El periodismo está en cambio permanente, en constante construcción. Los que vibramos con el oficio necesitamos, ahora más que nunca, añadir a sus esencias inalterables nuevas herramientas para competir. Busco compartir recursos, información, reflexiones que nos ayuden a integrarnos más en el periodismo del siglo XXI.
Haga click en la parte inferior derecha para ampliar y ver, luego de darle Play, algunos ejemplos de comentarios en medios ecuatorianos.
Vivimos la época del intercambio en tiempo real en su máxima expresión. Escribes y te contestan al segundo. Comentas lo que otro ha comentado y una ráfaga de respuestas puede llegarte. Vienen, raudas, desde un celular, desde la computadora.
Los portales de los medios de comunicación, los tradicionales o aquellos nuevos medios exclusivamente on-line, son parte natural de esta corriente. Los comentarios son vitales. Las audiencias necesitan –siempre lo han necesitado– comentar su mundo, criticar, argumentar, debatir; y la explosión que se vive con las redes sociales combinada con el periodismo en la era digital ha generado apertura para que ese aporte sea mayor. Pero lo que me intriga es cómo los medios ecuatorianos, y los mundiales en general, pueden canalizar mejor esa capacidad de debate en los comentarios que se dan en las notas o en las cuentas de Facebook o Twitter que manejan. Me pregunto también cómo los ciudadanos podemos aportar para que esos comentarios, tan bienvenidos, no caigan en el insulto fácil, en un regionalismo destructor, en xenofobias, homofobias y en una agresión sin argumentos como lastimosamente ocurre.
Realmente es la época del comentario, pero también la época del ataque sin piedad. Todos los días somos testigos, en diversos portales, blogs y cuentas de redes sociales, que los comentarios a los enlaces de información noticiosa –algunos de ellos escondidos en el anonimato o los seudónimos– son rebatidos entre algunos lectores con el simplón recurso del adjetivo hiriente, y que las palabras llegan a niveles de agresión al otro, no a rebatir una idea.
La preocupación es global. Miguel Ángel Jimeno, profesor de periodismo de la Universidad de Navarra, en España, ha creado un grupo en Facebook, denominado Por el control de la barra libre en los comentarios de publicaciones online. “Hay que dar un paso más en el periodismo digital para que la libertad de expresión no esté por encima del respeto, la responsabilidad y la ética profesional”, asegura en el sitio.
Esta postura de Jimeno es clara. Apunta a una responsabilidad de los medios en lo que publican en sus espacios, en este caso con material de sus lectores. Hay otros que opinan que la red debe ser un espacio de total libertad y que ese debe ser el precio de las nuevas tendencias.
También hay una postura adicional, que tienen algunos portales noticiosos, de que los propios lectores moderen los comentarios, al otorgar votos positivos o negativos o denunciar si consideran que algún comentario está fuera de tono. La Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) también hace cuestionamientos. En su blog Nodo Digital pregunta cómo los medios pueden aprovechar los comentarios de sus lectores, y apunta a que los periodistas deben entender que hoy una de sus funciones es la de administradores de flujos de conversaciones.
Hay un reto para los medios. Y un reto para los ciudadanos lectores de esos medios digitales. Es el desafío para ese personal que trabaja en los portales noticiosos de lograr mediar con sus comunidades para construir juntos una mejor ciudadanía crítica. Y es el desafío para esos lectores, totalmente ajenos a la pasividad de antaño. Su reto es el de los argumentos, no de los insultos. Es lo que necesitamos desesperadamente como sociedad cuando debatamos en ese maravilloso mundo online.
Definitivamente no me gusta el estilo de Jorge Ortiz para hacer periodismo. No veo como un referente para el oficio un estilo que destila bastante hígado. Lo escribí hace algunos meses en este mismo blog y hoy el tema vuelve a ser de debate cuando el presentador de Teleamazonas, duro crítico del gobierno ecuatoriano de Rafael Correa, anunció su salida del canal. Realmente anunció lo que ya muchos sabíamos: que ya estaba fuera. Que lo que tenía que hacerse era el anuncio oficial, en vivo, de su renuncia. Que sus largas vacaciones eran tiempo que le ganaba al tiempo. Que la tensión que generó la batalla entre su postura crítica contra Correa y la contrarréplica del Presidente de Ecuador con duros insultos sabatinos y cadenas nacionales recurrentes, no se podía estirar más. Que la cuerda se iba a romper por el lado más fino. Y lo que queda para el análisis es que, pese a que nos guste o disguste Ortiz, pese a que su estilo haya tenido tanto fastidio por parte de un sector; una voz crítica, una más, desaparece del periodismo ecuatoriano. Otra voz de contrapoder, esa función que es inherente a la prensa en las sociedades democráticas, se apaga. Antes fue Carlos Vera, hoy convertido en activista político. Ahora es Jorge Ortiz. Menos voces críticas. Menos disenso. Más miedo. Más cabezas agachadas. Es el signo de los tiempos en Ecuador. De este Ecuador revolucionario y socialista del siglo XXI.
Somos responsables de conectar gente. Hablo de la conexión en internet. En cualquier lugar del mundo, en este momento, hay alguien que ha leído algo que otro le ha pasado y que a su vez ese otro puede haberlo conocido en un espacio pequeño de algún website. Lo hizo porque halló un link, ese vínculo que encontramos en internet, generalmente en la forma de una manito sobre la que nos posamos y le damos clic.
Esa capacidad de regar información que luego puede ser conocimiento tras un proceso de múltiples cerebros involucrados en ello, la podemos tener cada uno de nosotros en internet. Es lo que se ha denominado la ética del link. Así la teoriza Jay Rosen, prestigioso profesor del área de periodismo de la Universidad de Nueva York y autor del blog PressThink, un espacio que busca profundizar sobre la prensa y entenderla como un “fantasma de la democracia” en la maquinaria mediática. Un fantasma positivo, por supuesto. Necesario como institución sólida e independiente en las sociedades democráticas. “Cuando conectamos (ponemos links) estamos expresando la ética del internet, que es el conectar a la gente con el conocimiento. Y la razón por la que usamos links no tiene nada que ver con el copyright, tiene que ver en cómo hacemos que la web sea una web de conexiones y así es como conectamos el conocimiento con las personas”, asegura Rosen. Las reflexiones del académico apuntan a entender todo un proceso del internet, aún en marcha, en el que el compartir, sin egoísmos, es clave. En el que entregar algo en esa virtualidad, cada vez más orientada a una conexión horizontal y en microsociedades debido a las redes sociales, pueda hacer clic en alguna remota parte. Lo que Rosen afirma nos puede tocar a todos los internautas. Desde el pequeño blogger que cuenta sus historias sentimentales o deportivas en la red, o el usuario de Facebook o Twitter que comparte una lectura enriquecedora con sus amigos a la par que cuenta su día a día, o el gran medio de comunicación que tiene claro que su sitio no puede tener toda la información, sino que debe –como parte de su ética y compromiso con sus usuarios– compartir otras lecturas, de otros sitios, que puedan dar más contextos a su información. Es entendernos como pequeños engranajes de una cadena gigantesca que en cualquier momento pueden ser útiles para transmitir pequeñas dosis de cambios, positivos ojalá. Para hacer de esa cadena una estructura poderosa, con todos sus eslabones unidos. Y en esa dosis de cambio y de esa ética del compartir, Guayaquil vivió exitosamente su segundo BarCamp, con una serie de “desconferencias” con mucha informalidad pero con gran intensidad de deseo de difundir conocimientos. Ojalá muchos de esos miles de eslabones (presenciales y virtuales) que se juntaron allí, en el campus de la Espol y fuera de él, se agrupen y estructuren ideas para la ciudad, el país y el mundo.
En Finlandia, desde este mes de julio, es un derecho ciudadano acceder a una conexión de internet de un mínimo de 1 megabyte por segundo. Es el primer mundo que está pendiente de orientar sus leyes para que sus ciudadanos tengan acceso al conocimiento que hoy circula velozmente y cada vez en mayor medida por la web.
El objetivo finlandés es que en cinco años el acceso mínimo sea de 100 megabytes por segundo. Increíble y envidiable cifra, cuando comenzamos a comparar nuestras distancias (recuerde bien su modesta conexión de 256 kbps que le hace dar más de un coraje). Ecuador, en el afán de disminuir la brecha digital, ha tomado algunas medidas últimamenteque, de a poco, han conseguido abaratar los costos del servicio de internet de banda ancha. Es obvio que, pese a los esfuerzos, falta mucho por hacer. Sobre todo en lograr que el acceso sea masivo, un objetivo que en el siglo XXI es vital para la competitividad de cualquier país. Si bien los teléfonos celulares juegan cada vez más un papel preponderante para el acceso al internet (en el futuro mediato será casi regla común que estos aparatos brinden este servicio a precios que irán mejorando), lo ideal es una masificación en los hogares, centros educativos, instituciones en general. El tema del acceso ciudadano al internet lo ha topado el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, a propósito de las fiestas julianas. Él ofrece hacer de esta una “ciudad digital”, dotando de puntos de acceso gratuito a internet en diversas zonas turísticas. Suena positiva su promesa. Ojalá se concrete y que otras ciudades del Ecuador piensen lo mismo y mejor. El acceso a internet es acceso al conocimiento. Seguir en un mundo deficitario en conexiones es como tener una sociedad que deambula con un solo ojo por las calles de sus ciudades. Van, parchados, viendo el mundo con una sola mirada, imposibilitados de entender esa otra realidad que se va forjando en el mundo on-line y que, lo acepten o no, los involucra, los influye ahora o los involucrará o los influirá mañana. Y así como Finlandia, en Europa, ofrece garantías para sus ciudadanos, el mundo entero reclama el acceso a internet como algo ya básico. La BBC hizo una encuesta global en 26 países a más de 27.000 adultos. El 79% respondió que el acceso a la red debe ser “un derecho fundamental de todas las personas”. Además, la mayoría mira a la red como un espacio positivo, un excelente lugar para aprender y que genera mayor libertad a sus vidas. ¿Ciudades digitales en el Ecuador? ¿Más y mejor acceso a internet? ¿Un servicio cada vez más barato? Son varios retos adicionales para los alcaldes ecuatorianos. Para las autoridades ecuatorianas en general. Para los posibles emprendedores que inundan la red con ideas en sus excelentes blogs y portales. Para todos aquellos que no quieran que sus ciudadanos y contemporáneos vayan por sus calles viendo el mundo con un solo ojo.
A Octavia Nasr no le sirvieron de escudos sus 20 años como corresponsal de CNN. La cadena de noticias la despidió porque usó su cuenta de Twitter para expresar su pesar por la muerte de un clérigo libanés considerado "terrorista" por los Estados Unidos. El Gran Ayatolá Sayyed Mohammed Hussein Fadlallah, según esta nota de la BBC, el clérigo chiíta más influyente en el Líbano y quien inspiró al grupo militante Hezbolá, falleció a inicios de este mes en Beirut. Nasr había escrito, apenas enterarse del fallecimiento: "Me entristece oír que murió Sayyed Mohammad Hussein Fadlallah... uno de los grandes de Hezbolá que yo respetaba mucho". El despido de Nasr (acá su argumento y disculpa por el tweet) que, según la CNN se da porque su comentario comprometía la credibilidad de la corresponsal en el Medio Oriente, no es el único. Es uno de los últimos de una serie de eventos que se han dado en tiempos recientes, en que el uso de las redes sociales está profundizándose cada vez más en las redacciones. Y como todo lo nuevo, aún hay miedos, dudas y líneas muy delgadas sobre si se puede separar lo institucional de lo personal en los comentarios de los periodistas en estos sitios. ¿Son realmente dos voces las que se pueden separar? ¿Podemos hablar de que hay un ser que a veces escribe como periodista y en otras veces lo hace como no periodista? Plantearía estas interrogantes como primer paso para la reflexión. Y la respuesta obvia es que no. El periodista es el ciudadano. El ciudadano es el periodista. Lo que dice en las redes es su única voz y debe entenderse como otra más de sus responsabilidades frente a su público, por pequeño que sea y que, lo querramos o no, interpretará nuestros comentarios como parte de nuestra realidad periodística. ¿Somos entonces esclavos de nuestro oficio? Yo diría que la ética inherente al periodismo es la de la disposición permanente para el oficio. Somos periodistas las 24 horas del día, lo que no significa que no tengamos vida propia ni que podamos usar las redes sociales para comentar sobre trivialidades de nuestras realidades personales, si así lo queremos. Lo que está claro es que las redes, si las usamos como parte de nuestra perspectiva profesional, tienen las mismas reglas que el papel, que la televisión o la radio. Allí están vigentes la ética, el citar la fuente, el argumentar, el aceptar la crítica con altura, el diferenciar la opinión de la información. Está vigente, sobre todo, buscar ese triángulo fundamental del periodismo: la búsqueda de la verdad con responsabilidad e independencia. Hay un debate intenso en estos momentos en algunos grandes medios sobre qué hacer. Unos han tomado una medida radical: el control de lo que dicen sus periodistas en las redes. Otros piensan que eso es una censura, esa que los medios siempre han criticado de parte del poder. Estoy convencido en las posibilidades infinitas de la libertad de la red. Suscribo esa libertad. Pero por supuesto que esa posibilidad de ser libre viene aparejada, como siempre lo ha sido en el oficio, con una gran responsabilidad. El debate sigue abierto.
Algunas políticas de medios sobre redes sociales y más:
Hay un mal que a veces se toma las redacciones: las fuentes repetidas. Que si se llama al mismo economista, que el sociólogo tal opina sobre esto y sobre lo otro. Que el analista político vuelve a dar su discurso. El mismo de siempre.
Hay desidia a veces, desinterés en ir más allá de la agenda gastada de contactos. Por eso me ha llamado tanto la atención el sitio Helpareporter. Fundado hace dos años por el emprendedor estadounidense Peter Shankman, este sitio es una red social dedicada a encontrar expertos que contesten las inquietudes de periodistas y bloggers en todo el mundo.
Su base de dactos actual habla de más de 100.000 fuentes activas y más de 30.000 periodistas inscritos. El proceso es sencillo y gratuito. Un periodista o blogger ingresa al sitio, se suscribe dando su correo electrónico y pasa a formar parte de la base de datos. Si alguna vez tiene una inquietud pues la hace y su pregunta le llega a los miles de expertos diseminados en el mundo.
ABC, CBS, Reuters, CNN, Gannett, algunas de las agencias más importantes del mundo hacen consultas a través de sus periodistas.
Al suscribirse se reciben tres mails diarios (el primero antes de que salga el sol), cada uno con una treintena de inquietudes de diversos comunicadores del mundo. Desde aquellos que buscan historias de aficionados a los videojuegos, del que quiere saber cuál es la mejor forma de hacerle seguimiento a un plan estratégico de negocios, de la autora que rastrea historias de fantasmas en las carreteras hasta la ansiedad de una investigadora que quiere saber la opinión de las mujeres sobre qué piensan de los hombres que visten camisas rojas.
Helpareporter (que se financia con marketing directo y viral) es una oportunidad interesante para explorar otras formar de comunicarnos, de obtener informaciones. El sitio, que inicialmente fue un grupo en Facebook, está en inglés, esperando el emprendimiento iberoamericano para que haya una iniciativa similar en español.
Cuando se escriba la historia sobre las diversas formas de comunicación en internet que se consolidaron en este inicio del siglo XXI, el nombre Neda tendrá un lugar importante. Treinta, cincuenta años después, los sociólogos, teóricos y estudiosos de la comunicación se detendrán en este nombre de mujer, para recordar un hito fundamental en la historia de las redes sociales y su poder influyente para generar movimientos en las sociedades contemporáneas. La imagen de esa iraní de 27 años, y de su sangre derramada en las calles de Teherán mientras moría con los ojos abiertos, es, y será, una pieza clave para entender una época. Hoy se cumple un año del asesinato de Neda por una bala anónima de un francotirador en esas calles convulsas de la capital iraní. Hace un año, una parte del pueblo de Irán se rebeló y se lanzó a las calles a protestar contra una reelección –acusada de irregular– de un régimen que no permite libertades individuales básicas en una sociedad democrática. El tema Neda entra otra vez al ruedo con algunos análisis y documentales sobre todo lo que generó el video de su muerte, que fue colgado horas después en YouTube. Una filmación que para llegar a internet tuvo una cadena de custodia marcada por el temor al poder censurador del régimen de Mahmoud Ahmadineyad. Un celular anónimo, luego un doctor inidentificado enviando un correo a varias cuentas fuera de Irán y por último la puesta en el portal de videos por otro anónimo iraní en Holanda, formaron el triángulo básico que cumplió con la súplica que partió del correo electrónico rebelde: “Por favor, deja que el mundo se entere”.
Neda Agha Soltan.
Tomada de blogswork.files.wordpress.com
El mundo se enteró. Y se conmovió. El video de la muerte de Neda Agha Soltan, que hace poco recibió el prestigioso premio de periodismo George Polk y que el Poynter Institute incluyó entre los 200 momentos que transformaron el periodismo en la década 2000-2009, fue el canal para crear un símbolo y una inspiración para la resistencia a un poder polémico. El propio portal YouTube, en su blog, analiza cómo el video ciudadano es hoy una herramienta para luchar contra la violación de los derechos humanos que se registran en diversas partes del mundo. Estos videos “están haciendo visible lo que antes no era visible (...). En el pasado, esta clase de imágenes las veíamos principalmente en las noticias nocturnas o en documentales, y aun así solo ocasionalmente. Pero ahora que el uso de cámaras y acceso a internet está mucho más extendido (incluyendo a los países en vías de desarrollo), encontramos imágenes sobre derechos humanos mucho más directamente”. El análisis apunta a que lugares remotos, muchas veces bajo dictaduras, tienen un respiro al poder gritar sus suplicios en la forma de un video. Y las grandes cadenas también difunden ese grito. HBO estrena en EE.UU., y YouTube lo comparte también, el documental Por Neda, un trabajo valiente de un periodista iraní en el extranjero que regresa a su país para, de forma oculta, entrevistar a la familia de la víctima y revelar al mundo quién era esta joven, cómo pensaba, por qué quería rebelarse frente a una visión que pisoteaba sus derechos de mujer, de ciudadana.
Neda, se dice en el documental, es un nombre persa que significa “la voz”. Hace un año la imagen de Neda en el piso fue eso: una voz. Un símbolo que en forma de video que se viraliza por el planeta grita indignado que en una parte del mundo, así como en otras, hay gente que no puede ser libre.
Soy periodista. Nací en Guayaquil, Ecuador, el 22 de octubre de 1974. Me interesa compartir, mediar (que para eso estamos los periodistas), reflexionar en conjunto, conocer nuevas cosas, aprender...