.
Hay un debate intenso en estos momentos en algunos grandes medios sobre qué hacer. Unos han tomado una medida radical: el control de lo que dicen sus periodistas en las redes. Otros piensan que eso es una censura, esa que los medios siempre han criticado de parte del poder.
Estoy convencido en las posibilidades infinitas de la libertad de la red. Suscribo esa libertad. Pero por supuesto que esa posibilidad de ser libre viene aparejada, como siempre lo ha sido en el oficio, con una gran responsabilidad. El debate sigue abierto.

Algunas políticas de medios sobre redes sociales y más:

Las reglas de The Washington Post para sus periodistas.
Lineamientos de Associated Press.
La política para los periodistas de The New York Times.
Lineamientos de Folha de Sao Paulo.
Las reglas de Reuters.
Las reglas de WSJ "son muy restrictivas". Una visión desde el Nieman Journalism Lab.
Jeff Jarvis, contra los controles en redes sociales.
Participa en foro de la FNPI: ¿Deben los medios controlar lo que sus periodistas hacen en las redes sociales?
Despiden a periodistas por postear videos satíricos en YouTube.

martes, julio 6

Reporteros, ¡aquí hay ayuda!

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Hay un mal que a veces se toma las redacciones: las fuentes repetidas. Que si se llama al mismo economista, que el sociólogo tal opina sobre esto y sobre lo otro. Que el analista político vuelve a dar su discurso. El mismo de siempre.
Hay desidia a veces, desinterés en ir más allá de la agenda gastada de contactos. Por eso me ha llamado tanto la atención el sitio Helpareporter. Fundado hace dos años por el emprendedor estadounidense Peter Shankman, este sitio es una red social dedicada a encontrar expertos que contesten las inquietudes de periodistas y bloggers en todo el mundo.
Su base de dactos actual habla de más de 100.000 fuentes activas y más de 30.000 periodistas inscritos. El proceso es sencillo y gratuito. Un periodista o blogger ingresa al sitio, se suscribe dando su correo electrónico y pasa a formar parte de la base de datos. Si alguna vez tiene una inquietud pues la hace y su pregunta le llega a los miles de expertos diseminados en el mundo.
ABC, CBS, Reuters, CNN, Gannett, algunas de las agencias más importantes del mundo hacen consultas a través de sus periodistas.
Al suscribirse se reciben tres mails diarios (el primero antes de que salga el sol), cada uno con una treintena de inquietudes de diversos comunicadores del mundo. Desde aquellos que buscan historias de aficionados a los videojuegos, del que quiere saber cuál es la mejor forma de hacerle seguimiento a un plan estratégico de negocios, de la autora que rastrea historias de fantasmas en las carreteras hasta la ansiedad de una investigadora que quiere saber la opinión de las mujeres sobre qué piensan de los hombres que visten camisas rojas.
Helpareporter (que se financia con marketing directo y viral) es una oportunidad interesante para explorar otras formar de comunicarnos, de obtener informaciones. El sitio, que inicialmente fue un grupo en Facebook, está en inglés, esperando el emprendimiento iberoamericano para que haya una iniciativa similar en español.

domingo, junio 20

Neda, su voz, su hito

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Cuando se escriba la historia sobre las diversas formas de comunicación en internet que se consolidaron en este inicio del siglo XXI, el nombre Neda tendrá un lugar importante.
Treinta, cincuenta años después, los sociólogos, teóricos y estudiosos de la comunicación se detendrán en este nombre de mujer, para recordar un hito fundamental en la historia de las redes sociales y su poder influyente para generar movimientos en las sociedades contemporáneas. La imagen de esa iraní de 27 años, y de su sangre derramada en las calles de Teherán mientras moría con los ojos abiertos, es, y será, una pieza clave para entender una época.
Hoy se cumple un año del asesinato de Neda por una bala anónima de un francotirador en esas calles convulsas de la capital iraní. Hace un año, una parte del pueblo de Irán se rebeló y se lanzó a las calles a protestar contra una reelección –acusada de irregular– de un régimen que no permite libertades individuales básicas en una sociedad democrática.
El tema Neda entra otra vez al ruedo con algunos análisis y documentales sobre todo lo que generó el video de su muerte, que fue colgado horas después en YouTube. Una filmación que para llegar a internet tuvo una cadena de custodia marcada por el temor al poder censurador del régimen de Mahmoud Ahmadineyad. Un celular anónimo, luego un doctor inidentificado enviando un correo a varias cuentas fuera de Irán y por último la puesta en el portal de videos por otro anónimo iraní en Holanda, formaron el triángulo básico que cumplió con la súplica que partió del correo electrónico rebelde: “Por favor, deja que el mundo se entere”.


Neda Agha Soltan.
Tomada de blogswork.files.wordpress.com

El mundo se enteró. Y se conmovió. El video de la muerte de Neda Agha Soltan, que hace poco recibió el prestigioso premio de periodismo George Polk y que el Poynter Institute incluyó entre los 200 momentos que transformaron el periodismo en la década 2000-2009, fue el canal para crear un símbolo y una inspiración para la resistencia a un poder polémico.
El propio portal YouTube, en su blog, analiza cómo el video ciudadano es hoy una herramienta para luchar contra la violación de los derechos humanos que se registran en diversas partes del mundo. Estos videos “están haciendo visible lo que antes no era visible (...). En el pasado, esta clase de imágenes las veíamos principalmente en las noticias nocturnas o en documentales, y aun así solo ocasionalmente. Pero ahora que el uso de cámaras y acceso a internet está mucho más extendido (incluyendo a los países en vías de desarrollo), encontramos imágenes sobre derechos humanos mucho más directamente”.
El análisis apunta a que lugares remotos, muchas veces bajo dictaduras, tienen un respiro al poder gritar sus suplicios en la forma de un video. Y las grandes cadenas también difunden ese grito. HBO estrena en EE.UU., y YouTube lo comparte también, el documental Por Neda, un trabajo valiente de un periodista iraní en el extranjero que regresa a su país para, de forma oculta, entrevistar a la familia de la víctima y revelar al mundo quién era esta joven, cómo pensaba, por qué quería rebelarse frente a una visión que pisoteaba sus derechos de mujer, de ciudadana.


Neda, se dice en el documental, es un nombre persa que significa “la voz”. Hace un año la imagen de Neda en el piso fue eso: una voz. Un símbolo que en forma de video que se viraliza por el planeta grita indignado que en una parte del mundo, así como en otras, hay gente que no puede ser libre.

jueves, junio 17

Quieren que rija la época de la tibieza

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Tomado de tinypic.com
El siguiente panorama está a un paso de ser factible en Ecuador. Un día, cualquier periodista de una Redacción de un medio ecuatoriano (más si es de uno independiente y crítico con el poder) podrá recibir en su escritorio una citación.
De repente le dirán que un cabildo o una asamblea popular, manejada por algún dirigente de los "de base" del poder vigente, lo cita para que explique las causas de su reportaje, noticia, o lo que sea que haya producido. Le pedirán cuentas por alguna información que a este grupo comunitario no agradó, consideró inexacta o poco veraz, adjetivo que se maneja repetidamente por los críticos de la prensa que buscan legislarla -no para esa mejora necesarísima por las deficiencias que sí tiene-, sino para acorralarla.
Lo que se pretende con el Consejo de Comunicación es callar a las pocas voces y medios críticos que van quedando. El Consejo, un órgano que será el mandamás de los medios en el país, integrado por dos miembros del Ejecutivo y con cinco más de los que hay derecho a dudar de su independencia, ha sido aprobado en primera instancia, y ahora necesitará solo los votos de la mayoría oficialista en la Asamblea para ser una daga real para la prensa ecuatoriana.
Lo que quiere ese poder es que nos dediquemos a hablar de la farándula. Que insistamos con fiereza en la jerarquización deportiva, en los proyectos televisivos o abundemos en las grandes producciones hollywoodenses. Quisieran que, de repente, nos volcáramos solo a chequear el movimiento de los ciudadanos en los parques, en reconstruir procesos de la sociedad, tan necesarios por supuesto en la prensa. Quieren que nuestros esfuerzos se vean obligados a orientarnos en los extremos banal-enciclopédico, en lo inofensivo, en lo aséptico.
Lo que no quieren son ojos ni oídos en los contratos irregulares, en las emergencias en salud que han movido contratos millonarios pero que no extirpan la ausencia de hasta aspirinas en los hospitales públicos. No quieren ojos, oídos ni talento en el análisis o interpretación (palabra que asusta) de por qué hay una escalada terrible de la delincuencia, de por qué la AFP da la versión al mundo que en Ecuador, hasta de forma online, se contratan a sicarios, o que es evidente que funcionarios de entidades supuestamente independientes reciben órdenes, que acatan con rapidez, desde la tribuna de un enlace sabatino público.
Se viene, entonces, colegas, de pasar esto, una época más dura. Es la época en que nos quieren obligar a la tibieza, al esparadrapo, a voltear la cabeza, a que nosotros mismos nos pongamos las vendas y los tapones de oídos. A no ser que mejor veamos el Mundial u oigamos la música que nos persigue donde vamos y que dice que el país está en marcha.

domingo, mayo 16

Murió el maestro, murió Carlos Villar Borda

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Carlos Villar Borda, periodista colombiano.
Foto: Diario El Universo

A Carlos Villar Borda lo conocí cuando yo recién empezaba a ejercer el oficio más maravilloso del mundo. Canoso, de paso lento, con sus lentes y barba de abuelo, muy acorde a los inicios de sus setenta. Tenía una voz fuerte para sentenciar algo, para decir que esto era o no era así.
Hablaba con pasión del periodismo, un oficio que para él era como respirar. Hablaba, también, con la entrega de una persona que estaba dedicada en esos momentos a formar periodistas. Tenía una visión clásica del periodismo, esa que te martillaba que los que comienzan en esto deben primero aprender a escribir bien un breve para luego querer hacer una crónica.
Tenía, además, varias manías de periodista, de esos que casi todo lo relacionan con el oficio, con la posibilidad de una noticia, de una foto. Con ese algo que puede terminar impreso en un papel periódico que te manche los dedos. Recuerdo cómo le fascinaba analizar las posibilidades de leads en una información dura. Pensaba que muchas veces podíamos ser audaces en sus encabezados sin perder la compostura, pero sobre todo creía en que había que sudar la palabra.
A Carlos Villar Borda, ese periodista colombiano que acaba de fallecer en Bogotá a los 84 años, le movía una pasión -que a veces parecía la de un niño-, al descubrir que detrás de eso de lo que estabas hablando había una gran historia, una posibilidad maravillosa para hacer una crónica.
Vivió caídas de presidentes, revoluciones, muertes de guerrilleros (informó del asesinato del Che Guevara en una reportería increíble que se reseña en su libro La Pasión del Periodismo). En un solo concepto que marcó al siglo XX: vivió la Guerra Fría. La reportó desde Washington, Nueva York, Bogotá, Caracas, La Paz, o desde donde le tocaba vivirla a través de su trabajo por más de dos décadas en la desaparecida United Press International (UPI), con la que realizó coberturas en más de 30 países. Fue, también, director de Lecturas Dominicales de Diario El Tiempo y recorrió Latinoamérica para dar asesorías.
Entre esas, ya en sus últimas etapas como parte fundamental en los procesos de cambio y modernización de Diario El Universo, en Guayaquil, tuve la suerte de recibir sus consejos. De poder acercármele después de una cobertura y preguntarle, angustiado, si lo había hecho bien.
De escucharlo entrar a la Redacción y alzar la voz para dirigirse a una periodista experimentada a la que él respetaba y solo saludarla con una palabra: ¡Periodista! Para él esa palabra encerraba un estilo de vida, un destino. Era, a la vez, fortaleza, vigor, amor, vocación de por vida.

sábado, mayo 1

La hora del absurdo, de los muertos, de la intransigencia

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Tomado de http://www.javiervelilla.es/

A veces uno llega a creer que en Europa no se respiran los absurdos que en esta América hermosa y diversa. Pero cuando se lee lo que pasa en Italia y las perlas de su primer ministro, el todopoderoso Silvio Berlusconi, uno recuerda que al menos una parte de esa Europa es tan cercana en esencia a nuestras tragedias.
Berlusconi responde al prototipo del líder prepotente. A esos de los que no importa si los clasificamos en la derecha o en la izquierda radical. Son prepotentes. Y punto. Y como tales no les gusta la crítica. Fácil deducción entonces: no les gusta la prensa. Al menos que no sea crítica o al menos que sea de ellos. O al menos que esté entregada a las mieles de ese poder, y que jueguen a la maravilla de ver, oír y callar. Les gusta la que usa vendas, tapones y esparadrapos, algunos sin siquiera saber que los llevan puestos, que es lo más doloroso.
Recuerdo a Berlusconi estos días en que hablamos más de la Libertad de Prensa, cuyo día especial se conmemora este 3 de mayo. A ese Berlusconi que hace poco acusó públicamente a Roberto Saviano -el periodista y escritor italiano que publicó Gomorra y desnudó la miseria y corrupción en las entrañas de Italia-, de hacerle publicidad a la mafia y de dañar la reputación de todo un país.
Berlusconi quisiera un ejército de periodistas ataviado de vendas, tapones y esparadrapos. La Italia ideal para el magnate de medios y de incontables empresas de todo tipo, es esa: una Italia con periodistas como los de sus medios, esos que celebran, que aplauden, que sonríen, que denigran.
Berlusconi en Italia; Ahmadineyad en Irán; Fidel Castro en Cuba; Hugo Chávez en Venezuela; Cristina de Kirchner, en Argentina; Rafael Correa en Ecuador; Álvaro Uribe en Colombia. Todos tienen en común su antipatía a la prensa no complaciente (la otra, la sorda, ciega y muda, la ven como simplemente una dependencia pública más). Todos coinciden en el poco entendimiento que tienen de sus esencias, de comprender que es una pieza fundamental en las sociedades democráticas que necesitan herramientas de contrapoder, de fiscalización a su poder. Todos comparten el ignorar la esencia de un oficio repleto de complejidades y errores, pero piedra angular en la historia como difusor de información que luego se ha transformado en conocimiento.
Es este lunes el Día de la Libertad de Prensa. Hora de volver a reflexionar sobre estas presiones. Recordar a los muertos, analizar la violencia contra el oficio. Fueron 99 los periodistas asesinados en el 2009; 136 los encarcelados en el mismo año. El oficio en México sigue desgarrándose e inclinándose ante el horror del narcotráfico, de la rutinización de la tragedia y la inoperancia de sus autoridades; Honduras rompe récords con siete periodistas asesinados en los últimos dos meses. En Cuba -donde hay 27 periodistas presos, entre ellos la primera blogger encarcelada, Dania García-, se intenta silenciar a las voces que gritan por la web el dolor de vivir en un país donde no hay libertades básicas como las de expresión o movilización. En Argentina, a la prensa que antes fue amiga, hoy se la denigra con carteles públicos, al más puro estilo del fascismo.


Carteles en Buenos Aires contra el grupo Clarín.
Tomado de
www.medimanagementblog.files.wordpress
La lista, lastimosamente, es más amplia. Los peligros, las tensiones, los dolores para el periodismo y toda la sociedad, pueden palparse en un viaje imaginario tipo Google Earth por Latinoamérica; cruzar el Atlántico a la vieja Europa evadiendo mafias rusas e italianas enquistadas en las esferas del poder; atravesar el Medio Oriente esquivando las balas de la intolerancia político-religiosa; sobrevolar por China y franquear otra muralla, esa que se edifica contra internet y luego llegar a África para sobrevivir en medio de dictaduras que importan poco al mundo noticioso.
Es la hora del absurdo. Siempre lo ha sido. Es la hora de los muertos. Que ahora crecen con mayor impunidad. Es la hora de la intransigencia. La eterna, la milenaria.

martes, abril 13

Se viene el Armagedón periodístico

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Tomado de http://www.robertfinkelstein.files.wordpress.com/

El poder oficial es el invitado principal de los medios públicos en Ecuador, que en la cruda realidad no llegan a ser públicos, sino estatales.
Un reciente informe de Fundamedios lo demuestra. Ese estudio, publicado en Diario El Universo, ha molestado a ese poder mediático (ese que prefiere largamente a los ministros y sus profecías de paraísos, que a los ciudadanos a los que dice priorizar), y ha iniciado una evidente campaña contra los médiums, los mass-media, los medios burgueses o poderes fácticos, esas etiquetas singulares con las que han agrupado generalizadoramente a toda la prensa privada.
Entonces, como eso se publica, como esa herida se la restriega, lo que se viene es el anuncio del Armagedón, el infierno para esa prensa privada que sigue -atrevida- ejerciendo su labor fiscalizadora a ese poder. Claro, con errores, como siempre los ha tenido. Con carencias y falta de autocrítica, como siempre las ha tenido, falencias que deben ser motivo de análisis internos y rectificaciones.
Ese Apocalipsis comienza con un adelanto de El Telégrafo, que en un editorial increíble titulado "Crisis de lectoría", alerta sobre el terror de esos medios privados ante un evidente deterioro de su público lector y porque -atención- se viene el periodismo que "el pueblo espera".
"(...) Deberían transparentar sus cifras de circulación. En ese momento, el Ecuador entero se daría cuenta de que toda esa guerra mediática contra El Telégrafo no es otra cosa que el síntoma aterrador de un nerviosismo por la llegada de dos competidores que el pueblo espera: El Telégrafo con el mismo concepto, pero con primicias e información de actualidad y un Diario Popular que retrate a la mayoría, respetando la dignidad del ser humano", se asegura.
La primera alerta del Armagedón la da entonces el diario oficial. Al día siguiente, muy en la mañana, GamaTV, canal incautado, sigue la misma línea. Es solo una coincidencia. Ahora muestra un reportaje en que asegura que los dos principales diarios del país, El Universo y El Comercio, que junto a Hoy y Expreso, principalmente, han ejercido un periodismo fiscalizador al gobierno de la revolución, están perdiendo lectoría en un "proceso imparable", como dramáticamente lo enfatiza su periodista, Hermes Campoverde.
Entonces, ad portas del Apocalipsis, releo lo que dice el presidente de EcuadorTV y la Radio Pública y coordinador de los medios incautados en Ecuador, Enrique Arosemena. Él, que se ufana de que el noticiero de TC Televisión -antes rehén de una forma dolorosa de hacer periodismo y ahora rehén de otra forma torpe de hacer propaganda- es el más visto ya que "ha mantenido su línea exitosa de crónica roja".
Él, que niega que hayan injerencias en las líneas editoriales de los medios públicos, y que los defiende "a capa y espada" como espacios que no deben tener sesgo, suelta una frase reveladora: "Como hay un Jorge Ortiz en la televisión también existe un Carlos Ochoa". Eso, en referencia a dos presentadores que están haciendo daño al periodismo ecuatoriano. El uno, en Teleamazonas, con su sesgo y periodismo de hígado, como lo dije en un post anterior, y el otro, con el mismo sesgo, pero desde la vereda revolucionaria.
¿Medios públicos? ¿medios que privilegian a la ciudadanía? ¿medios que no censuran como sí lo hace la prensa "burguesa"? Sé que hay gente que creyó en esta idea. La respeto muchísimo. Tengo amigos queridos a los que admiro por su trabajo, su pasión, su vocación por un periodismo plural, ético, íntegro. Para ellos, mi respeto siempre. Pero creo que la máscara está totalmente en el piso ahora.

sábado, abril 10

Medios para transformar

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Transformar es la palabra clave. Promover cambios de vida, demostrar que se pueden edificar historias de esperanza cuando transmitimos algo en un medio de comunicación.
Ese concepto se profundiza en Guayaquil, uno de los tres lugares escogidos en el mundo como parte de un proyecto piloto mundial de la comunidad Bahá’í.
La fe Bahá’í, una religión nacida en la antigua Persia hace más de 160 años y que propugna como filosofía la tolerancia a las diversas creencias y la unidad espiritual de la humanidad, seleccionó a Guayaquil, además de Canoas, en Brasil, y Toronto, en Canadá, como parte de un concepto: Medios para la transformación.
¿Cómo transformar desde los medios? ¿solo los grandes medios masivos pueden hacerlo? Katty Simisterra (kattyscoggin@gmail.com), periodista guayaquileña que está al frente del proyecto, cree en el potencial positivo de los medios, en su poder para hacer reaccionar. El trabajo, por ahora dedicado a jóvenes de 12 a 14 años en una zona de Chongón y listo para realizarse con otros adolescentes del colegio Steiner, no es en grandes programas de televisión con amplio rating. Tres personas a tiempo completo y cinco voluntarios producen dramatizados televisivos que se comparten con los jóvenes para reflexionar.
Entrar a una comunidad a través de sus jóvenes, orientarlos en temas tan comunes como las presiones sociales por la moda, la ayuda a la familia, la responsabilidad o la honestidad, son parte del contenido.
El tema de este proyecto Bahá’í, impulsado por la Oficina de Desarrollo Socioeconómico de esta religión, con sede en Haifa, Israel, debe hacernos pensar a los periodistas y a todos aquellos que tenemos la maravillosa suerte de poder comunicar en diversas vías. Me saltan preguntas y autocríticas: ¿Qué más podemos dar fuera de los temas que todos los días nos atormentan en las salas de redacciones? ¿Cómo nos exprimimos creativamente para impulsar mucho más esa esencia transformadora que tienen los medios? ¿Cómo nos exigimos aún más para ir más allá de toda la podredumbre que también debemos mostrar? Porque frente a esa teoría de que los periodistas “solo damos noticias malas”, solo puedo contestar que el periodismo aséptico no ayuda a una sociedad que también tiene que ver sus dolores porque no publicándolos no desaparecen.
Ante esas dudas acudo al maestro, al polaco universal Ryszard Kapuscinski , ese periodista que entendió y dejó toda una escuela que enseña a vivir el periodismo como un oficio con demasiadas responsabilidades que siempre debe vestirse de la piel del otro. Que se debe intentar vivirlo con una extremada sensibilidad por ese otro.
Dos frases de él para martillar: “Cuando uno opta por describir la realidad, su escritura influye sobre esa realidad”. “El verdadero periodismo es intencional, a saber: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio. No hay otro periodismo posible”.

domingo, marzo 14

Jorge Ortiz y el error de la generalización

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Jorge Ortiz, presentador de televisión de Teleamazonas.
Tomado de eluniverso.com

No es cuestión de que nos caiga bien o mal. Porque a algunos críticos, e incluso colegas, les he escuchado el argumento de que el periodista ecuatoriano Jorge Ortiz es antipático.
No voy a entrar en ese análisis. No interesa. Lo que sí me parece vital es decir que no creo en la generalización. No creo en que deban, cada sábado, meternos en el mismo saco a todos los periodistas y que de repente todos seamos como Jorge Ortiz. Así, sin matices.
El presentador de televisión de Teleamazonas se equivoca demasiado. Se endurece en demasía, prejuicia en demasía. Estigmatiza en demasía. Utiliza el recurso de la exageración en sus palabras, en su rictus, en su tono de voz. En su compostura. Y nos hace daño a los demás. Cuando aparecen estos yerros, esa postura, esa ritualidad de todas las mañanas, ese ir y venir de entrevistados que a veces marcan agendas noticiosas en el Ecuador y que tocan intereses del poder, nos están generando una injusta etiqueta a toda la prensa.
No creo en el periodismo de hígado. Ese que destila odio al entrevistar. O el que no hace una pausa en medio del vértigo para tratar de ponerse una cubeta de hielo en la cabeza para bajar nuestras humanas pasiones. El fastidio, el odio, el prejuicio, el rencor, no son contundencia. Y no deberían ganar espacio fácil ni tener licencia absoluta porque se dicen en espacios de opinión. Esa contundencia se gana en base a estar informado, a contextualizar, a repreguntar en el momento oportuno, cuando ese poder que quiere ocultar algo nos quiere tomar como ingenuos. El resto es del televidente, del lector, del oyente. Los hechos, la interpretación de esos hechos (porque no somos simples abridores y cerradores de comillas) son los que mandarán. Los que harán que esa audiencia tome su decisión.
Jorge Ortiz nos hace daño cuando extravía su postura. Cuando va más allá de ese periodista bien formado, de amplia cultura general que es. De ese comunicador que ha desarrollado una carrera interesante por varias décadas en el Ecuador. Jorge Ortiz nos hace daño cuando se deja tentar por la revancha de contestar los insultos que le hacen cada sábado. Debe ser muy difícil su posición. Sin lugar a dudas. La tentación, el coraje, deben ser muy fuertes.
Pero también es difícil la posición de los periodistas que caemos en la etiqueta injusta de la generalización desde el poder. De aquellos que cada vez tienen mayores problemas en las dependencias públicas para acceder a información. De los que reciben insultos día a día con un "prensa corrupta" como caricia auditiva.
Es un asunto para debatir. Vía Facebook, algunos periodistas respondieron a un tweet que generó este post. Les dejo sus reflexiones:

Paúl Mena, Corresponsal en Ecuador de la BBC y profesor universitario
"El rol de los periodistas no es ser oposición ni tampoco servir de cajas de resonancia del gobierno. Los periodistas tenemos que hacer periodismo, ni más ni menos".

Rubén Darío Buitrón, Editor de Información de Diario El Comercio
"No se trata de carisma ni de quién es más fuerte o más débil. Se trata de hacer periodismo y no partidismo de oposición. Por eso yo no creo en el "espíritu de cuerpo". ¿Cómo defender a Jorge Ortiz si desde su espacio en Teleamazonas contraviene los principios básicos del periodismo y con su acción nos hace daño a todos?

José Olmos, periodista de Diario El Universo
"Jorge Ortiz y algunos otros colegas parecen empeñados en dar de comer al hambriento. Hay periodistas que hoy más que nunca luchamos por demostrar que se pueden hacer bien las cosas, que investigamos, que contextualizamos, que nos partimos el alma para hacer buen periodismo. Pero estos otros quieren figurar como los abanderados de la libertad de expresión y caen feo. Ese tipo de ayuda, no, gracias".

martes, febrero 2

"Las redes sociales han cambiado la forma de hacer periodismo"

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Tomado de www.xconomy.com

Esther Vargas es una periodista peruana que trabaja en Perú21. Es blogger, twittera, directora del blog Clases de Periodismo, un sitio práctico, útil, que comparte herramientas sobre la actualidad periodística. Con ella, que también tiene a su cargo un blog en la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) que trata sobre redes sociales, conversamos justamente sobre este tema.
¿Qué utilidad tienen para el periodismo las redes sociales del internet? ¿Son necesarias? En un momento en que el oficio necesita de cambios en la mentalidad de sus periodistas, que abran su mente a nuevas formas de trabajar (pero con las mismas esencias), es necesario reflexionar sobre el asunto. Este es el diálogo que tuvimos con Esther Vargas.

¿Qué tan importante para el periodismo actual son las redes sociales del internet como Facebook o Twitter?
Las redes sociales han cambiado nuestra manera de hacer periodismo. Al menos, para los que hemos ingresado con fuerza a estos espacios. Son importantes porque nos permiten saber qué piensan los lectores de nuestros contenidos, nos brindan alertas de noticias, inspiran la creación de historias y generan fuentes de información.

¿Por qué hay reticencia en algunos colegas en Latinoamérica para entrar a ellas? Hay quienes dicen que "eso de Facebook es para vagos". ¿Por qué crees que hay esta visión?
La reticencia es por el miedo a la tecnología, y por la idea errónea de que internet es solo entretenimiento. Una vez que ingresan descubren lo contrario y se enganchan.

En la práctica diaria de reportería, ¿en qué te han ayudado las redes sociales?
Me han ayudado para generar una red de fuentes en las redes gracias a usuarios fiables. Pero eso no quita que yo realice mi trabajo de confrontación de información, como debe hacer todo periodista. Asimismo, me ha dado ideas para generar historias y me ha servido para posicionar mi blog, así como una identidad en internet. Gracias a las redes he creado vínculos importantes con organizaciones de periodistas que están en Twitter y en Facebook y que ya conocen mi trabajo. A ello le sumo las oportunidades laborales que he conseguido a partir de estar en estos sitios.

¿Cómo crees que puede lograrse en medios tradicionales el cambio de paradigmas para entrar de lleno a un intercambio con su comunidad de lectores con estas redes?
El cambio es progresivo. Los medios han comenzado a despertar y a interesarse. Es importante que, desde dentro, los periodistas "ya conectados" 'evangelicen' dentro de las organizaciones. El medio debe entender que al ingresar a las redes no solo colgará links sino que servirá a la audiencia, conversará y aprenderá.

Para los medios y periodistas que ya están en redes sociales, ¿cómo crees que debe manejarse la crítica? Sobre todo en momentos en que en la región cada vez hay una polarización más marcada de "medios opositores" contra "medios gobiernistas".
La crítica es inevitable. Debemos inyectarnos tolerancia (difícil reto).

¿Qué pasará con los periodistas que decidan no entrar a las redes sociales?
Los que no ingresen a internet en general -no solo a las redes- acabarán siendo desplazados por periodistas más jóvenes o por periodistas experimentados que no dieron el salto. Es lamentable mirar a tu Redacción y encontrar colegas que siguen en la era del MSN y que no conocen lo que es Google Docs, entre otras herramientas. Y a la vez es gratificante ver que cada día se suman más periodistas. Una redacción se renueva y se llena de vigor, pero hay que vivirlo para contarlo.

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domingo, enero 31

El silencio y Tomás Eloy

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Tomado de www.elpais.com
Ha muerto Tomás Eloy Martínez. A sus 75 años, batallando hasta el final contra ese enemigo que tiene muchas más armas que cualquiera: el cáncer. Ese, el que se lleva casi siempre a uno que otro familiar y que se esconde -agazapado entre las sombras de los futuros quizás- con el deseo de alguna remota vez taladrar también sobre nosotros su dolor.
Ha muerto Tomás Eloy, el periodista, el novelista, el ensayista. El hombre que caminó entre la realidad y la ficción. El argentino apasionado por el oficio, por tratar de apostar siempre por la palabra, por la búsqueda del relato como la mejor forma de conectarse con ese público que la mayoría de las veces quiere que le expliquen el mundo solventemente, pero como lo hacían los abuelos. De forma simple, sin arrogancias ni tecnicismos.
"(...) Si los lectores no encuentran todos los días, en los periódicos que leen, una crónica, una sola crónica que los hipnotice tanto como para que lleguen tarde a sus trabajos o como para que se les queme el pan en la tostadora del desayuno, entonces no tendremos por qué echarles la culpa a la televisión o a internet de los eventuales fracasos, sino a nuestra propia falta de fe en la inteligencia de los lectores".
Así visualizaba Tomás Eloy al oficio. Quiero dejarles algunas de sus frases con relación al silencio, en este maravilloso texto del 2001. Son tan precisas para nuestra Latinoamérica que se debate con un poder que busca mecanismos del siglo XXI para silenciar a ese periodismo de contrapoder del siglo XXI.

"Es verdad que, en algunos casos, la brutalidad o la tontería del Poder imponen la retórica excluyente del silencio. Para poder hablar después hay que sobrevivir ahora. Esa fue la desgarradora alternativa que afrontaron los internados de los campos de concentración, donde quiera existieron esos campos: en Auschwitz, en la isla Dawson, en los chupaderos de Buenos Aires. ¿Enfrentarse al Poder con la certeza de la derrota o fingir resignación ante el Poder para dar luego testimonio de la ignominia? Pero cuando el silencio dura demasiado tiempo, la palabra corre el riesgo de contaminarse, de volverse cómplice. Para hablar hace falta valor, y para tener valor hace falta tener valores. Sin valores, más vale callar".

"Hace casi dos décadas, a medida que se iba reconquistando la democracia en Brasil, Uruguay, Argentina, Chile y Bolivia, algunos periodistas pensaron que debían callar los errores de los gobiernos recién elegidos porque la sombra de las dictaduras militares todavía se alzaba en el horizonte y señalar los tropiezos de algo por lo que tanto se había luchado y que era tan fresco aún, tan inmaduro, equivalía a una traición. Para cuidar la democracia, se pensaba, era preciso disimular sus pasos en falso. Y sin embargo, nada es menos democrático que callar. ¿Qué sentido tendría proteger la democracia privándola de su razón de ser: la libertad de pensar, de expresar, de saber? ¿Para qué querer algo que no nos atrevemos a vivir?"
"Una de las peores afrentas a la inteligencia humana es que sigamos siendo incapaces de construir una sociedad fundada por igual en la libertad y en la justicia. No me resigno a que se hable de libertad afirmando que para tenerla debemos sacrificar la justicia, ni que se prometa justicia admitiendo que para alcanzarla hay que amordazar la libertad. El hombre, que ha encontrado respuesta para los más complejos enigmas de la naturaleza, no puede fracasar ante ese problema de sentido común".
Consulta acá un muy buen resumen de la obra literaria de Tomás Eloy Martínez, sus artículos periodísticos y críticas.