El sonido del silencio tiene múltiples caras. Es Cuba. Es la bloguera Yoani Sánchez tuiteando a ciegas con SMS porque mayoritariamente no puede acceder al internet como cualquier mortal de cualquier país con libertades reales. Está, de muchísimas maneras, silenciada. Porque conminar al silencio es impedir a alguien -como se lo impiden a ella- salir de su país a contar lo que cree que es su verdad.
viernes, mayo 6
El sonido del silencio
El sonido del silencio tiene múltiples caras. Es Cuba. Es la bloguera Yoani Sánchez tuiteando a ciegas con SMS porque mayoritariamente no puede acceder al internet como cualquier mortal de cualquier país con libertades reales. Está, de muchísimas maneras, silenciada. Porque conminar al silencio es impedir a alguien -como se lo impiden a ella- salir de su país a contar lo que cree que es su verdad.
miércoles, abril 27
Vargas Llosa, Villoro y la revolución audiovisual


Mario Vargas Llosa, Nobel de Literatura peruano, y Juan
Villoro, escritor y periodista mexicano. Tomado de vanguardgrn.com y clubdetraductoresliterariosdebaires.blogspot.com
viernes, abril 15
Una pausa en medio del vértigo

Tomado de http://www.panoramio.com
Vivimos una era de rapidez. En la comunicación de masas, en la interpersonal o en el sencillo movimiento de las personas. Las cosas, muchas veces, nos circundan de una manera acelerada.
Hay menos tiempo. Siempre hay más tráfico y parece que alguien, en algún momento desconocido, hubiera mutilado los días para hacerlos más cortos.
Es esa era de rapidez la que nos permite saber masivamente, en cuestión de pocos minutos, gracias al internet y sus redes sociales, que un evento grande puede estar pasando. Que un tsunami se acerca, que Elizabeth Taylor se murió o que un delantero acaba de estrellar la pelota en el poste acallando el grito de gol de aquellos que sí siguen el juego en vivo o por la televisión.
En esa velocidad extrema de la comunicación hay un riesgo y una incomprensión. El riesgo es el de la desinformación. De que el rumor se eleve a categoría de verdad antes de ser contrastado, simplemente porque “todos lo dicen” en la web.
Durante la alerta de tsunami que vivió el Ecuador tras el terremoto de Japón, algunos usuarios retuiteaban mensajes que podían provocar pánico sobre información de la que no tenían certeza ni fuente alguna.
Otro ejemplo es cuando Cristian Noboa, el jugador ecuatoriano del Rubin Kazan ruso, dormía pero algunos lo “accidentaban” en su vehículo. Así, Twitter, Facebook, o las odiosas cadenas de mails y ahora de BlackBerry Messenger que recibimos diariamente, nos inundan de mensajes apocalípticos o de aquellos “dicen que” pasó o pasará algo terrible.
Es ese un riesgo lógico en nuestra comunicación del día a día. Algo que jamás desmerecerá las valiosas herramientas que son Twitter y compañía. Es un problema que viene acompañado de una incomprensión.
Esa que se hace evidente cuando en las salas de redacciones de los medios recibimos, en esta época de las redes sociales, las alertas de usuarios que nos exigen, con mayúsculas y a veces hasta con insultos, que publiquemos instantáneamente algo que está circulando por la red.
“¡¿Por qué no publican nada?!” es su exclamación, que viene acompañada de copias a varios medios de comunicación. Es una incomprensión lógica al trabajo periodístico de siempre, que no ha cambiado en sus esencias, pese a la era digital en que vivimos.
Hay que hacer una pausa en medio del vértigo. En medio de esa adrenalina de la información. El ciudadano internauta puede soltar un rumor, pero en los medios es necesario el contraste. El ciudadano internauta puede decir instantáneamente que al jugador de Liga de Quito, Luis Bolaños, le acaban de disparar en el pecho –lo que se dijo en las redes y que fue un error– porque tiene las ganas de informar a su manera. Es su derecho.
Pero a los ciudadanos periodistas nos toca hacer la pausa. Una breve o la adecuada para certificar y reflexionar. Una rápida si tenemos la certeza. Con más rigor en esta época digital que también es una época de juicios desde el poder. Sin miedo, pero con prudencia.
domingo, enero 2
El riesgo de la autocensura

El riesgo, visto por Bonil. Tomado de bonilperiodismo.blogspot.com
La peor censura es la autocensura. Esa práctica que se materializa cuando alguien comienza a martillarse dudas a sí mismo. Las frases “mejor no escribo esto” o “mejor no digo esto, porque me puede pasar algo o porque tal vez no le guste a mi jefe” pueden convertir futuras ideas en ausencias. En silencio.
En Venezuela, donde muchos periodistas hablan con resignación de ese silencio al contar múltiples historias de sus dificultades al ejercer su oficio, ese poder autocensurador tiene un nuevo mecanismo para profundizarlo. El país de Simón Bolívar tiene una nueva ley aprobada por su Asamblea, la de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos, que sacude a la internet, a sus usuarios, tan acostumbrados a la tendencia mundial de las libertades en la red. Es una ley, ya publicada y vigente en la Gaceta Oficial, que aumenta dudas y que se convertirá en una perfecta herramienta para la autocensura.
¿Por qué tendrá (o tiene ya) ese poder autocensurador? Básicamente apela al miedo, al clásico “mejor no me meto en problemas”, que puede ser más duro aún si nace de un “mejor no pienso”. Tal como está confeccionada, hasta los comentarios de los lectores de un medio electrónico están sujetos a sanciones, no al usuario que hace el comentario, sino al medio y al, increíblemente, proveedor de internet, que está obligado a establecer mecanismos que permitan “restringir, sin dilaciones, la difusión de mensajes divulgados” que vulneren la ley.
Generará autocensura porque sus lineamientos son subjetivos. La ley prohíbe difusión de mensajes por medios electrónicos que puedan “fomentar zozobra en la ciudadanía o alterar el orden público”, “desconocer las autoridades”, “irrespetar a los poderes públicos o personas que ejerzan dichos cargos”, o que “induzcan al homicidio”.
¿Cómo se decide, desde la subjetividad, qué fomenta la zozobra, qué altera el orden público o qué significa desconocer las autoridades?
El oficialismo en Venezuela niega que se quiera controlar lo que se dice en internet, pero las voces críticas y el debate en las redes sociales y medios apuntan a que se busca controlar y sancionar no a los pequeños internautas, sino a los medios que tienen mayor capacidad de penetración.
Este ejemplo venezolano, que se acerca tímidamente al modelo chino o cubano en sus controles, es para reflexionar. A las puertas de que este nuevo 2011 la Asamblea ecuatoriana trate la tan dilatada Ley de Comunicación –que no incluye los contenidos en internet en sus previas propuestas– el debate volverá con mucha fuerza.
lunes, noviembre 8
Wikileaks y su alerta al periodismo
Wikileaks. Las imágenes son fuertes y tienen que ver con la muerte de civiles
en territorio iraquí el 12 de julio del 2007. Los que disparan son militares
estadounidenses a bordo de un helicóptero Apache. Ellos creyeron que las
víctimas, entre las que estuvo un fotógrafo de Reuters, eran rebeldes.
El asunto fue ocultado. Este video es editado, el documento oficial de
Wikileaks está acá y requiere ingresar con usuario a YouTube.
Wikileaks es una alerta más para el periodismo tradicional. Otra, agregada a todas aquellas que hoy cercan al oficio periodístico y que tienen que ver con la evolución eficaz de su modelo económico, basado en realidades del siglo XX, hacia uno fundamentado en el predominio de internet en las audiencias de este siglo XXI.
Wikileaks, este sitio web rebelde, con una estructura apoyada en el anonimato y la clandestinidad, ha filtrado miles de documentos secretos de las polémicas guerras modernas de los EE.UU. (Afganistán e Iraq), y otros más sobre negocios turbios de poderosos bancos o de estructuras religiosas con muchísimo poder. El sitio está abierto a entregar al mundo cualquier información que se le haga llegar de forma anónima y que previamente sea filtrada por su equipo de periodistas y expertos que trabajan como voluntarios.
Con sus filtraciones –que han demostrado con documentos oficiales crueldad y negligencia en Afganistán e Iraq de algunos soldados estadounidenses, y el silencio cómplice sobre muertes de civiles de varias de sus autoridades militares– Wikileaks reabre varios debates periodísticos, entre ellos uno sobre el cada vez más difícil periodismo de investigación en medios tradicionales.
Caro, complicado, de largo aliento. Peligroso. No es que no se haga o esté extinto este periodismo de investigación (el real, el de grandes investigaciones metodológicas que terminan con certezas y a veces, si a la justicia le importa, con gente pagando por su corrupción), pero si el mismo Leonard Downie Jr., quien fuera editor ejecutivo del The Washington Post por 17 años, se hace la siguiente pregunta: “¿Podríamos develar hoy un Watergate?”, las dudas aumentan.
¿Hay una deuda en la fiscalización al poder de parte de los grandes medios? Hay algunos que opinan que sí. Julian Assange, el polémico fundador y editor de Wikileaks, obviamente, es uno de ellos. El australiano, con pasado periodístico, considera que hay un “estado de impotencia del periodismo” en este aspecto.
“El mayor abuso es la guerra contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde peloteo a las fuentes gubernamentales”, critica Assange en una entrevista dada a El País de España.
El fallecido Ryszard Kapuscinski, célebre periodista polaco, hablaba también sobre las limitantes de las coberturas periodísticas dependientes del poder: “Cuando me pidieron ir a la guerra de Iraq yo dije que no: no me interesaba este tipo de cobertura que depende solo de los boletines del estado mayor. Así no hay periodismo posible, ya que no hay forma de saber sobre el terreno en qué medida esa información refleja o no la realidad”.
¿Wikileaks marca una nueva forma de hacer periodismo? “Tal vez lo que estamos presenciando no sea el nacimiento de un nuevo tipo de periodismo, sino un mundo donde ahora es muchísimo más arduo para los gobiernos y otros ocultarle información a la opinión pública”, reflexiona Hilary Bishop, de la BBC.
Es tan cierto. La obligación del periodismo –esa de fiscalizar al poder y que este acepte esta fiscalización como parte de una institución necesaria en las sociedades democráticas– está intacta. Y puede tener ligada a un ejército de personas detrás de sus computadores o teléfonos móviles que, de repente, pueden apretar Enter y entregar aquella información que algunos no quieren que se sepa.
lunes, octubre 18
Noboa dormía y en twitter lo accidentaban

Tomado de terra.com
Cristian Noboa, jugador ecuatoriano.
"¿Se accidentó Noboa? Extraoficialmente suenan rumores sin confirmar que el jugador se accidentó en Rusia, todavía no se confirma esta versión". El tweet sobre el exitoso futbolista ecuatoriano Cristian Noboa, que triunfa en el Rubin Kazan ruso, lo disparó al mundo el periodista deportivo Vito Muñoz.
Muñoz, un comunicador con más de tres décadas de trayectoria, soltó la noticia en su cuenta de Twitter y enseguida provocó un hervidero de retweets y citas en los que los aficionados preguntaban desesperados por el destino del jugador de la selección ecuatoriana.
Una hora después, Pedro Mauricio Muñoz, ex futbolista, periodista y ahora coordinador de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, hizo lo que los periodistas debemos hacer desde el inicio: agarrar el teléfono y llamar a la fuente, en este caso los padres de Noboa y el propio jugador, que en realidad descansaba en su hogar. Lo informó así en su cuenta de Twitter.
¿Nos salva el que etiquetemos algo como "rumor", como "extraoficialmente"? Yo creo que no. Creo que hay que respirar hondo, aguantarse las ganas de la primicia, aplacar un poco la vanidad del golpe, y hacer una pausa. La pausa de siempre en este oficio, la de contrastar información, la de meditar a quiénes podemos hacer daño con una información como esta.
¿Es inevitable la falta de rigor en Twitter? Algunos -esos críticos dogmáticos de las nuevas herramientas del oficio-, dirán que sí. Yo creo que los periodistas debemos intentar dar el ejemplo. Y por supuesto que nos equivocaremos en este aprendizaje. Lo que debe estar claro es que Twitter y compañía no son terreno diferente. Son espacios en los que la credibilidad sigue en juego, en los que las esencias y técnicas del oficio periodístico continúan inalterables.
viernes, octubre 1
El periodismo venció a la propaganda
El poder en Ecuador no entiende al periodismo. Pero voy a ser ingenuo y soñar que la tensa jornada que vivió el país el jueves por una inédita sublevación policial, dejará algunas lecciones para intentar comprender qué es este oficio, qué esencias tiene.
Lo que sí entiende el poder es el poder de la propaganda. Lo dejó claro al dejarnos por seis horas claves sin la señal de medios audiovisuales que transmitían los hechos increíbles que sucedieron en el país. Que mostraban, en vivo, imágenes absolutamente kafkianas para el Ecuador entero (y ojo que este es un país devotamente kafkiano).
Seis horas de propaganda. Seis horas de periodismo enmascarado. De un desfile interminable de autoridades por la señal encadenada de EcuadorTV, el canal del estado, en que sobraban adjetivos y faltaban hechos con distancia. En que las loas al poder y el increíble cinismo de presentadores disfrazados de periodistas y de funcionarios nos informaban que todo era normal. Que había una fiesta cívica en esas calles en las que la ciudadanía vio vandalismo, saqueos, disgusto y rebelión a la autoridad.
Por un lado recibimos, una vez más, propaganda camuflada de periodismo. Y por otro, unos periodistas que se juegan por el oficio se daban vueltas en sus redacciones desesperados por no poder salir al aire por una orden gubernamental.
Pero a las 20:00, Ecuavisa rompió la orden. Y casi al mismo tiempo lo hizo Teleamazonas. Y luego Canal Uno. Queda dignidad, muchísima dignidad en este periodismo ecuatoriano, pese a toda la catarata de insultos que nos disparan sábado a sábado. Queda coraje, muchísimo coraje, en este periodismo ecuatoriano en el que muchos ciudadanos dudan como institución debido a la sistemática campaña que lleva tres años al aire.
Eso es periodismo. Esa adrenalina inexplicable que nos acompaña y que se vivió ayer, con certeza absoluta, en todas las redacciones del país. De todas ellas y de cada uno de sus integrantes que adoran este oficio como vehículo de contar, de servir, de fiscalizar, de entenderlo como una vocación. Como una elección maravillosa de vida.
Eso es periodismo. Poder asistir a una balacera impresionante a través del relato de Hernán Higuera, periodista de Ecuavisa, y del camarógrafo Antonio Narváez. Poder ver y escuchar, en vivo, la narración de Hernán, llena de garra y temor a la vez, con una voz temblorosa que sobrecogía, con un aliento que se le entrecortaba en medio del sonido combinado de metralla, fusil y de balas de goma que inundaba la noche quiteña.
Eso es periodismo. Todo ese periodismo que hicieron los múltiples reporteros, fotoperiodistas, que estaban dentro del Hospital de la Policía arriesgando sus vidas por una bala perdida en cualquier ventana. Que sufrieron vejámenes y amagos de órdenes de no disparar sus cámaras, de no documentar más la realidad.
Eso es periodismo. Todo ese que hicieron en todo el país muchísima gente que ama a este oficio. Que se la jugó, una vez más, en medio de pisotones, de insultos, de angustias, de piedras zumbando, de gases lacrimógenos asfixiando.
Ojalá lo entiendan desde el poder. Ojalá entiendan que la generalización es absurda. Que no hay marionetas colectivas. Ojalá entiendan que este oficio es para contar y pensar, duela a quien duela. Y en este momento duele contar y pensar un país que se desangra en sus calles por la delincuencia. Pero que se desangra más, mucho más, en el doloroso vacío de las posibilidades, de los quizás. Esas que siempre nos imaginamos. Aquellas que retratan lo que pudiéramos ser como país.
sábado, septiembre 11
Menos insultos, más argumentos
Pero lo que me intriga es cómo los medios ecuatorianos, y los mundiales en general, pueden canalizar mejor esa capacidad de debate en los comentarios que se dan en las notas o en las cuentas de Facebook o Twitter que manejan. Me pregunto también cómo los ciudadanos podemos aportar para que esos comentarios, tan bienvenidos, no caigan en el insulto fácil, en un regionalismo destructor, en xenofobias, homofobias y en una agresión sin argumentos como lastimosamente ocurre.
La Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) también hace cuestionamientos. En su blog Nodo Digital pregunta cómo los medios pueden aprovechar los comentarios de sus lectores, y apunta a que los periodistas deben entender que hoy una de sus funciones es la de administradores de flujos de conversaciones.
Y es el desafío para esos lectores, totalmente ajenos a la pasividad de antaño. Su reto es el de los argumentos, no de los insultos. Es lo que necesitamos desesperadamente como sociedad cuando debatamos en ese maravilloso mundo online.
domingo, agosto 1
La ética de compartir
Así la teoriza Jay Rosen, prestigioso profesor del área de periodismo de la Universidad de Nueva York y autor del blog PressThink, un espacio que busca profundizar sobre la prensa y entenderla como un “fantasma de la democracia” en la maquinaria mediática. Un fantasma positivo, por supuesto. Necesario como institución sólida e independiente en las sociedades democráticas.
“Cuando conectamos (ponemos links) estamos expresando la ética del internet, que es el conectar a la gente con el conocimiento. Y la razón por la que usamos links no tiene nada que ver con el copyright, tiene que ver en cómo hacemos que la web sea una web de conexiones y así es como conectamos el conocimiento con las personas”, asegura Rosen.
Las reflexiones del académico apuntan a entender todo un proceso del internet, aún en marcha, en el que el compartir, sin egoísmos, es clave. En el que entregar algo en esa virtualidad, cada vez más orientada a una conexión horizontal y en microsociedades debido a las redes sociales, pueda hacer clic en alguna remota parte.
Lo que Rosen afirma nos puede tocar a todos los internautas. Desde el pequeño blogger que cuenta sus historias sentimentales o deportivas en la red, o el usuario de Facebook o Twitter que comparte una lectura enriquecedora con sus amigos a la par que cuenta su día a día, o el gran medio de comunicación que tiene claro que su sitio no puede tener toda la información, sino que debe –como parte de su ética y compromiso con sus usuarios– compartir otras lecturas, de otros sitios, que puedan dar más contextos a su información.
Es entendernos como pequeños engranajes de una cadena gigantesca que en cualquier momento pueden ser útiles para transmitir pequeñas dosis de cambios, positivos ojalá. Para hacer de esa cadena una estructura poderosa, con todos sus eslabones unidos.
Y en esa dosis de cambio y de esa ética del compartir, Guayaquil vivió exitosamente su segundo BarCamp, con una serie de “desconferencias” con mucha informalidad pero con gran intensidad de deseo de difundir conocimientos.
Ojalá muchos de esos miles de eslabones (presenciales y virtuales) que se juntaron allí, en el campus de la Espol y fuera de él, se agrupen y estructuren ideas para la ciudad, el país y el mundo.
jueves, julio 15
En Facebook no dejamos de ser periodistas

El Gran Ayatolá Sayyed Mohammed Hussein Fadlallah, según esta nota de la BBC, el clérigo chiíta más influyente en el Líbano y quien inspiró al grupo militante Hezbolá, falleció a inicios de este mes en Beirut.
Nasr había escrito, apenas enterarse del fallecimiento: "Me entristece oír que murió Sayyed Mohammad Hussein Fadlallah... uno de los grandes de Hezbolá que yo respetaba mucho".
El despido de Nasr (acá su argumento y disculpa por el tweet) que, según la CNN se da porque su comentario comprometía la credibilidad de la corresponsal en el Medio Oriente, no es el único. Es uno de los últimos de una serie de eventos que se han dado en tiempos recientes, en que el uso de las redes sociales está profundizándose cada vez más en las redacciones. Y como todo lo nuevo, aún hay miedos, dudas y líneas muy delgadas sobre si se puede separar lo institucional de lo personal en los comentarios de los periodistas en estos sitios.
¿Son realmente dos voces las que se pueden separar? ¿Podemos hablar de que hay un ser que a veces escribe como periodista y en otras veces lo hace como no periodista? Plantearía estas interrogantes como primer paso para la reflexión. Y la respuesta obvia es que no. El periodista es el ciudadano. El ciudadano es el periodista. Lo que dice en las redes es su única voz y debe entenderse como otra más de sus responsabilidades frente a su público, por pequeño que sea y que, lo querramos o no, interpretará nuestros comentarios como parte de nuestra realidad periodística.
¿Somos entonces esclavos de nuestro oficio? Yo diría que la ética inherente al periodismo es la de la disposición permanente para el oficio. Somos periodistas las 24 horas del día, lo que no significa que no tengamos vida propia ni que podamos usar las redes sociales para comentar sobre trivialidades de nuestras realidades personales, si así lo queremos. Lo que está claro es que las redes, si las usamos como parte de nuestra perspectiva profesional, tienen las mismas reglas que el papel, que la televisión o la radio. Allí están vigentes la ética, el citar la fuente, el argumentar, el aceptar la crítica con altura, el diferenciar la opinión de la información. Está vigente, sobre todo, buscar ese triángulo fundamental del periodismo: la búsqueda de la verdad con responsabilidad e independencia.
Hay un debate intenso en estos momentos en algunos grandes medios sobre qué hacer. Unos han tomado una medida radical: el control de lo que dicen sus periodistas en las redes. Otros piensan que eso es una censura, esa que los medios siempre han criticado de parte del poder.
Estoy convencido en las posibilidades infinitas de la libertad de la red. Suscribo esa libertad. Pero por supuesto que esa posibilidad de ser libre viene aparejada, como siempre lo ha sido en el oficio, con una gran responsabilidad. El debate sigue abierto.
Algunas políticas de medios sobre redes sociales y más:
Las reglas de The Washington Post para sus periodistas.
La política para los periodistas de The New York Times.
Lineamientos de Folha de Sao Paulo.
Las reglas de Reuters.
Las reglas de WSJ "son muy restrictivas". Una visión desde el Nieman Journalism Lab.
Jeff Jarvis, contra los controles en redes sociales.
Participa en foro de la FNPI: ¿Deben los medios controlar lo que sus periodistas hacen en las redes sociales?
Despiden a periodistas por postear videos satíricos en YouTube.
martes, julio 6
Reporteros, ¡aquí hay ayuda!

Hay un mal que a veces se toma las redacciones: las fuentes repetidas. Que si se llama al mismo economista, que el sociólogo tal opina sobre esto y sobre lo otro. Que el analista político vuelve a dar su discurso. El mismo de siempre.
domingo, junio 20
Neda, su voz, su hito
Cuando se escriba la historia sobre las diversas formas de comunicación en internet que se consolidaron en este inicio del siglo XXI, el nombre Neda tendrá un lugar importante.
Treinta, cincuenta años después, los sociólogos, teóricos y estudiosos de la comunicación se detendrán en este nombre de mujer, para recordar un hito fundamental en la historia de las redes sociales y su poder influyente para generar movimientos en las sociedades contemporáneas. La imagen de esa iraní de 27 años, y de su sangre derramada en las calles de Teherán mientras moría con los ojos abiertos, es, y será, una pieza clave para entender una época.
Hoy se cumple un año del asesinato de Neda por una bala anónima de un francotirador en esas calles convulsas de la capital iraní. Hace un año, una parte del pueblo de Irán se rebeló y se lanzó a las calles a protestar contra una reelección –acusada de irregular– de un régimen que no permite libertades individuales básicas en una sociedad democrática.
El tema Neda entra otra vez al ruedo con algunos análisis y documentales sobre todo lo que generó el video de su muerte, que fue colgado horas después en YouTube. Una filmación que para llegar a internet tuvo una cadena de custodia marcada por el temor al poder censurador del régimen de Mahmoud Ahmadineyad. Un celular anónimo, luego un doctor inidentificado enviando un correo a varias cuentas fuera de Irán y por último la puesta en el portal de videos por otro anónimo iraní en Holanda, formaron el triángulo básico que cumplió con la súplica que partió del correo electrónico rebelde: “Por favor, deja que el mundo se entere”.

El propio portal YouTube, en su blog, analiza cómo el video ciudadano es hoy una herramienta para luchar contra la violación de los derechos humanos que se registran en diversas partes del mundo. Estos videos “están haciendo visible lo que antes no era visible (...). En el pasado, esta clase de imágenes las veíamos principalmente en las noticias nocturnas o en documentales, y aun así solo ocasionalmente. Pero ahora que el uso de cámaras y acceso a internet está mucho más extendido (incluyendo a los países en vías de desarrollo), encontramos imágenes sobre derechos humanos mucho más directamente”.
El análisis apunta a que lugares remotos, muchas veces bajo dictaduras, tienen un respiro al poder gritar sus suplicios en la forma de un video. Y las grandes cadenas también difunden ese grito. HBO estrena en EE.UU., y YouTube lo comparte también, el documental Por Neda, un trabajo valiente de un periodista iraní en el extranjero que regresa a su país para, de forma oculta, entrevistar a la familia de la víctima y revelar al mundo quién era esta joven, cómo pensaba, por qué quería rebelarse frente a una visión que pisoteaba sus derechos de mujer, de ciudadana.
Neda, se dice en el documental, es un nombre persa que significa “la voz”. Hace un año la imagen de Neda en el piso fue eso: una voz. Un símbolo que en forma de video que se viraliza por el planeta grita indignado que en una parte del mundo, así como en otras, hay gente que no puede ser libre.
jueves, junio 17
Quieren que rija la época de la tibieza

De repente le dirán que un cabildo o una asamblea popular, manejada por algún dirigente de los "de base" del poder vigente, lo cita para que explique las causas de su reportaje, noticia, o lo que sea que haya producido. Le pedirán cuentas por alguna información que a este grupo comunitario no agradó, consideró inexacta o poco veraz, adjetivo que se maneja repetidamente por los críticos de la prensa que buscan legislarla -no para esa mejora necesarísima por las deficiencias que sí tiene-, sino para acorralarla.
Lo que se pretende con el Consejo de Comunicación es callar a las pocas voces y medios críticos que van quedando. El Consejo, un órgano que será el mandamás de los medios en el país, integrado por dos miembros del Ejecutivo y con cinco más de los que hay derecho a dudar de su independencia, ha sido aprobado en primera instancia, y ahora necesitará solo los votos de la mayoría oficialista en la Asamblea para ser una daga real para la prensa ecuatoriana.
Lo que quiere ese poder es que nos dediquemos a hablar de la farándula. Que insistamos con fiereza en la jerarquización deportiva, en los proyectos televisivos o abundemos en las grandes producciones hollywoodenses. Quisieran que, de repente, nos volcáramos solo a chequear el movimiento de los ciudadanos en los parques, en reconstruir procesos de la sociedad, tan necesarios por supuesto en la prensa. Quieren que nuestros esfuerzos se vean obligados a orientarnos en los extremos banal-enciclopédico, en lo inofensivo, en lo aséptico.
domingo, mayo 16
Murió el maestro, murió Carlos Villar Borda
Carlos Villar Borda, periodista colombiano.
Foto: Diario El Universo
A Carlos Villar Borda lo conocí cuando yo recién empezaba a ejercer el oficio más maravilloso del mundo. Canoso, de paso lento, con sus lentes y barba de abuelo, muy acorde a los inicios de sus setenta. Tenía una voz fuerte para sentenciar algo, para decir que esto era o no era así.
Hablaba con pasión del periodismo, un oficio que para él era como respirar. Hablaba, también, con la entrega de una persona que estaba dedicada en esos momentos a formar periodistas. Tenía una visión clásica del periodismo, esa que te martillaba que los que comienzan en esto deben primero aprender a escribir bien un breve para luego querer hacer una crónica.
Tenía, además, varias manías de periodista, de esos que casi todo lo relacionan con el oficio, con la posibilidad de una noticia, de una foto. Con ese algo que puede terminar impreso en un papel periódico que te manche los dedos. Recuerdo cómo le fascinaba analizar las posibilidades de leads en una información dura. Pensaba que muchas veces podíamos ser audaces en sus encabezados sin perder la compostura, pero sobre todo creía en que había que sudar la palabra.
A Carlos Villar Borda, ese periodista colombiano que acaba de fallecer en Bogotá a los 84 años, le movía una pasión -que a veces parecía la de un niño-, al descubrir que detrás de eso de lo que estabas hablando había una gran historia, una posibilidad maravillosa para hacer una crónica.
Vivió caídas de presidentes, revoluciones, muertes de guerrilleros (informó del asesinato del Che Guevara en una reportería increíble que se reseña en su libro La Pasión del Periodismo). En un solo concepto que marcó al siglo XX: vivió la Guerra Fría. La reportó desde Washington, Nueva York, Bogotá, Caracas, La Paz, o desde donde le tocaba vivirla a través de su trabajo por más de dos décadas en la desaparecida United Press International (UPI), con la que realizó coberturas en más de 30 países. Fue, también, director de Lecturas Dominicales de Diario El Tiempo y recorrió Latinoamérica para dar asesorías.
Entre esas, ya en sus últimas etapas como parte fundamental en los procesos de cambio y modernización de Diario El Universo, en Guayaquil, tuve la suerte de recibir sus consejos. De poder acercármele después de una cobertura y preguntarle, angustiado, si lo había hecho bien.
De escucharlo entrar a la Redacción y alzar la voz para dirigirse a una periodista experimentada a la que él respetaba y solo saludarla con una palabra: ¡Periodista! Para él esa palabra encerraba un estilo de vida, un destino. Era, a la vez, fortaleza, vigor, amor, vocación de por vida.
sábado, mayo 1
La hora del absurdo, de los muertos, de la intransigencia

Tomado de www.medimanagementblog.files.wordpress
martes, abril 13
Se viene el Armagedón periodístico

Tomado de http://www.robertfinkelstein.files.wordpress.com/
El poder oficial es el invitado principal de los medios públicos en Ecuador, que en la cruda realidad no llegan a ser públicos, sino estatales.
sábado, abril 10
Medios para transformar

Ese concepto se profundiza en Guayaquil, uno de los tres lugares escogidos en el mundo como parte de un proyecto piloto mundial de la comunidad Bahá’í.
La fe Bahá’í, una religión nacida en la antigua Persia hace más de 160 años y que propugna como filosofía la tolerancia a las diversas creencias y la unidad espiritual de la humanidad, seleccionó a Guayaquil, además de Canoas, en Brasil, y Toronto, en Canadá, como parte de un concepto: Medios para la transformación.
¿Cómo transformar desde los medios? ¿solo los grandes medios masivos pueden hacerlo? Katty Simisterra (kattyscoggin@gmail.com), periodista guayaquileña que está al frente del proyecto, cree en el potencial positivo de los medios, en su poder para hacer reaccionar. El trabajo, por ahora dedicado a jóvenes de 12 a 14 años en una zona de Chongón y listo para realizarse con otros adolescentes del colegio Steiner, no es en grandes programas de televisión con amplio rating. Tres personas a tiempo completo y cinco voluntarios producen dramatizados televisivos que se comparten con los jóvenes para reflexionar.
Entrar a una comunidad a través de sus jóvenes, orientarlos en temas tan comunes como las presiones sociales por la moda, la ayuda a la familia, la responsabilidad o la honestidad, son parte del contenido.
El tema de este proyecto Bahá’í, impulsado por la Oficina de Desarrollo Socioeconómico de esta religión, con sede en Haifa, Israel, debe hacernos pensar a los periodistas y a todos aquellos que tenemos la maravillosa suerte de poder comunicar en diversas vías. Me saltan preguntas y autocríticas: ¿Qué más podemos dar fuera de los temas que todos los días nos atormentan en las salas de redacciones? ¿Cómo nos exprimimos creativamente para impulsar mucho más esa esencia transformadora que tienen los medios? ¿Cómo nos exigimos aún más para ir más allá de toda la podredumbre que también debemos mostrar? Porque frente a esa teoría de que los periodistas “solo damos noticias malas”, solo puedo contestar que el periodismo aséptico no ayuda a una sociedad que también tiene que ver sus dolores porque no publicándolos no desaparecen.
Ante esas dudas acudo al maestro, al polaco universal Ryszard Kapuscinski , ese periodista que entendió y dejó toda una escuela que enseña a vivir el periodismo como un oficio con demasiadas responsabilidades que siempre debe vestirse de la piel del otro. Que se debe intentar vivirlo con una extremada sensibilidad por ese otro.
Dos frases de él para martillar: “Cuando uno opta por describir la realidad, su escritura influye sobre esa realidad”. “El verdadero periodismo es intencional, a saber: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio. No hay otro periodismo posible”.
domingo, marzo 14
Jorge Ortiz y el error de la generalización

martes, febrero 2
"Las redes sociales han cambiado la forma de hacer periodismo"

Para los medios y periodistas que ya están en redes sociales, ¿cómo crees que debe manejarse la crítica? Sobre todo en momentos en que en la región cada vez hay una polarización más marcada de "medios opositores" contra "medios gobiernistas".
Los que no ingresen a internet en general -no solo a las redes- acabarán siendo desplazados por periodistas más jóvenes o por periodistas experimentados que no dieron el salto. Es lamentable mirar a tu Redacción y encontrar colegas que siguen en la era del MSN y que no conocen lo que es Google Docs, entre otras herramientas. Y a la vez es gratificante ver que cada día se suman más periodistas. Una redacción se renueva y se llena de vigor, pero hay que vivirlo para contarlo.
domingo, enero 31
El silencio y Tomás Eloy

"Es verdad que, en algunos casos, la brutalidad o la tontería del Poder imponen la retórica excluyente del silencio. Para poder hablar después hay que sobrevivir ahora. Esa fue la desgarradora alternativa que afrontaron los internados de los campos de concentración, donde quiera existieron esos campos: en Auschwitz, en la isla Dawson, en los chupaderos de Buenos Aires. ¿Enfrentarse al Poder con la certeza de la derrota o fingir resignación ante el Poder para dar luego testimonio de la ignominia? Pero cuando el silencio dura demasiado tiempo, la palabra corre el riesgo de contaminarse, de volverse cómplice. Para hablar hace falta valor, y para tener valor hace falta tener valores. Sin valores, más vale callar".
"Hace casi dos décadas, a medida que se iba reconquistando la democracia en Brasil, Uruguay, Argentina, Chile y Bolivia, algunos periodistas pensaron que debían callar los errores de los gobiernos recién elegidos porque la sombra de las dictaduras militares todavía se alzaba en el horizonte y señalar los tropiezos de algo por lo que tanto se había luchado y que era tan fresco aún, tan inmaduro, equivalía a una traición. Para cuidar la democracia, se pensaba, era preciso disimular sus pasos en falso. Y sin embargo, nada es menos democrático que callar. ¿Qué sentido tendría proteger la democracia privándola de su razón de ser: la libertad de pensar, de expresar, de saber? ¿Para qué querer algo que no nos atrevemos a vivir?"
"Una de las peores afrentas a la inteligencia humana es que sigamos siendo incapaces de construir una sociedad fundada por igual en la libertad y en la justicia. No me resigno a que se hable de libertad afirmando que para tenerla debemos sacrificar la justicia, ni que se prometa justicia admitiendo que para alcanzarla hay que amordazar la libertad. El hombre, que ha encontrado respuesta para los más complejos enigmas de la naturaleza, no puede fracasar ante ese problema de sentido común".
Consulta acá un muy buen resumen de la obra literaria de Tomás Eloy Martínez, sus artículos periodísticos y críticas.
